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La Policía factor imprescindible de la Libertad

17/10/2014 Sin Comentarios

Jaime Mario Trobo

Escuchamos en todos los barrios y sectores un anhelo por mayor seguridad. Los Uruguayos sentimos que se afecta paulatinamente nuestra libertad, cuando las prevenciones y los miedos comienzan a formar parte de la estrategia de vida de las personas y las familias, al punto de cuestionarnos si somos realmente libres. La dependencia de decisiones para asegurar nuestros bienes, para preservar nuestra integridad física, la advertencia de no circular o incluso vivir en ciertas zonas, nos condenan injustamente a fraccionarnos y paulatinamente desconocernos y asta temernos.

El proceso ha sido largo, y en su progresión ha habido reacciones erradas ó tardías, inclusive se ha pagado un precio muy caro a la benevolencia con el que el fenómeno fue analizado desde las mas altas esferas, lo que conspiró contra la eficacia que el estado debe ofrecer en una materia de altísima sensibilidad. La transgresión de normas de convivencia, el estímulo al desprestigio y desconsideración de la autoridad, el sometimiento de los atributos y la imagen de la representación de la sociedad para el ejercicio de la fuerza, han tenido su efecto y han puesto en juicio constante una organización cuyo propósito y fin es la garantía de la libertad de los individuos y el resguardo del orden en la convivencia.

En el centro del problema, la Policía. El instrumento del estado que debe ser conducido con apego a principios inalterables de independencia política, respetando su competencia, asegurando su eficacia, instrumentando su desarrollo profesional y estimulando su consideración pública. Esta fuerza ha sufrido un decaimiento notorio que forma parte del problema, cuando debería formar parte de la solución. Es imposible desarrollar ningún plan en seguridad pública sin una estructura policial que responda orgánica e individualmente adecuadamente formada, estimulada intelectualmente, entrenada profesionalmente y conducida y respaldada con respeto y autoridad legítima.

Los dos gobiernos del Frente Amplio han fallado estrepitosamente en esta materia. Y diez años es mucho tiempo para perder en experimentos y pruebas cuyos errores han redundado en datos alarmantes de aumento de diversos delitos y una percepción de indefensión de la ciudadanía, que opta por blindarse hasta donde puede para no ser víctima. Han fallado en la conducción de la fuerza, quizás por un atávico rechazo a la autoridad convertido en fobia y desconfianza que impide considerar a los Policías como profesionales depositarios de una experiencia, conocimientos y vocación insustituible en una de las garantías del estado de derecho, el ejercicio de la libertad por las personas.

En estas horas los Uruguayos analizan sus decisiones electorales, y de los temas más sensibles uno es el de la seguridad. En estas horas escuchan y leen las propuestas sobre este asunto y buscan confiar en quien pueda ofrecer cambios positivos. Ninguna estrategia ni acción de gobierno en seguridad puede carecer de un capítulo fundamental como lo es el del funcionamiento del instituto policial. Y esto no es una cuestión meramente organizacional, tiene que ver con la imagen que la conducción política tenga de el, desde el Presidente hacia abajo deben apreciar su valor, considerar su misión, reconocer la importancia de su vocación y valorar el riesgo que supone esta profesión. Sólo desde ese talante es posible comprender un componente imprescindible de la estrategia de seguridad que no es otra cosa que una estrategia de garantía de la libertad.

Los dos últimos Presidentes de la República, Vázquez y Mujica cuando asumieron, en el momento de elegir los encargados de su custodia que no han sido pocos, introdujeron desde la calle al instituto policial a compañeros políticos y militantes y les adjudicaron contratos y grados policiales. Desde la primera hora se mostraron desconfiados y prescindentes, y no fue sólo una señal sino una actitud.

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