Nº 27 - año 2010 - 13 de agosto de 2010
   
 
 

 

 

 
   

Son muchos los expedientes judiciales que se ventilan tanto en la correspondiente sede como en la prensa. Son los que vinculan o involucran a figuras políticas o de gobierno, a quienes tienen notoriedad por su actuación o por alguna circunstancia que los haya puesto en el centro de la opinión. La prensa escrita y luego, como su eco la de la TV y de las radios anuncian comparecencias, relatan al detalle lo que se dice en las audiencias sin que se sepa como lo saben, y esperan las decisiones de los magistrados como quien aguarda un resultado deportivo. No pocas veces la notoriedad dada a los indagados o imputados vale como una condena de deshonor ante la opinión publica.

Lo que esta se pregunta muchas veces es porque los procedimientos tienen distintas velocidades, porque en algunos juzgados se lleva un ritmo mas ágil que en otros, porque se aproximan mas rápidamente las decisiones finales en algunos casos y en otros las demoras se pueden medir por años.

En el ya demasiado largo proceso al Sr. Bengoa por los eventuales delitos cometidos en el ámbito de los casinos municipales, el ritmo ha sido lento. En los casos de la Armada muy rápido, en el de Feldman lento y cuasi oculto. No hay duda de que estas diferencias son reales, palpables por cualquier lector atento de los diarios.

En la investigación de la Intendencia de Montevideo, en la que debían comparecer miembros destacados del gobierno anterior se noto además que los testigos tuvieron una tremenda latitud para elegir los momentos en los que debían declarar. Por excusas, tan poco válidas como viajes, pudieron eludir la comparecencia antes de las elecciones de octubre y repitieron la performance en ocasión de las municipales. No solo hay distintas velocidades sino que parece ser que una adecuación de los tiempos que llama la atención..