Portada » Destacado

Reflexiones

22/05/2015 Sin Comentarios

Ricardo Puglia

Pasadas ya las elecciones nacionales 2014 y las municipales 2015 quedó incorporado al quehacer nacional el nuevo mapa político que regirá para los próximos cinco años. Lo más resaltable es que el gobierno nacional continua perteneciendo a la coalición de fuerzas de partidos y facciones de izquierda, el parlamento tendrá 15 años de mayoría del FA, mientras que en algunas intendencias habrá cambios de partidos en las nuevas administraciones.

No obstante, el Uruguay en manos de la izquierda continúa cada día globalizándose más y asumiendo en todos los sentidos una adaptación a ciertas reglas que impone el mundo desarrollado a cambio de nada, simplemente se aceptan como dogmas verdaderos sin discusión alguna.

Este tercer gobierno de izquierda sufre todos los males de los gobiernos afines ideológicamente de la región, es decir, inseguridad, corrupción, pésima educación pública, asistencialismo social, pésima gestión, falta de planificación a corto y mediano plazo, falta de transparencia, autismo, sindicalismo abusivo – público y privado – y asimismo aferrado a las ideas con las que nacieron en la década del 60 y anteriores, fueran castristas, maoístas, leninistas, stalinistas, etc.

Ese pensamiento socialista que nos gobierna desde 2005, también incorporó la filosofía batllista al dotar al Uruguay de normas para las minorías que lo apoyan y normas impositivas para la mayoría de las personas que trabajan y están jubilados o pensionados.

Premió desde 2005 a todos los secuestradores, asesinos, ladrones, y malandras que se levantaron contra el orden democrático en la década del 60 con sendos cargos ejecutivos en la Administración del Estado, o con jugosas pensiones por simplemente haber pertenecido a organizaciones conspiradoras y delictivas.

El revisionismo no deseado que fuera refrendado en tres oportunidades por el soberano fue incumplido y de hecho la revisión cuenta hoy con militares presos que usurparon el poder equivocadamente luego de luchar con pericia y éxito contra las fuerzas de izquierda que quisieron derrocar a la democracia.

Y así, desde 1985 estamos viviendo permanentemente un revisionismo al igual que el carnaval más largo del mundo que no nos permite desde el punto de vista político y social mirar por encima del alambrado e imaginar donde debemos poner al Uruguay en la década del 20 (2020).

Continuamos siendo un país con producción y exportación agrícola-ganadera. La matriz productiva no ha evolucionado y el monocorde ministro de economía y finanzas no tiene siquiera un plan de desarrollo productivo para los próximos cinco años. Todo está basado en explicar cifras macroeconómicas que pocos entienden y que resultan de una economía ortodoxa, ahora dedicada a tomar su tiempo para encaminar los yerros de la Administración Mujica.

La creación de nuevos polos productivos o mejoramiento de los existentes a lo largo y ancho del país es un tema no considerado como tampoco la exención de impuestos a nuevas actividades productivas como incentivo a su desarrollo. Los beneficios del crecimiento económico de los dos períodos pasados estuvieron liderados por los magníficos precios recibidos por la producción exportable agropecuaria, precios que no volverán a repetirse en los próximos cinco años.

Sin embargo, como las recaudaciones de impuestos no le fueron suficientes para cumplir con objetivos electoreros como el asistencialismo social (MIDES), o aumentos de personal poco calificado en la plantilla estatal, o el famoso Fondes rescatando empresas fundidas, o los subsidios pagados a empresas de cerveza, etc., se vieron en la necesidad de endeudar más al Uruguay a través de nuevos préstamos o emisiones de bonos del tesoro como así también mantener una alta inflación para financiar siderales déficits fiscales.

Se descuidaron las gestiones de las empresas públicas, transformándolas en verdaderos cotos de caza con fines de financiamiento electoral y puerta de entrada a nuevos funcionarios agradecidos de un empleo vitalicio.

Éstas no deberían continuar perdiendo o ganando dinero. Deben ser bien administradas, y las ganancias que se obtengan sólo comprometerán las futuras inversiones necesarias para cumplir con sus objetivos no permitiendo el pago de ningún impuesto a la renta (usado para incrementar las arcas centrales y ser objeto de reparto discrecional).

En fin, los políticos tienen la obligación de pensar el país para la década del 20, sea en como incrementar la población, como incrementar la matriz productiva, como generar auténticos proyectos empresariales con las exenciones del caso, como aumentar la cantidad de empleo, como evitar los perjudiciales conflictos sindicales, como mejorar el acceso a los mercados mundiales de nuestros productos tradicionales y nuevos productos, como mantener una relación amigable y fructífera con nuestros vecinos, como incorporar un mejor nivel educativo y exigente en resultados en la alicaída enseñanza, como mejorar la gestión de las empresas públicas, como alcanzar a mejorar nuestro transporte de cargas a través de las inversiones en el ferrocarril y en carreteras, como ir erradicando las adicciones de nuestros jóvenes, como erradicar los pobres asentamientos en crecimiento, como enseñar la cultura del trabajo y el esfuerzo, el respeto en el tránsito y el respeto a las normas. Ser honestos, responsables, solidarios y soñadores es un deber.

Envíenos su comentario

Agregue su comentario, o trackback desde su sitio. También puede suscribirse a estos comentarios vía RSS.