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Entre el almuerzo y la almohada

03/10/2014 Sin Comentarios

Jaime Mario Trobo 

No es el tiempo que transcurre entre la comida y el desusado descanso de la media jornada. En el Uruguay de estos tiempos son las figuras ofrecidas por el Presidente de la República José Mujica para describir los procesos de decisión que realiza en relación a los temas más importantes del País. La sencillez convertida en desparpajo y la seriedad transformada en pantomima son una constante a la que muchos en su momento le encontraron seducción y ahora comienzan a cansarse.

En estas horas y gracias a la inefable aparición de una embajadora extranjera, la del réprobo imperio capitalista del Norte, los EEUU, reaparece en escena la parodia de los “presos de Guantánamo” en la que Mujica y Almagro su Canciller representan el penoso papel de un mandadero que no tiene ni idea lo que lleva adentro el “paquete” que llevan.

Todo muy callado, escudado en la reserva que deben ofrecer las “negociaciones” internacionales o de política exterior, el gobierno del Frente Amplio se ha ofrecido, bajo el código “humanitario” a resolver un problema de imagen, de altísimos costos políticos y económicos nada mas ni nada menos que al “Tío Sam”. Y en contra de la opinión pública en general y la del arco político nacional mas amplio, se encaminan a cumplir con un mandado injustificado para un estado independiente que se auto valora. Varios “presos ilegales” de Guantánamo que el Senado de EEUU no acepta en el territorio de su País serán enviados a Uruguay. Y aquí se montará la parodia del trámite a un pedido de “refugio” para vestir la circunstancia de destino de lo que el imperio no quiere resolver bajo las responsabilidades que asume desde que los encarceló hace diez años.

Cuando desde diversas fuerzas políticas se alerta sobre la inconveniencia y artificiosidad del mecanismo que involucra a Uruguay en un tema que le es totalmente ajeno, las reacciones en cadena incluyen a propio Presidente con talante soberbio y ofensivo, y a la representante del estado extranjero interviniendo torpe y groseramente en nuestros asuntos internos.

Mujica reveló que este tema de “estado” lo va a resolver sólo, con su “almohada” y “tá”, como acostumbraban legitimados por gracia divina y mandato de sangre los monarcas y señores medioevales y muy lejos de los procesos democráticos y transparentes por los cuales los gobernantes hoy día deben conducir sus decisiones.

Y Mujica reveló además, en su habitual costumbre de bastardear las relaciones y las practicas de su alta investidura, que el ciudadano que aparece recibiendo la mitad de las adhesiones ciudadanas de cara a una decisión sobre la Presidencia de la República en una segunda vuelta electoral, no está “invitado al almuerzo” para analizar un tema nacional, de interés ciudadano y de consecuencias actuales y futuras para Uruguay.

La “almohada”, la alegoría de una practica absolutista disfrazada de simpleza.

El “almuerzo” la del desprecio inadmisible de la opinión ajena que representa a una gran parte de la opinión nacional.

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