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Gobierno y naciones

11/07/2014 Sin Comentarios

Luis Alberto Lacalle

Nacimos en este lugar como nación independiente luego de un largo proceso. Condiciones geográficas, especialmente la posesión del mejor puerto natural, fueron el escenario. Decisiones políticas como Tordesillas, el afán de dominación de Buenos Aires, la visionaria jefatura de Artigas y la voluntad de los orientales hicieron que la coincidencia con Gran Bretaña floreciera en 1828 con nuestra independencia.

Pudo haber sido otro el proyecto, más generoso y poderoso, pero la negativa porteña a las Instrucciones lo frustro para siempre. Somos linderos y por lo tanto proclives a tener rozamientos y diferencias pero obligados, en pro del interés mejor de cada uno, a llevarse bien. Algunos temas polémicos no pueden desaparecer, tales como la competencia de puertos o las polémicas sobre uso de los ríos, pero estos aspectos deben de acotarse, buscando amortiguar sus efectos perjudiciales y poniendo voluntad para que no pasen a mayores. En todo lo demás las mejores relaciones son de base, no admiten, en una mínima inteligencia del bien común, dos maneras de encararse.

Llevarse bien es un gran negocio, aparte de ser el clamor de dos naciones con tantas cosas en común. Ello atañe primero a los gobiernos, como responsabilidad implícita en la conducción política de cada país. Pero si los gobiernos fallan , serán las naciones las que deban decir su palabra.

Ni de un lado ni del otro del Plata hemos tenido gobiernos de la talla necesaria. Desde enfrente ciertos núcleos de poder, tanto político como sindical como económico, parecen empeñados en agravar lo que pueda ser cualquier legítima diferencia mutua. El Palacio San Martin empeñado en una trasnochada empresa de borrar los adelantos que en materia de navegación se obtuvieron en la década del 90 y que a ambos países beneficiaron. Los localismos de Entre Ríos buscando explotar, por intereses adjetivos, pasos del desarrollo industrial que de los dos lados del río deberían florecer. Fuerzas muy poderosas económicamente, guarecidas en la administración de la navegación y los dragados convertidas en feudos productores de beneficios cuantiosos. De nuestro lado un manejo incomprensiblemente contradictorio de la relación más importante que tenemos, junto con la del Brasil.

El gobierno del Sr. Mujica ha vivido en éxtasis de admiración ante los gobernantes vecinos. Recibiendo las irrespetuosas menciones “al querido Pepe” cuando correspondía Sr. Presidente de la República Oriental, la burla del tren de los Pueblos Libres y la incorporación a la patota contra Paraguay. Ni uno ni otro de los gobiernos han estado a la altura de un momento especial. Cuando hacían falta estadistas; solo comparecieron practicones….

Pero más allá de las administraciones, que pasan, mucho más hondo que los grupitos que desaparecen o de los negocios que a la larga se denuncian, están las naciones, el conjunto de hombres y mujeres, de empresarios y trabajadores, de intelectuales y ciudadanos del común que quieren llevarse bien porque comprenden que eso es mejor que esto que hoy tenemos. En los cien años que nos separan de la crisis del Tratado Ramírez -Saenz Peña, nunca se había vivido una situación tan grave como la de hoy.

Los gobiernos no la logran solucionar: el argentino porque no quiere y el nuestro porque no sabe o no se atreve. Cabe pues a las naciones a sus fuerzas permanentes sociales el crear un clima de búsqueda de consensos, de aproximaciones mutuas que digan a las claras que las sociedades saben que un buen presente y un mejor futuro radica en la colaboración, los emprendimientos conjuntos propios de limítrofes bien avenidos, de mayor complementación productiva, de explotación racional y compartida del espacio atlántico, de la energía de los ríos, del propios puertos y canales que son complementarios y no adversarios. En materia comercial la más interesada debe ser Argentina, le compramos 1.650.000 y les vendemos menos de 500.00 en 2013. Lo que nos dejan en verano prácticamente lo devolvemos en el resto del año en un turismo mutuo grato para ambas partes. Nuestras industrias fabrican partes para la de ellos y muchos productos luego vuelven – terminados – a nuestro país. Nos trasladaron técnicas agrícolas de primer nivel y debemos colaborar en la investigación científica relativa al agro. El INIA y el INI deben de trabajar en conjunto. Las Universidades deben organizar jornadas conjuntas, no solo sobre el pasado común, sobre el futuro.

En estas instancias de tensión, lamentablemente, no fueron muchas la voces de la dirigencia política que se elevaron para criticar las agresiones del gobierno argentino, con la excepción de un gran cordobés como es el Gobernador De la Sota. Pero son innumerables las expresiones que quieren otro tipo de relación. Estos gobiernos pasan y pasan pronto. Solo serán el recuerdo de una absurda pesadilla. Ya llegara la hora de demostrar que el futuro compartido es lo mejor. Que el comercio se puede multiplicar y que los servicios funcionando correctamente son instrumentales de la prosperidad. Pero debemos empezar. Cada uno en su actividad, en las sociedades o asociaciones que integre debe de proponer encuentros, conferencias, estudios conjuntos. Las naciones pueden más que los gobiernos cuando saben mirar correctamente el camino cuando no están atadas por intereses particulares o siguen aferradas a perspectivas de campanario. Hay que comenzar…

Publicado por el diario El País

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