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Lincoln Maiztegui Casas: una mente brillante

18/09/2015 Sin Comentarios

Gustavo Borsari

Murió Lincoln Maiztegui Casas. Hemos perdido a uno de los intelectuales más brillantes de los últimos tiempos. Profesor de historia, historiador, periodista de nota. Escribió una docena de libros, entre los cuales destacan la serie “Orientales” , que analiza la historia del Uruguay y “Caudillos y doctores”. Como pocos estudió y puso en negro sobre blanco los hechos y los protagonistas de nuestra travesía como nación. Escribió cientos de artículos periodísticos, entre otros en El País de Madrid y en El Observador de Montevideo. Tuvimos el honor de contarlo como columnista del semanario Patria, en cuya redacción lo supimos disfrutar. Claro, era un blanco como hueso de bagual, como le escuché decir hace pocos días en un excelente programa histórico de televisión dirigido por Facundo Ponce de León.

Las noches de cierre nunca faltaba. Escribía su columna y se quedaba hasta tarde. Nosotros lo escuchábamos con fruición. Esperaba para hablar, no imponía su pensamiento. Reflexionaba y pensaba al discurrir de la charla. Me gustaba mucho conversar con él de cine. Porque también sabía y mucho del séptimo arte, como clasificó la obra “Manifiesto de las siete artes” de 1911, de Ricciotto Canudo, al cine, después de las otras seis: la arquitectura, la escultura, la pintura, la música, la danza y la poesía o literatura. Una de esas noches me dijo: “Tú sabes que me he reconciliado con el cine norteamericano. Tiene muchas cosas malas, de baja calidad, pero tiene otras que son un gran espectáculo. Y el cine es, además de todo, eso, un gran espectáculo”.

Lincoln fue un ser humano excepcional. Además de lo dicho, era un cultor del ajedrez. Llegó a intervenir en varios campeonatos.

Fue un melómano, un apasionado por la música. Hubiera destacado en ella como lo hizo como profesor, historiador, periodista o ajedrecista.

Fue un gran blanco. Así le gustaba definirse. Su visión de la vida y de la historia lo hacían uno de esos orientales que decían que si se estudia la historia nacional se tiene que ser blanco. Sin embargo defendía una visión integradora de otras corrientes políticas para con la construcción del Uruguay. Un día le dije: “Lincoln, te invito a dar una charla en un “fogón” partidario. Pero mirá que no es una conferencia. Es un acto político por Camino Maldonado y me parece importante tu aporte”. No dudó un instante en decirme que le encantaba la idea. Así marchamos, a la semana, una noche de viernes de mayo del 2004 , junto con Luis Alberto Lacalle, hacia Camino Maldonado. Allí nos esperaban unos ciento cincuenta jóvenes del barrio, con todo el bullicio y también el escepticismo típico de la edad. Los encantó. Los interesó. Los convenció. Pocas veces lo ví más feliz.

Querido Lincoln, te vamos a extrañar. El país te va a extrañar. Le hacen falta muchos como tú. Nos queda tu legado, tus libros, tus artículos, tu pensamiento, tus alumnos. Ellos y nosotros no te olvidaremos.

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