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A donde nos condujo un anarquista

02/10/2015 Sin Comentarios

Enrique Mangini Usera

José Mujica Cordano es un personaje que seguramente la historia no olvidará.

Desde sus orígenes humildes de repartidor de flores en los aledaños de Montevideo, su acercamiento al poder político como Secretario de Enrique Erro en su etapa nacionalista, su pretensión de guerrillero, finalizando nada menos que de presidente de los uruguayos.

Hemos asistido con perplejidad al resultado de sus acciones, tanto en lo nacional como en lo Internacional y tal como presumíamos muchos, no por su apariencia, sin por su concepto institucional, su gestión presidencial ha sido un estrepitoso fracaso.

Este fin de semana lo hemos visto produciendo un spot publicitario internacional en contra del consumismo y nos preguntamos: ¿tenemos que tolerar semejante admonición de quien nos ha venido tomando el pelo los últimos cincuenta años?

Alguien que poco conoce de esfuerzo propio, que llegó a poseer una chacrfa sin contar con dinero para adquirirla, hacerla producir y tener una calidad de vida a la que los uruguayos de a pie no pueden aspirar, nos viene a catequizar sobre los nefastos efectos de consumir, mientras disfruta del sueldo de senador y viaja por Europa. Justo cuando la inflación aumenta y tantos sufren el efecto de no poder consumir siquiera lo elemental, mientras otros recibimos los efectos de la situación económica que dejó Mujica hace apenas seis meses.

Pero hagamos memoria, quién es este filósofo de boliche, devenido en paradigma mundial del anti-consumismo:

Se inició a la vida de trabajo como mero repartidor de flores en las chacras de la zona donde residía su familia; emigrantes españoles e italianos que recalaron a producir con esfuerzo trabajando la tierra. Prontamente se acercó al poder político al influjo ideológico de los sectores nacionalistas, para alejarse de esa tarea de esfuerzo que lo hubiera hecho producir y mejorar socialmente como tantos hijos de emigrantes. Influyó en él el mensaje revolucionario de la década del 60, que básicamente consistía en promover la distribución de la riqueza (que otros produjeron) entre aquéllos que como él que nada había aportado a producir el crecimiento de la economía, salvo calentar una silla al lado de un político.

En ese contexto revolucionario, se acercó desde la segunda línea a los que promovían la violencia revolucionaria y el terrorismo como método para alcanzar la justicia social, reflejo de la muy diversa situación totalitaria cubana. A tal efecto, incurrió en la comisión de delitos de la más diversa índole. Así con el conjunto de presuntos iluminados por la justicia social, robaron, coparon, secuestraron, torturaron, amenazaron y mataron a ciudadanos de los más diversos estratos sociales.

Cuenta la historia de sus acciones recogida en diversas recopilaciones, cómo fue el trato que dispensaron a las “compañeras” de senda, que debían estar disponibles para saciar los instintos de los revolucionarios manteniendo la “cama caliente”. Autoproclamaron normas diversas a la ley, para sancionar a los que abdicaran de las milicias populares, mediante la “justicia revolucionaria”. En reuniones mínimas de estos comandantes, dispusieron el asesinato de conversos reciclados y “testigos” circunstanciales, a los que se aplicaban “fierrazos” o en su caso jeringazos.

Las condiciones absurdas en las que se embarcó a esta utopía delictiva, falta de organización, de capacidad propia para conducirla, de apoyo económico, de preparación, carencia de aportes desde la cuna de la revolución, que sostuvieron este ataque en contra de la constitución democrática republicana que nos dimos los uruguayos, junto con el rechazo mayoritario a esas acciones, determinaron el fracaso de esa loca aventura, y … que como cualquier delincuente terminara preso, junto con varios de sus ocasionales compañeros de ruta.

Derrotados sin necesidad de presiones excesivas de sus captores, los revolucionarios de pacotilla prestamente denunciaron a quienes habían participado y siguieron cómodamente instalados desde la cárcel, arengando acciones delictivas de los deprimidos y deprimentes cuadros de inexpertos que todavía estaban afuera, a pesar de que los mandaban al matadero.

Para justificar sus acciones, señalaron que la causa de su proceder delictivo fueron acciones corruptas de algunos agentes económicos; remarcando la altruista finalidad de sacrificio que los guiara para conseguir superar la desigualdad en la distribución de la riqueza. Así desde la cárcel negociaron una “amnistía” de sus captores, que les permitiera construir su objetivo totalitario de asumir el poder y derrotar la democracia para imponer su visión totalitaria.

