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Ancap, PDVSA y el barbudo

05/09/2014 Sin Comentarios

Ricardo Puglia

El Estado Libre – Asociado de Venezuela de la caribeña isla de Fidel no está pasando muy bien en su transición democrática al socialismo totalitario del siglo XXI y sus signos castristas.

En Panamá, una de las residencias en el extranjero de la diáspora venezolana, muchísimos venezolanos compran leche y alimentos para enviar a sus parientes, no hay medicinas suficientes ni papel para imprimir diarios ni papel higiénico, ni anestesia para las cirugías, ni gasas ni suturas. De 45.000 productos médicos faltan 35.000.

Se están acabando los productos porque hoy si alguien quiere comprar algo en el exterior tiene que pagar por adelantado, ya no hay dólares para enviar al proveedor.

Para ir a Lima la gente viaja en autobús y llega después de cinco días, como el equipo de futbol de Caracas que tomó cuatro aviones, un bus y tuvo que estar en el camino cuatro días. En el aeropuerto de Panamá, Conviasa la compañía aérea oficial de Venezuela no tiene horarios. Las compañías aéreas han cortado cantidad de vuelos porque el gobierno de Maduro no paga los 4 mil millones de dólares que debe desde hace más de dos años.

Está vendiendo la refinería Citgo que tiene en EEUU para hacerse de efectivo en una cifra que no alcanzaría ni a la mitad de la deuda que por us$ 22.000.000.000 mantiene PDVSA.

Venezuela tiene la segunda tasa oficial de homicidios más alta del mundo y si se considera la verdadera tasa, es el primero.

PDVSA, según D. Arbilla, en 1999 tenía 51 mil empleados y producía diariamente por empleado 68 barriles de petróleo. Ahora con la revolución bolivariana y con 140.000 empleados produce por empleado y por día sólo 20 barriles. Es decir, produce 668.000 barriles menos por día, y aumentó casi tres veces el personal con una reducción de la producción del 24%. Con reservas de petróleo de las más grandes del mundo, PDVSA tiene una deuda de 22 mil millones de dólares.

PDVSA también se dedica a la televisión para glorificar las gestas de Maduro, que ahora inventó las huellas dactilares para entrar a comprar en los supermercados y combatir el desabastecimiento, que con buena lógica socialista – castrista, proclama en la televisión estatal que es culpa de los capitalistas, los enemigos del pueblo, de los burgueses, de los contrabandistas y muy pronto de los Estados Unidos también las penurias del pueblo venezolano.

 Su socia, la estatal y monopólica Ancap en Uruguay, hasta hace unos meses dirigida por Raúl Sendic, vende el combustible más caro del mundo, de calidad inferior y perdió sólo en 2013, US$ 169 millones de su patrimonio, finalizando con deudas financieras por US$ 1.551 millones.

Fue calificada por el BROU (Banco de la República Oriental del Uruguay) como un deudor “con capacidad de pago con problemas potenciales” y por esa razón, bajó de la categoría crediticia 2A a la 2B. En su balance 2013, dentro de los gastos de administración y bajo el rubro `otros gastos` hay una partida por US$ 123 millones que no está definido a qué corresponde, mostrando una importante falta de transparencia de sus estados contables. Desde 2005 cuando asumió el Frente Amplio el gobierno, las deudas de Ancap aumentaron un 700%.

ALUR, de la que Ancap es su principal accionista junto a PDVSA, se ubica a juicio del BROU en la categoría 3, deudores con “capacidad de pago comprometida”, y con una deuda al sistema financiero nacional de US$ 116,4 millones.

Hay una regla económica inalterable en el tiempo: cuando el Estado y los sindicatos toman mando de cualquier empresa, la ruina económica y financiera es previsible y garantizada. Los ejemplos abundan, Pluna, Metzen y Sena, la Fábrica de vidrio, Funsa, Agolán, Construcción de Viviendas del Pit-Cnt, Impresos Vanni, Polímeros, etc., siempre las mismas técnicas y siempre los mismos resultados.

La izquierda retrograda del FA no mira los resultados, por lo menos hasta que le alcanza el dinero de los contribuyentes, (después tienen que cubanizarse como Maduro), miran a la ideología y quieren adaptar la realidad a la ideología. Ilusos y fracasados de siempre. No hay ejemplo en el mundo que su ideología funciona, pero ellos insisten. Einstein dijo que los dementes son los que haciendo las mismas cosas esperan resultados diferentes.

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