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El Estado en competencia electoral

12/09/2014 Sin Comentarios

Jaime Mario Trobo

No es la primera vez en la historia que el Partido Nacional debe competir contra el estado en unas elecciones. A lo largo de la historia, las luchas encaradas por nuestra colectividad, no han sido para acceder al poder por las armas sino para conquistar el voto libre, con coacción y la coparticipación en las cosas públicas. Y era así porque desde el poder, desde el estado, se amañaban de tal modo las cosas que competir con posibilidades para nosotros era una prueba muy difícil.

Precisamente en estos días conmemoramos una año más, 110, de la última revolución que se pueda llamar de tal, por las libertades cívicas y la participación ciudadana y de sus representaciones en los asuntos públicos, los de todos. Parece lejano el amanecer del S XX, pero allí existe parte de la fundación de una república democrática y con participación plural, y en el se encuentran trazas en sangre de la orgullosa condición que ostenta el Uruguay de país tolerante y respetuoso de las instituciones y del voto libre.

Pero lo que es evidente, es que desde el poder, siempre tienta el ejercerlo para influir en la opinión electoral del pueblo, y en el caso del actual gobierno esta tendencia se esta convirtiendo en costumbre.

Es grave, muy grave, que el gobierno utilice el estado al servicio de su fracción, que los recursos públicos se orienten a la reelección y que la competencia cívica sea asimétrica precisamente por la intervención del poder. Es como si volviéramos a la época de las levas, de los comisarios políticos, en las que en el conteo de votos 5 eran mas que 7 como ocurrió antes de 1904. Y lo cierto es que la impúdica utilización de la publicidad oficial y para oficial en torno a cualquier tipo de materia que les venga en gana, con tandas persistentes hasta el cansancio, es una forma de influir en los ciudadanos en un momento importante en la toma de sus decisiones. Agreguemos la subliminal o explícita apelación de funcionarios y militantes contratados por el estado operando en áreas de prestaciones sociales, induciendo a la gente a temer la desaparición de ciertos beneficios si el resultado electoral es contrario al interés del partido del gobierno.

El Frente Amplio está dispuesto a cualquier cosa, contar de no tener que abandonar la plaza conquistada, su conducción, los beneficios que produce y ha disfrutado sin tasa ni medida. Busca y se sirve de la cooperación de grupos interesados en mantener el poder y compartirlo como ciertos liderazgos sindicales que han adquirido especial relevancia a partir de métodos de presión muy parecidos a los practicados en Argentina y que siempre reprobamos. Desarrolla una inversión publicitaria desmedida, en la que se constata un aumento desproporcionado en muchos organismos y entes, en el presente año, año electoral. En algunos casos la propaganda oficial parece coordinada con la propaganda sindical y las dos se dirigen a intervenir en el debate político electoral, obviamente para confrontar con el candidato mejor posicionado de la oposición, en este caso el del Partido Nacional.

No es la primera vez en la historia que el Partido Nacional muestra su gran compostura como fuerza de renovación capaz de remover cualquier obstáculo, pero no por ello debemos admitir como legítimo que todo el aparato estatal se dirija al continuismo, lo patrocine y se desprecie la equidistancia como comportamiento ético, en la contienda democrática.

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