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Simplemente estupideces

21/11/2014 Sin Comentarios

Claudio Paolillo, Semanario Búsqueda

Hacía ya una hora larga que la medianoche había dado paso a una madrugada ventosa pero agradable, de esas que prefiguran un verano más bien tórrido. De pronto, una camioneta ingresó al rancho donde ambos se habían dado cita, en un sitio apartado de Illescas, a 160 km de Montevideo. Luis Lacalle Pou bajó solo, cubriéndose el rostro con una bufanda. Dos minutos después apareció el vehículo de Pedro Bordaberry. Se había puesto un pasamontañas para evitar ser descubierto.

—Es necesario hacerlo, dijo Lacalle Pou sin siquiera saludar.

—A mí me sigue pareciendo demasiado arriesgado. ¿Qué pasa si los agarran?, preguntó Bordaberry.

—Hay que correr el riesgo. O empezamos a dar golpes como este o Tabaré nos arrasa, respondió, seguro, el presidenciable blanco.

Los otros tres individuos mal entrazados que completaban la escena comprendieron que, finalmente, tendrían “trabajo”. Al día siguiente, asaltarían la casa del jefe de Policía de Montevideo.

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