Conseguido el retorno al Estado de Derecho y a la vida democrática, por aquellos mismos políticos que ellos habían denostado, consiguieron otra amnistía de los delitos cometidos, e incluso se les reparara económicamente por la represión de los mismos.

Así, con los recursos económicos obtenidos por las acciones delictivas asumidas y escudados en que eran “esclavos liberados” en la defensa de las instituciones, se camuflaron nuevamente en la misma acción política que habían hecho todo lo posible por destruir.

Desde el Frente Amplio al que les costó ingresar, desarrollaran todo tipo de acciones para evitar que la economía creciera, el Uruguay se pudiera abrir al mundo y el accionamiento gremial fuera un freno para la prromoción económica que pudiera dar trabajo de calidad a quienes tanto lo requerían. Para ejemplo: se opusieron férreamente a la instalación de la papelera finlandesa.

Con base en las situaciones adversas vividas por nuestro país en el 2002, la mitad de los uruguayos abrieron una carta de crédito a una izquierda moderada, quizás sin entender la mezcla que constituían.

Enancado en las condiciones económicas internacionales que generaron una valoración excepcional de los bienes exportables y la incorporación de Botnia como inversión exportadora, Mujica Cordano llegó a la Presidencia de la República.

El resultado de este experimento: un manejo absolutamente irresponsable de los recursos que se refleja en que finalizado el quinquenio determina que el país registre 3,5 por ciento de déficit del PIB, unos U$S 1.900 millones entre lo que se recauda y lo que se gasta.

Sus promesas de educación y más educación, concluyeron en informes oficiales que registran que no estudia el 36% de todos los jóvenes de entre 14 y 29 años. Para eximirse, pronunció amenazas de muerte a la dirigencia gremial, responsabilizándola de su propia incapacidad de resolver.

Sus promesas de construir un país de primera, nos legaron un déficit histórico en ANCAP basado en el bio diésel más caro del mundo, una actualización de la fábrica de portland sin financiación posible y una actualización de la planta de combustibles que determina que paguemos el combustible más caro de América. Se suma el desastre de PLUNA, los gastos para el supuesto Puerto Atlántico, que de concretarse hubiera subido en U$S 2.000 millones el endeudamiento de las próximas generaciones. Todo justificado por este personaje en que “nadie se llevó dinero a su bolsillo”; ¿quién es el responsable por tantas inversiones que endeudan a varias generaciones?

Su incapacidad para dirigir, resolver, encarar y cumplir su obligación de buen gobierno debe merecer la repulsa pública. Mujica no puede escudar su evidente incapacidad para gobernar o asesorarse en el hecho de que fue elegido para el cargo por la mayoría de su fuerza política y que hizo lo que pudo.

Seguramente, como brutal paradoja dialéctica, pretenderá endilgarle la culpa de lo que vamos a vivir en este quinquenio próximo todos los uruguayos al “neo liberalismo” de Astori y de Vázquez, mientras él habrá tratado de apoyar en lo que pudo para evitar el desastre. Así apoyó hasta ahora al gobierno en el lío con el sindicalismo de la educación…y perdió; apoyó en el TISA, que él inventó…y perdió.

El sufrido uruguayo todavía tiene que ver a Mujica catequizándolo sobre lo que debe consumir o no. No puede engañar más en que lo que se produce con aporte de inteligencia, inversión de medios, trabajo y esfuerzo, hace mal consumirlo. Que el resultado del esfuerzo no puede ser gastado por quien lo consiguió como le parezca. Y queda claro que sin consumo no hay circulación económica de bienes…sin ella, nada más y nada menos NO HAY TRABAJO NI SALARIO.

Es Mujica quien debió haber aprendido que lo que no debe consumirse es el dinero del pueblo, en mesiánicos inventos de boliche. Cuánto nos hubiera ahorrado a todos.

Como resultado de los cinco años de su desgobierno, no tuvimos educación, no tuvimos reforma del estado, no tuvimos seguridad, no tuvimos mejora en salud, no tuvimos puerto atlántico, no tuvimos desarrollo minero, no tuvimos ferrocarril, no tuvimos mejora en las relaciones internacionales, no tuvimos nuevos inversores, no tuvimos crecimiento económico. Tuvimos aumento de la ineficiencia del estado, deuda pública, corporativismo, amiguismo, reuniones en el quincho de Varela con personajes faranduleros. Este es el país que nos lega su concepto revolucionario.

Como sostuvo Montesquieu: “La Democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu de desigualdad que la conduce a la aristocracia, y el espíritu de igualdad extrema, que la conduce al despotismo”.

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