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Hacia el mundo

28/11/2014 Sin Comentarios

Luis Alberto Lacalle Herrera, diario El País

Antes de fin de año completaremos la elección de un nuevo gobierno. Estos días serán de discusión, esperemos que de debate sobre los temas que más preocupan a la población. Entre ellos seguramente que no se ubica el de la política exterior de nuestro país o lo que se ha dado en llamar inserción en el mundo.

Es razonable que así ocurra porque seguridad, vivienda, educación, salud, falta de obra pública y demás son más que suficiente para que los contendores se expresen y convenzan a una mayoría. La política exterior no es, consideramos que muy pocas veces fue en nuestro país un tema de discusión pública, pero nadie puede negar que para una nación de las dimensiones de la nuestra, se trata de un asunto vital y que va mucho más allá de la labor diplomática para ser también factor de progreso económico y por ende de generación de empleo y oportunidades comerciales.

Si tomamos el período que va desde el retorno democrático al presente y analizamos los cambios ocurridos en todo el mundo en ese lapso, podemos afirmar que son tales los cambios que ha vivido la comunidad internacional en su totalidad, que es preciso no solo dar importancia al relacionamiento exterior sino que a la vez, proceder a adecuarla a un verdadero mundo nuevo. El instrumento específico para dicha tarea ha sufrido un terrible deterioro, estamos hablando del Ministerio de Relaciones Exteriores. Se ha herido a esta repartición estatal en aspectos muy importantes referidos tanto a la selección de personal como a las designaciones de mayor importancia. Nadie en el mundo puede creer que el Ministerio de RR.EE. del Uruguay no exija el dominio del inglés como requisito para ingresar. Más allá de las naturales preferencias por ciudadanos de igual o similar opinión partidaria del Ministro ello no quiere decir que cualquier correligionario sirva para cualquier cargo.

La alteración del sentido jerárquico en una carrera que está claramente pautada por concursos y exámenes traslada una sensación de impotencia de futilidad al resto del personal así como los paupérrimos sueldos que se cobran mientras que se está en Montevideo, generan en las familias un rechazo a estar en su propio país. Las vacantes llamadas de carácter político son necesarias, en una medida razonable. El Presidente del a República tiene que tener a su alcance el poder designar en ciertas embajadas a una media docena de personas de su confianza. Otra cosa muy diferente es que prácticamente la mitad de las jefaturas de Misión estén destinadas a simpatizantes del gobierno.

Dejando de lado algún otro comentario sobre la necesidad de proceder a una organización funcional, es necesario volver a los puntos básicos de una política exterior verdaderamente nacional es decir aquella que tenga el interés del Uruguay como norte y como guía. No es elegante citarse a sí mismo pero reiteramos una síntesis sobre ello que nos parece exacta. “El Uruguay debe ser cliente de todos amigo de muchos aliado de quien convenga y es parecido a alguno pero igual a nadie”. Sino repensamos y transformamos el Mercosur adecuándolo a la realidad no solamente la organización no servirá para nada sino que se constituirá en un pesado lastre para cualquier decisión importante. Una vez que cambie el gobierno de Argentina, Uruguay y Paraguay deben concertar su acción para hacer un planteamiento acerca del carácter que tiene que tener la citada alianza comercial, por supuesto que despojándola de todo carácter de agrupamiento político y rescatando su carácter económico comercial. Los políticos tienen todo el derecho a sus preferencias y eventualmente identidades ideológicas, pero ellas deben desaparecer a la hora de defender el mentado interés nacional. Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, ejercen una extraña fascinación sobre algunos dirigentes. Deben de optar entre esas simpatías y lo que es nuestro interés que no siempre coinciden. Esta actitud de conveniencia vale para toda la relación.

Intensificarlas con Canadá, México, Colombia, China, Indonesia, India, es de orden. Inclinarnos hacia el pacífico donde se juega el gran partido por supuesto que sin abandonar las posiciones más tradicionales. La búsqueda de un acuerdo de libre comercio con Canadá o EE. UU. sería una de los más grandes logros de la futura política exterior.Pertenecemos a dos “clubes” de carácter internacional muy exclusivos, el tratado de la Antártida y las Misiones de Paz de Naciones Unidas. En el primero de ellos estamos codo a codo con Gran Bretaña, EE.UU. Nueva Zelanda, China, Rusia, es decir con oportunidades de cooperación y diálogo en lo específico de la tarea polar pero también como ocasión de bilateralidades tremendamente fructíferas. Otros países envían junto con sus tropas en Misión de Cascos Azules a representantes diplomáticos-comerciales. Esta tan simple tarea genera operaciones comerciales de importancia. Vale la misma valoración a gestionar ante NN.UU. que la oficina de compras de dicha organización nos incluya entre sus clientes.

Cualquiera de los candidatos que tenga la preferencia hará bien en tener la valentía de dar un giro positivo a esta tan importante tarea del Estado como es la de las Relaciones Exteriores.

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