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¿Qué le importa la Constitución al Presidente?

21/11/2014 Sin Comentarios

Jaime Mario Trobo

La denigra cada vez que puede. Emite juicios sobre su supuesto origen espurio y clasista. Sentencia sobre el alcance relativo de sus disposiciones. Se muestra fastidiado cuando el freno que le imponen sus dictados le pueden impedir sus caprichos. Desconoce sus garantías y las desprecia para manipular su poder y utilizarlo en lo que le está vedado.

Estas son las formas constatables en las que Mujica muestra su desapego a la regla de convivencia ciudadana que traza la Constitución. Tras una mímica de cumplimiento, se disfrazan groseros actos de violación a los extremos mas sensibles del pacto, como lo son los referidos a las garantías para la libertad y el sufragio.

Quien duda que su intervención en la campaña electoral es decidida, por lo que hace y por lo que deja hacer. Quien duda que el aparato del estado, sobre el que él tiene potestades de conducción, de control y corrección participa de una estrategia de continuismo con recursos públicos mezquinamente dispuestos a alabar la continuidad. Quien duda que no ha reparado ni en la forma ni en el fondo para descalificar a candidatos y propuestas de partidos que no son el suyo, utilizando medios oficiales, recursos públicos y espacios ciudadanos que deben resguardarse de la influencia ideológica como son escuelas o liceos. Quien no tiene la imagen que su decidida participación en la campaña electoral, contraviniendo una norma formal y ética de la Constitución es desembozada, desde que le aconsejaron y no vaciló en  actuar aun violándola para tratar de influir sobre  la opinión pública.

Es imposible impedir esto, a pocos días de una segunda vuelta electoral en la que participa “su” partido político y ya ha transgredido sin hesitarse el freno  de la garantía cívica que le prohíbe actuar?

Claro!!!! Nos diría un Constitucionalista, o aún un ciudadano inexperto que sabe o presume que toda violación de una norma, y mucho mas ésta de principal jerarquía, tiene un castigo. El Art. 77º Numeral 5º dice “El Presidente de la República (…) no podrá(n)…ni intervenir en ninguna forma en la propaganda política de carácter electoral”. Y la violación de este principio será perseguido de acuerdo al Art. 93º de la misma carta como “violación de la Constitución”. Y esto último depende de la “mayoría en la Cámara de Diputados”; a buen entendedor estas informaciones bastan.
Pero hay otro plano, mucho más sutil desde el cual el “freno” de la Carta pude y debe operar, es desde el de la sensibilidad, la racionalidad, la ubicación y las convicciones del ciudadano público número uno que es el Presidente de la República. Es el de la ética, la moral, que como dice la Real Academia que rige nuestra lengua, “que no concierne al orden jurídico sino al fuero interno o al respeto humano”.

Mujica ha destruido el control ético que le impone su jerarquía, para respetar las normas que amparan la convivencia entre orientales, expresadas en la Constitución. Y en ese camino no tiene escrúpulos para participar activamente de la campaña y presionar con sus discursos, al extremo de descalificar el propio origen de la Constitución que debería respetar. Ahí esta la clave, no la quiere, no comparte sus principios y no tiene reparos en violarla.

Hay un cúmulo de ejemplos, lo preocupante es que la sensibilidad reactiva de los ciudadanos que deben soportar esta actitud parece adormecida por el desinterés, la denuncia y condena de esta intervención espuria no tiene vigor, y el Uruguay se acostumbra a que pase cualquier cosa, aún a pesar del daño que se perpetre sobre la neutralidad del estado en una instancia tan sensible para la democracia y la república como un período electoral.

A Mujica le gusta mucho citar a Artigas como prototipo, lo que no hace es practicar sus citas en el ejercicio de sus responsabilidades, por ejemplo la de la Oración de Abril:

Estamos aún bajo la fe de los hombres y no aparecen las seguridades del contrato. Todo extremo envuelve fatalidad: por eso una confianza desmedida sofocaría los mejores planes; ¿pero es acaso menos temible un exceso de confianza? Toda clase de precaución debe prodigarse cuando se trata de fijar nuestro destino. Es muy veleidosa la probidad de los hombres; sólo el freno de la constitución puede afirmarla. Mientras ella no exista, es preciso adoptar las medidas que equivalgan a la garantía preciosa que ella ofrece.

El Mujica de entre casa, no es el que se proyecta como el “viejo guerrillero, hoy tolerante y sabio que practica la austeridad y se adapta a las normas de convivencia de una sociedad democrática”; es el que no soporta que su partido pueda perder una elección y para evitarlo esta dispuesto a cualquier cosa.

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