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La bonanza de los Commodities

10/07/2015 Sin Comentarios

Ricardo Puglia

La bonanza petrolera dejó corrupción, miseria y desabastecimiento en Venezuela. La bonanza de los commodities dejó mayor endeudamiento a los uruguayos, déficits –pérdidas- de todo tipo (fiscales, de balanza comercial, municipales, de empresas públicas, de seguridad, de educación, de salud (FONASA), de vivienda, de infraestructura, de ética, de moral, de cultura, etc.) y también corrupción.

La bonanza de los commodities fue consecuencia de una mayor área agrícola plantada, principalmente por inversores extranjeros <argentinos, brasileros y otros> que encontraron condiciones excepcionales en nuestro régimen jurídico siendo favorecidos por un clima benevolente y la experiencia adquirida en sus países de origen.

A ello se agregó una demanda mundial por alimentos –carne, alimentos preparados, etc.- consecuencia de tasas de crecimiento nunca antes alcanzadas, contribuyendo en pedidos cada vez más grandes y precios en constante suba internacional.

Para el Estado, gobernado por la izquierda, significó una bonanza de recursos a través de una voraz máquina recaudadora que puso especial énfasis en enmagrecer los ingresos de los ciudadanos a través del mal llamado impuesto a la renta a la persona física y del impuesto a las pasividades que considera altos.

Nunca antes una coalición de gobierno obtuvo los jugosos recursos económicos y financieros que desde 2005 viene recibiendo. Nunca antes un gobierno nacional dilapidó tantos recursos de la ciudadanía en una pésima gestión, producto de la incompetencia de quien nos gobernó y nos gobierna.

Basta mencionar las pérdidas del ente petrolero, monopolio estatal, que dilapidó en su gestión 500 millones de dólares, o la quiebra de PLUNA en manos de aves de rapiña invitadas por el primer gobierno zurdo que hoy a través de una cooperativa intenta volar con escasas o nulas posibilidades o el Fondes, gran agujero negro que no permiten investigar los legisladores de la izquierda en el poder.

Mientras la bonanza transcurría, los viajes al exterior de los gobernantes no tuvieron límites, las custodias de los jerarcas se asimiló a la época medieval, popularon los déficits fiscales y otros más grandes de la historia del Uruguay, los servidores públicos añadidos se incrementaron desmedidamente y aprovechando las oportunidades de un mercado financiero internacional ávido por colocar recursos con altas tasas de rentabilidad encontraron en los diferentes ministros de economía la oportunidad de maximizar parte de sus colocaciones.

Así, los nuevos ricos de izquierda festejaron la llegada al poder y su permanencia avalada por sus socios sindicales y todos los grupos minoritarios que a través de ciertos privilegios fueron conquistados.

Nuestros jóvenes han elegido ser en el futuro, jugadores de fútbol, narcotraficantes o empleados públicos. No se esperan generaciones de empresarios, de emprendedores, de intelectuales relevantes. Tal es nuestro sufrir, que tampoco la mayoría de las actividades económicas que se desarrollan actualmente se encuentran en manos de orientales (agricultura, ganadería, forestación, industrialización de carnes, de madera, etc.)

Las autoridades nos hablan de inversiones directas e inhalan mucho aire purificador que a la hora del detalle no son más que capitales extranjeros buscando altas rentabilidades que luego son repatriadas en función de la nacionalidad de estos.

No hemos observado en estos 10 años inversiones productivas en el sector industrial capaces de mantener en sus plantillas a trabajadores constantemente. Sí hemos visto como algunas compañías extranjeras se han marchado del país y otras de origen nacional han cambiado a manos extranjeras.

Las riquezas y los beneficios que se producen en el Uruguay no son reinvertidos proporcionalmente en el país y nuestros empresarios cansados del alto costo del Estado, de las permanentes reindivicaciones sindicales, de los altos impuestos y la falta de mercados, se han convertido en una clase a ser disminuida por las cooperativas formadas con fondos públicos.

Un proyecto nacional que incorpore nuestra identidad, imagine y proyecte en el largo plazo se requiere urgente, no ya del Frente Amplio solamente –que no lo tiene-, sino de todas las fuerzas sociales, partidos y demás organizaciones que marquen el rumbo de bienestar nacional que tenemos derecho a recibir los orientales nacidos bajo la bandera del sol y las nueve franjas.

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