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Gobierno e intereses

08/08/2014 Sin Comentarios

La representación corporativa al estilo de ASSE o ANEP enfrenta muchas dificultades, y algunas de ellas tienden a agravarse con el paso del tiempo. Esto ayuda a entender por qué las sociedades democráticas prefieren la representación política.

Cuando Lenin fingía trasladar todo el poder a los soviets (aunque en realidad lo concentraba en manos del Partido Comunista) actuaba en una sociedad bastante simple, donde la condición de obrero, campesino o soldado teñía casi toda la identidad de una persona. Si todo lo que sabemos de un ruso del año 1917 es que era campesino, podemos hacer suposiciones bastante razonables sobre cuáles serían sus intereses, lealtades y preocupaciones. Pero esta posibilidad se perdió en las complejas sociedades del siglo XXI, aun en el caso de una sociedad pequeña como la nuestra.

Imaginemos un uruguayo medio. Supongamos que es de origen armenio, católico, afiliado al PIT-CNT, empleado de una empresa importadora, residente en Sayago e hincha de Rampla. ¿Cuáles serán las opiniones e intereses de esta persona, a la que vamos a llamar Juan?

Al ser de origen armenio, Juan va a compartir algunas preferencias con otros uruguayos del mismo origen, como el deseo de que se reconozca el genocidio de 1915. En tanto católico, compartirá con muchos católicos una misma preocupación por el futuro de la educación católica. Pero no todos los católicos compartirán esa preocupación, ni todos los católicos que la compartan se interesarán en el genocidio armenio (cosa que sí harán otros uruguayos que no son católicos ni armenios).

En tanto afiliado al PIT-CNT, Juan compartirá con otros afiliados ciertas lealtades e intereses. Entre ellos habrá católicos y no católicos, armenios y no armenios. Al mismo tiempo, Juan seguirá teniendo coincidencias con armenios y católicos no afiliados al PIT-CNT.

Al trabajar en una importadora, Juan tendrá poca simpatía hacia las políticas proteccionistas, que amenazan dejarlo sin empleo. En eso diferirá con muchos afiliados del PIT-CNT. Al mismo tiempo descubrirá que hay armenios y católicos que están a favor y en contra de esta postura.

Complementariamente, al vivir en Sayago, a Juan le preocupa el mal funcionamiento del Corredor Garzón (un tema en el que no piensan muchos católicos, armenios y afiliados al PIT-CNT). Y, como hincha de Rampla, se opondrá a los manejos que perjudican a los cuadros chicos (un tema que deja fríos a muchos uruguayos, incluyendo parte de sus vecinos de Sayago).

¿Qué significa todo esto? Que en cualquier sociedad mínimamente compleja, las personas pertenecemos al mismo tiempo a muchos grupos de interés. En relación a algunos temas defendemos intereses mayoritarios y en otros no. En este contexto, ¿cómo podrían funcionar las instituciones si fueran gobernadas por representantes de nuestros intereses? ¿Cuántos representantes corporativos habría que colocar en esas instituciones para representar las múltiples dimensiones de la identidad de Juan?

También por esta razón, las democracias modernas apuestan a la representación política (es decir, ciudadanos representando a ciudadanos). Unas de las principales exigencias que dirigimos a nuestros representantes es que sean capaces de ejercer la “mediación política”: un arduo trabajo de escucha y construcción de acuerdos que intenta dar respuestas a las complejas demandas que emergen de la sociedad.

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