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Silencio en el Auditorio

26/09/2014 Sin Comentarios

Jaime Mario Trobo

Seguramente, cuando la realidad política tenga un giro radical, como consecuencia de otras mayorías parlamentarias, se comenzarán a conocer muchas cosas ocultas que han ocurrido y ocurren desde hace un tiempo en la administración de los dineros públicos, y que riñen con la buena administración y la transparencia de la gestión.

Los “fideicomisos”, un instrumento beneficioso para el desarrollo de la economía, que existen en Uruguay desde finales del gobierno del Dr. Batlle, es un instrumento cuya introducción a nuestra legislación generó muchas discusiones. En aquellos años el Partido Nacional había presentado la iniciativa en proyectos que impulsó Francisco Gallinal, luego el gobierno envió iniciativa al respecto. En la discusión parlamentaria se recogen las opiniones en contrario del Frente Amplio en primera instancia, y luego un cambio para admitir este instrumento pero con una posición contraria respecto de que el mismo sirviera también al estado.

Desde aquella posición del FA, originariamente contraria a los “fideicomisos”, a la de ahora utilizándolos en el estado con las velas desplegadas hay un gran trecho, como los que hay en diversas materias en las que el FA ha dicho una cosa y ha hecho otra contraria. Hoy los fideicomisos son un instrumento para gastar fondos públicos, ingresar dinero a ellos, sin los controles imprescindibles para la gestión estatal.

Han encontrado el gran mecanismo de elusión de los controles clásicos a la actividad financiera y de gastos del estado. Y estos han crecido como hongos, hay decenas y manejan cientos de millones de dólares “a piacere” de los administradores.

La tapadera de estos procedimientos es la Corporación Nacional para el Desarrollo que se ofrece como instrumento a cambio de comisiones y contratos para sus funcionarios, para organizar la legitimación del derroche y el descontrol.

El caso que tenemos a estudio es el del fideicomiso que se ha creado para el “Fondo de Desarrollo Artístico y Cultural del Sodre”, sobre el que una investigación de la Auditoria Interna ha identificado graves irregularidades, algunas de las cuales pueden llegar a configurar fraude. Desde que se conoció la noticia de los resultados de la auditoría las autoridades de este organismo han callado solemnemente. No hay referencia alguna al tema, a pesar que días antes de que esta información tomara estado público se vanagloriaban por la prensa de los éxitos de la gestión, en este caso del Auditorio del Sodre, que ellos manejan como si fuera una empresa de su propiedad eludiendo todo tipo de control y despreciando normas mínimas de administración transparente.

Estamos a tiempo de empezar a pedirle explicaciones al Ministro Erlich, porque todo esto ocurre bajo su responsabilidad de control que parece haber olvidado ejercer.

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