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La ciénaga Venezolana

13/11/2015 Sin Comentarios

Jaime Mario Trobo

La invariable adhesión a la Revolución Cubana, que no es otra cosa que la militancia a favor de una dictadura-dinastía calafateada con románticas visiones de la izquierda sobre la prosperidad sin libertades, los llevó de la mano a fomar parte del coro de adoradores del chavismo, un populismo autoritario con perfiles de fascismo vernáculo y desproporcionados niveles de corrupción cuyo conocimiento público se está despertando.

Alienados con los cantos de sirena que señalaban un futuro interminable para el Socialismo del SXXI, que los iba a constituir en los únicos, e inapelables representantes del pueblo y de su voluntad, la dirigencia del Frente Amplio, conducida por unas ansias de poder insaciable y una vocación para determinar todo sobre vidas y haciendas de los ciudadanos, se ha ido empantanando en la ciénaga del populismo que los atrapa.

Es esto lo que demuestra en estas horas la actitud del partido del gobierno, respecto de las constataciones cada día más inapelables del camino autoritario que los gobiernos de la izquierda latinoamericana. Un ejemplo de ello es la actitud negacionista de la mayoría de ellos en nuestro País, frente a flagrantes hechos de corrupción, violación de DDHH y Libertades, persecución política y nepotismo que ocurren a diestra y siniestra en los “amigos” en cuya lista se incluyen los gobiernos de Venezuela, Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y algún otro.

La carta de Almagro, que en calidad de Secretario General de la OEA envía a la Presidenta del Tribunal Electoral de Venezuela, dispara demonios indominables detrás de los cuales se puede ver patente el nivel de compromisos, vaya a saber con qué motivaciones, para justificar cualquier cosa. La cualidad moral que la izquierda siempre ha calificado como de su propiedad exclusiva, se desintegra de la mano de sus propios actos y dichos. No me interesa descifrar el origen o la razón del cambio copernicano que se produjo en un Almagro que milito al servicio del desprecio por las libertades los derechos humanos y la soberanía de los pueblos en la región, sirviendo mandados a la soberbia Argentina, los designios de Brasil o las papelonescas puestas en escena del chavismo. Sólo utilizo su carta como punto de referencia desde la cual se pueden analizar e interpretar muchas cosas.

Hemos insistido por todas las vías posibles, y en cada ocasión que se discutía en el Parlamento o en la opinión pública algo relativo a Venezuela, que estábamos ante un proceso autoritario que extraía de la legitimidad de origen en el voto toda la potencia para practicar la ilegitimidad en el ejercicio del gobierno. Y la respuesta era que nos libretaban los gringos, que no entendíamos que se iniciaba el proceso definitivo de la liberación, del hombre nuevo, y otra serie de ilusiones. Lo dijimos enfáticamente, los recortes a las garantías, a las libertades, a los derechos, a las capacidades para el desarrollo de una sociedad plural estaban a la vista, creciendo sistemáticamente, y nos decían que había que tener en cuenta las particularidades “caribeñas” y otras tantas sandeces que pretendían justificarlas. Lo cierto es que toda la dirigencia de la izquierda, por cefas o por nefas ha legitimado por décadas estos fracasados procesos que acumularon cuotas de poder inéditas en nuestro continente.

La carta de Almagro que convencido o no de lo que firma, reconoce desde la información objetiva e independiente las tropelías del chavismo para ganar una elección determinante en su futuro, es un documento inigualable que desnuda la farsa y que deja en offside a todo el Frente Amplio y a otro grupos de izquierda testimoniales, en los dos casos cuyo financiamiento ha tenido origen en las cajas negras del chavismo. Y los deja fuera de escuadra, porque todos, absolutamente todos hasta hace pocas horas votaron a pie juntillas cuanto servicio se les pedía desde la Revolución Bolivariana, sea acuerdo, resolución, manifiesto de apoyo o cualquier otra cosa. Desde Astori hasta Mujica, pasando por Vázquez y toda la claque. Hace una semana apenas, todos ellos se escudaban en las formas para evitar que el parlamento tuviera una presencia en el proceso electoral venezolano para ver que pasa allí al menos. Todos ellos participaron el papelón de reunir al Parlamento a las 02:00 de la mañana para aprobar el ingreso de Venezuela a Mercosur para ofrecer a Chávez a la escalera del avión cuando llegara al otro día el tributo de su adhesión, y este los dejó afeitados y sin visita, no vino. Todos ellos justificaron y aplaudieron la infamia contra Paraguay justificándose en que lo político está por encima de lo jurídico. Todos ellos sin excepción formaron mayorías, ajustando tuercas y votos para servir al interés de las líneas de acción del Foro de San Pablo.

Así que hoy, y mañana, porque están a la vuelta de la esquina las derrotas de los populismos y la caídas de las caretas de los falsos profetas, debe quedar claro, a pesar que empiezan a desmarcarse, que han sido compañeros de ruta del chavismo y su programa, sometiendo al Uruguay a ser vergonzosamente considerado como parte del eje del socialismo del SXXI.

La carta de Almagro, que indigna a algunos y los muestra descarados a favor del populismo autoritario como comunistas, socialistas emepepistas y otros, o que recibe elogios de otros como astoristas y compañía, muestra que todos, absolutamente todos, contentos e indignados con ella a la hora del aplauso lo ofrecieron juntos al chavismo que preparaba en sus entrañas el escenario de miserias que hoy ofrece.

Están empantanados en la ciénaga chavista, no hay duda.

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