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Cinco mitos electorales

03/10/2014 Sin Comentarios

Editorial, diario El País

Lo de “mitos” es una concesión a tolerancia. Pero esta campaña ha estado marcada por lo que directamente podríamos llamar mentiras impuestas por el oficialismo. Mentiras que empañan el debate, que dividen a la población, y que solo aportan confusión a la hora de que la ciudadanía decide su voto.

Primera mentira; Uruguay era tierra arrasada en 2005, y solo a partir de la llegada del Frente Amplio al poder, el país pudo crecer, invertir, y tener desarrollo social. La mentira se cae por su propio peso. El Uruguay fue históricamente el país más igualitario de todo el continente. Tuvo momentos de crisis, como todo el mundo, pero casi siempre las resolvió de manera pacífica y moderada. La crisis del 2002, que marcó a fuego a una generación, se debió en buena parte a motivos externos y a una estructura estatal pesada e ineficiente, de la cual tiene no poca culpa el hoy oficialismo, que desde el regreso democrático fue una máquina de oponerse a cualquier reforma. Si se quiere un ejemplo claro, basta ver el tema portuario, cuya reforma se hizo con la oposición radical del Frente Amplio, y hoy es una de las actividades más pujantes del país.

Segunda mentira; los partidos políticos en Uruguay tienen una división de clase, siendo el Frente Amplio el único representante de los trabajadores. Otro disparate que se desmiente tan solo mirando las encuestas. Según esta postura los trabajadores del Uruguay serían apenas un 40% de la población, y el resto se dividiría entre egoístas ricachones y pobres sin consciencia de lo que les conviene. ¿Alguien puede creer esta tontera? Por lo visto el exministro Brenta sí, ya que dijo hace unos días que los trabajadores de Tienda Inglesa votan al FA y el dueño a Lacalle Pou. Brenta olvida mencionar, por ejemplo, que el dueño de uno de los principales supermercados del país es jerarca de su partido, o que los núcleos de mayor votación del oficialismo están en barrios como Pocitos o Parque Rodó, mientras el partido de Lacalle Pou arrasa en zonas rurales postergadas de Cerro Largo o Tacuarembó.

Tercera mentira; blancos y colorados sueñan con hacer un ajuste fiscal. Esta afirmación es cada día más común escucharla a gente del equipo económico del gobierno, esos intelectuales de las finanzas que han logrado el milagro de dejar un agujero de 3 puntos del PBI en el período de mayor prosperidad en décadas. ¿A qué político le puede gustar un ajuste fiscal? Todos los políticos viven de caer simpático, del apoyo popular ¿por qué alguien gustaría de tomar una medida tan impopular? Otra cosa es el sentido de responsabilidad, y saber que si usted gasta siempre más de lo que cobra, algún día va a tener que apretar el cinto.

Cuarta mentira: el Plan Ceibal. A ver, nadie duda que el Plan Ceibal es positivo, es una buena medida, y que toda la sociedad la apoya. Salvo los sindicatos educativos tan amigos del gobierno. Ahora bien ¿estuvo en alguna parte del programa del FA de 2004 el Plan Ceibal? ¿Fue una idea planteada en esa campaña? La verdad es que el Plan fue una propuesta que vino del exterior y cayó en manos de Vázquez, como habría caído en manos de cualquiera que fuera presidente en ese momento. Que Vázquez lo impulsó y lo hizo posible, es verdad. Pero basta de sacar pecho por algo que financiamos todos los uruguayos, y que nunca fue una bandera política previa del oficialismo. Y basta de sugerir que cualquier retoque que se pretenda hacer a su implementación (precaria y con muchos defectos) es una especie de ataque al plan y a sus beneficiarios.

Quinta mentira: antes del Frente Amplio no había políticas sociales en Uruguay. Otra falsedad que cae por su propio peso. Uruguay fue siempre vanguardia, desde mucho antes que existiera el Frente Amplio, tanto en políticas sociales como en regulaciones laborales. Desde las asignaciones familiares hasta el estatuto del trabajador rural, pasando por el divorcio o instituciones como Mevir, el país siempre tuvo políticas de avanzada. Y, de paso, sin necesidad de sembrar ni el odio de clases ni la división en la sociedad que se ve hoy.

Como se puede comprobar, se trata de mentiras tan flagrantes como indefendibles. Y que solo se justifican por un sentimiento de soberbia y mesianismo como el que exhibe sin pudores hoy, el partido de gobierno. Dos enfermedades para las cuales un sacudón en las urnas, suele ser la mejor medicación.

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