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Salida para el Mercosur

08/08/2014 Sin Comentarios

Luis Alberto Lacalle Herrera

La organización regional que nos ocupa se aproxima a cumplir 20 años de la entrada en vigencia de sus disposiciones. Veinte años en los que la región y el mundo cambiaron, veinte años durante los cuales también nuestro país ha sufrido grandes transformaciones. El MERCOSUR no ha sido ajeno al paso del tiempo pero sus patologías no responden al transcurso del tiempo que normalmente mejora las organizaciones de este tipo pues amolda a las partes, sino a la pérdida de rumbo y a una elección de rumbo equivocado.

Por enésima vez recordemos los objetivos que buscaba el Tratado de Asunción y que lo que pretendía era “la libre circulación de personas, bienes y servicios” entre los asociados. Vale decir que se buscaba un ámbito económico y comercial que potenciara a las partes ampliando mercados y haciendo a la región muy atractiva para inversores de todo el mundo. Todas las organizaciones regionales que tratan de liberar comercio, se enfrentan a dificultades provenientes de los intereses nacionales que pretenden –legítimamente- defender sus posiciones presentes. La gran tarea es lograr que lo que está escrito se refleje en la realidad.

Entendíamos entonces hace veinte años que poco a poco íbamos a poder desmontar los obstáculos al comercio libre con el consiguiente beneficio para las partes. Previendo el choque de intereses, las diferencias concretas entre países y entre empresas, se fue construyendo un sistema de solución de controversias que dirimiera los referidos conflictos. Lamentablemente los laudos que quedaron firmes en distintas controversias, no fueron cumplidos.

Ante esta circunstancia era necesario, diríamos que indispensable, proceder a la que denominamos “pausa y reflexión”, una etapa de análisis crítico del funcionamiento de la organización regional, evitando continuar la construcción de la misma sobre la base endeble de lo que no funcionaba.

No se actuó en ese sentido sino que se avanzó y se avanzó en un sentido no previsto y a todas luces contrario al espíritu y la letra del Tratado de Asunción. Nació y progresó una tendencia a imitar a la Unión Europea. Desde esa región del mundo se enviaron recursos para organizar lo que se denominó el Parlamento del MERCOSUR.

Con ingenuidad política o falta de conocimientos acerca de la historia el Uruguay y el Paraguay a través de los gobiernos responsables en ese entonces, pusieron parte de su destino soberano en las manos de Brasil y Argentina a través del mencionado organismo supra nacional. Digamos al respecto que en nuestro país se violó la Constitución de la República cuando se aprobó la inconstitucional ley que ratificaba el Tratado de creación del tal Parlamento. Lamentablemente la Suprema Corte de Justicia negó legitimación activa a quienes así lo reclamaron. El parlamento pasó de tener representación igual por cada país a –inevitablemente- a llegar a una representación proporcional en la cual los países grandes ejercieron su supremacía.

Como si fuera poco, se inventó la categoría de “socio político” para introducir por la ventana al régimen chavista de Venezuela. Esta definitiva etapa es la que convirtió al MERCOSUR en una asociación de regímenes de gobierno que se creen iguales o parecidos, con total abandono de las metas de mejora del comercio. Corresponde aquí aunque parezca obvio recordar que son los países, las naciones, las que se vinculan mediante tratados y no los gobiernos que por definición son transitorios. Para los intereses de nuestro país es totalmente indiferente quién gobierne Brasil o Argentina porque nuestras dificultades con uno u otro país provienen de circunstancias históricas y geopolíticas.

Como se verá el panorama es sombrío. En relación a los temas que originaron su creación MERCOSUR no funciona, sí lo hace en lo que no importa a nuestros intereses nacionales. En los próximos dos años cambiarán los gobiernos de Argentina, Brasil y Uruguay. Se trata de una ocasión muy favorable para repensar la organización regional, para realizar un verdadero análisis crítico de su funcionamiento, para revisar la serie de acuerdos suscriptos, y, sobre todo, adecuar el traje al cuerpo y no a la inversa como se ha intentado.

Sobran técnicos que asesoren en cuanto a la fórmula que respete la intención y finalidad económico comercial del MERCOSUR. Es necesario que los gobernantes cobren conciencia de la necesidad de esta transformación porque este tinglado actual no solamente es inoperante, sino que es motivo de desprestigio internacional. Se ha invitado a Bolivia a unirse a nuestra organización.

Si se tratara de agregar ese mercado a la libertad de comercio que debería regir, lo aplaudiríamos. En estas condiciones solo se complica el panorama. El peligro de una policía política internacional se dio cuando se apuñaló por la espalda al Paraguay, prueba clara de que la famosa preeminencia de lo político sobre lo jurídico es algo más que una barbaridad, es un peligro.

Despojar al MERCOSUR de toda connotación política que no sea la necesaria para el funcionamiento económico y comercial es un deber respecto de nuestros intereses.

Acordar un funcionamiento real y en lo que a todos nos interesa es tarea prioritaria para nuestro próximo gobierno.

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