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AMIA

19/07/2014 Sin Comentarios

Jaime Mario Trobo

El paisaje urbano de las ciudades de nuestra región se ha modificado desde 1994. Frente a los edificios que albergan entidades de cualquier tipo vinculadas a las comunidades judías, en Buenos Aires, en Santiago, en Montevideo, en Asunción, en otras ciudades, crecen unos hongos de concreto, se multiplican las medidas de seguridad, y así derrama sus esquirlas de temor el brutal atentado terrorista propiciado por el gobierno o los gobernantes de Irán de aquella época.

Aquel gravísimo evento que causó 85 muertes y centenares de víctimas, había sido precedido por uno anterior, tan grave como éste, en el que murieron una veintena de personas. En el 92 la Embajada de Israel en Buenos Aires había sido destruida por una bomba terrorista. El mismo método, los mismos móviles seguramente, el mismo lugar y las mismas consecuencias de dolor, de miedo, de incertidumbre, de automatismo, precisamente lo que persigue la práctica terrorista el acecho permanente.

La cercanía geográfica quizás nos despierte una sensibilidad agregada, pero lo que hace veinte y veintidós años ocurrió en Buenos Aires, se ha ido repitiendo a lo largo del mapamundi con inusual sania asesina y persistente propósito intimidatorio. Al azar, Bali, Madrid, Nueva York, Londres, Moscú, cualquier punto del mundo donde han ocurrido atentados terroristas, los seres humanos de este tiempo no estamos a salvo de las esquirlas de una bomba terrorista y sus consecuencias. Detrás de ellos fundamentalismos, religiosos, separatistas, ideológicos, y perversas especulaciones de estados que pueden ser denominados “estados terroristas”.

El terrorismo es el arma más perversa apuntada a la libertad y los Derechos Humanos, la muerte y la mutilación que producen, así como los escombros que constituyen la fotografía del horror y el desamparo, son el teatro presentado para derivar su efecto local e individual a miles y millones de seres humanos. Su propósito es la propaganda, aunque parezca mentira e irracional, es infundir el temor al riesgo, es provocar la quietud ante la amenaza sistemática, es situar al individuo a la defensiva y someterlo a una incertidumbre enajenante. El terrorismo, cuya cara se mimetiza en la sociedad, es una poderosa arma imprevisible cuyos propósitos políticos quieren imponerse.

Este instrumento perverso, elegido por sectas, grupos, corrientes u otros agrupamientos fundamentalistas en ocasiones vinculan sus objetivos y sus procedimientos con el interés de Estados que entre bambalinas los respaldan, estimulan y en casos propician brindando apoyo y financiamiento. Cuba lo hizo durante décadas, instruyó combatientes que en sus territorios de acción se sirvieron de armas, recursos económicos, informaciones, para efectuar actos de estas características y también proveyó refugio a terroristas. También lo hizo Libia como lo ejemplifica el caso del Lockerbie, e Iran como en el caso de AMIA, en cuya compleja investigación, orientada voluntariamente al fracaso por encubridores, al fin se determinó su participación cuando no su iniciativa para el atentado.

En estas horas, cuando se cumplen 20 años de la tragedia de AMIA, y 22 de la Embajada de Israel, mientras la Justicia Argentina reclama del estado Iraní la entrega de funcionarios de jerarquía política (hoy) que han sido identificados como actores principales de este episodio (ayer), la negativa constituye una afrenta y la confirmación de la complicidad que no podemos dejar pasar. Debemos insistir por todos los medios en la demanda de respuesta que debe Irán a las víctimas de estos actos de terror. La persistencia se encontrará con el resultado, tarde o temprano. Los responsable reclamados tendrán derecho a probar su inocencia y desvinculación de los hechos, si ello es cierto, como podrá la justicia probar su vinculación si se confirma. Pero será un hito en una lucha que no cesa, no puede cesar, la lucha contra la incertidumbre y el miedo, la falta de libertad y el riesgo permanente de la violación de los DDHH, que han sido elegidos por el terrorismo como sus víctimas.

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