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La Maldición de Malinche

11/12/2015 Sin Comentarios

Ricardo Puglia

En reciente informe sobre Uruguay, los gurús del Banco Mundial, señalaron cinco retos para la Administración Vázquez: “condiciones externas menos favorables”; “sostenibilidad financiera del modelo social al tener un crecimiento económico en declive” con una “sociedad que envejece”; “déficit en la educación y las competencias”; “calidad inadecuada de la infraestructura para el modelo de crecimiento” e “importante brecha de productividad”.

No era necesario el informe de los burócratas del BM que nos vienen a decir lo que ya muchos analistas políticos y económicos conocemos del modelo frenteamplista desde su comienzo, aun así, confirma parcialmente nuestra posición.

Esto me recuerda la canción de Gabino Palomares, “La Maldición de Malinche”, “Porque los dioses ni comen, ni gozan con lo robado y cuando nos dimos cuenta ya todo estaba acabado.
En ese error entregamos la grandeza del pasado y en ese error nos quedamos quinientos años esclavos. Se nos quedó el maleficio de brindar al extranjero nuestra fe, nuestra cultura nuestro pan, nuestro dinero. Y les seguimos cambiando oro por cuentas de vidrio y damos nuestra riqueza 
por sus espejos con brillo.”

Dice el BM: “la política fiscal debe encontrar un delicado equilibrio entre el objetivo de promover el crecimiento y el de consolidar la estabilidad macroeconómica”. Además, “la persistencia de una tasa de inflación relativamente alta, aunque estable” es “otro aspecto importante para la estabilidad macroeconómica”, y que esté “por encima de la meta crea incertidumbre económica”.

“En 1950, las personas mayores de 65 años eran el 8% del total, aumentaron a 14% en 2010 y seguirán creciendo hasta “casi 30% en 2100″. Lo contrario ocurre con la población en edad de trabajar que cae.” “Tendrá un impacto considerable sobre la seguridad social y el sistema de la salud, es probable que el envejecimiento conduzca a la disminución del crecimiento económico”

“El rendimiento del sistema educativo no condice” con la “estrategia de crecimiento basada en altas competencias, innovación y productividad, las tasas de repetición y deserción altas, la calidad educativa “en proceso de deterioro” y el “17,9% del grupo en edad de asistir a Secundaria no trabaja ni estudia”.

“Si bien la red de carreteras es densa, la irregularidad de su calidad resulta particularmente problemática para la competitividad”, el transporte ferroviario no representa una alternativa (…) ya que es muy poco competitivo dado el alto grado de deterioro de su infraestructura, producto de años de falta de inversión y mantenimiento”.

Sostiene el BM que “mantener un alto crecimiento de la productividad es fundamental para sostener el crecimiento económico”.

Como todos los informes de los organismos internacionales, este también, desde las alturas nos muestran nuestras dificultades conocidas por los nativos que vivimos y padecemos el gobierno de los laureles.

Obviamente, dicho informe nada dijo sobre la “inseguridad” que soportamos día a día, sobre el pésimo manejo de la política monetaria, del enorme aparato estatal más las subdiarias de las empresas públicas, de los monopolios perdiciosos, de la falta de confianza de los empresarios, de la alta tasa de desocupación, de la falta de políticas públicas de desarrollo económico, de la pobre inserción internacional de nuestras empresas, de acuerdos de comercio exterior con los principales bloques del mundo, de la falta de esperanza de los habitantes, de las reiteradas huelgas, paros y ocupaciones, del gran poder sindical, de los altos costos país y precios caros, de la falta de apuestas a la competencia para el desarrollo de mercados –internos y externos-, de la falta de confianza en la población para crecer, de terminar de una vez por todas con desarrollos estatales improductivos.

Me queda una pequeña esperanza que el diagnóstico del Banco Mundial, más los problemas señalados entre muchos otros, no permanezcan en los anales de nuestros gobernantes como muchos tantos e implementen rápidamente las políticas y proyectos que intenten ir disminuyendo nuestras carencias y se deje de lado el pensamiento populista del síndrome del “chiquitismo” señalado por Gustavo Grobocopatel, “el rey de la soja.”

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