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Otra vez la costa seca

04/07/2014 Sin Comentarios

Jaime Mario Trobo

En estas horas se conoció la decisión Argentina de licitar la realización de obras para la creación de un nuevo canal en el Rio de la Plata que sirva exclusivamente los intereses del Puerto de Buenos Aires.

El desinterés demostrado desde el inicio de la administración del matrimonio Kirtchner en la solución de problemas comunes en los ríos coadministrados, el de La Plata y el Uruguay, ha sido una constante que agrede las buenas relaciones y retrovierte la situación de éstas a épocas anteriores a los trabajosos acuerdos logrados en ambos temas. En estos días, aunque parezca increíble, el talante de las decisiones argentinas parece iluminado por las pretéritas teorías de Estanislao Zeballos, quien fue en varias ocasiones Ministro de Relaciones Exteriores de aquel país, incluso llegó a ser su representante en la Corte Internacional de La Haya.

Las teorías de Zeballos, conocidas como de la “costa seca”, que sus impulsores y apologistas pretendieron aplicar a Uruguay respecto de los dos ríos mencionados, sostenían que Argentina tenia derechos exclusivos sobre ambos cursos y a nuestro país solo correspondían derechos entre la bajante más pronunciada y el territorio, o sea las playas y las rocas de nuestra costa desde el límite exterior del Río de la Plata y la confluencia del Uruguay y el Cuareim en Bella Unión. Puede considerarlas el lector actual un disparate?, es posible, pero no solo se expusieron y se desarrollaron, sino que fueron causantes en su época de un cúmulo de tensiones e incidentes diplomáticos.

Esta visión, que aún conforma la de muchos argentinos de las elites influyentes, de la diplomacia, la academia, la economía, ciertos lobbies, etc., se enfrentó a la decisión política de algunos gobernantes argentinos quienes como Perón y luego Menem, interpretaron que las relaciones de vecindad y la explotación de los recursos comunes, como es el caso de estos dos grandes ríos, debía ser objeto de cooperación, lo que se plasmó en el Tratado del Rio de la Plata, el Estatuto del Río Uruguay y los acuerdos que dispusieron el dragado y profundización del Canal Martin García.

Uruguay logró en el campo diplomático, con un fuerte impulso político y un espíritu cooperativo y de buena vecindad con los gobernantes argentinos, encontrar nuevos términos en la relación y el ejercicio de sus derechos sobre los ríos.

Pero los hechos de estos días, configuran un retroceso a aquellas viejas teorías de exclusividad argentina sobre los ríos.

Qué relación tiene la noticia de la construcción de un nuevo canal en el Rio de la Plata con el fantasma de estas teorías y su actualización. Si analizamos sus consecuencias, a saber, desinterés por coparticipar en el mantenimiento del actual Puntas del Indio, desinterés en que se procese el dragado y profundización de Martin García, aparece un franco desprecio por las acciones comunes reconocidas en el principio “óptimo y racional aprovechamiento del Río” que conforman el compromiso de los acuerdos. Ello significará mayores costos y contrariedades para nuestro País y su sistema de puertos y servicios logísticos.

Se dirá que hasta que no cambien los dirigentes argentinos sobre los que influyen aún las teorías de Zeballos, que degradan la relación con Uruguay y la retrotraen a un pasado de incertidumbre y conflictos, esto no se resuelve. Quizás sea cierto, pero también es cierto que no podemos despertar el día que se configuran las acciones hostiles como si no estuviesen necesidad de una prolija preparación. Hace tiempo que en la Comisión Administradora del Río de la Plata se conocía este propósito argentino y no puede ser una novedad. La pregunta es ¿que hizo nuestro gobierno y su Ministro de Relaciones Exteriores para evitar que este proyecto se pusiera en marcha?

 

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