Portada » ¡Apoyado!

La privatización de la política

04/07/2014 Sin Comentarios

Diario El País, editorial.

El mundo está cambiando vertiginosamente, y la política no es ajena al fenómeno. Mucho se ha hablado en Uruguay de la invasión de dólares caídos de los rechonchos bolsillos de George Soros para financiar campañas como la de la estatización de la marihuana, o el “no a la baja”. Pero esto es solo la punta de un iceberg que cada día crece en tamaño, y que obligará a políticos y ciudadanos a abrir mucho los ojos a la hora de ver qué pretenden estos “regalos” de manos tan generosas como interesadas.

Un artículo reciente de la revista americana Político relataba un hecho llamativo. Una cumbre en el lujoso hotel Ritz de Chicago donde un grupo de millonarios y poderosos industriales se reunían bajo el más estricto secreto. No se trataba de una cumbre de sangrientos “neocon” planificando maldades al mejor estilo George Bush, sino la reunión de primavera de la Alianza Democrática, un poderoso lobby que se dedica a canalizar fondos y promover iniciativas afines al Partido Demócrata. Se calcula que este grupo, que cuenta entre sus miembros a nuestro benefactor “progre” Soros, ha gastado solo en 2014 la friolera de 200 millones de dólares en estas causas. Y se estima que gastarán más de 340 millones más en apoyar a distintos candidatos durante las próximas elecciones de medio término en Estados Unidos.

Por supuesto que no se trata de un fenómeno nuevo en el gran país del norte. De hecho, este grupo tiene como uno de sus principales motivos fundacionales responder a las actividades de otros poderosos magnates, los hermanos Charles y David Koch. Estos hermanos, herederos de una compañía que es la segunda empresa privada más grande del país, y que tiene intereses que van desde el petróleo hasta los frigoríficos, vienen desde hace años influenciado la agenda política, principalmente apoyando causas libertarias y del Partido Republicano. Particularmente han estado muy activos en enfrentar medidas impulsadas por dirigentes demócratas, como ser el “Obamacare”, o sea el seguro médico universal, y las medidas que supuestamente enfrentarían el cambio climático.

También, y es muy interesante de señalar, fueron los principales opositores al “Acta Patriótica” impulsada por George W. Bush tras los atentados del 11 de septiembre, en el entendido de que atenta contra las libertades básicas consagradas en la Constitución estadounidense.

Este fenómeno de las organizaciones de millonarios que buscan incidir en la política a través del apoyo a candidatos y plataformas afines a su ideología particular se basa en las cada vez más estrictas políticas de financiación de los partidos en EE.UU. Mientras que los partidos tienen fuertes limitaciones a la hora de recibir donaciones y manejar fondos, estos grupos pueden gastar libremente en publicidades, financiar ONG, centros de estudios, investigaciones en universidades, y todo tipo de sistema que permita influir en la opinión pública. Hoy en día cuando se difunden estudios “científicos” y se escucha a expertos, casi tan importante como atender a lo que dicen, es saber quién los financia.

Pero volvamos a Uruguay. Es claro que nuestro país está muy atrasado en cuanto a la reglamentación del modo de financiar las campañas electorales. También todo lo que tiene que ver con grupos de presión, lobbys, y sistemas de comunicación corporativa que bajo cuerda vienen influenciado en forma velada las tomas de decisiones públicas en el país.

Nuestro sistema político se sigue manejando con usos poco profesionales, donde decisiones que implican millones y millones son tomadas por dirigentes que no solo no son conscientes de las implicancias de las mismas, sino que ni siquiera saben quién está detrás o qué se pretende con determinados planteos. Basta ver lo que sucede con la Dinama u otras oficinas públicas, cuyas determinaciones tienen implicancias millonarias y cuyos funcionarios trabajan en la forma más puramente artesanal.

Lo que ha sucedido con la marihuana y la edad de imputabilidad son una señal de los tiempos que vienen. Será cada vez más común que fondos generosos como estos, provenientes de distintos espectros políticos, pretendan influir en la discusión política nacional. Es urgente crear nuevas reglamentaciones para regular los mismos y que la gente sepa quién y porqué apoya determinadas causas. Se sabe, en este mundo, no hay almuerzos gratis.

Envíenos su comentario

Agregue su comentario, o trackback desde su sitio. También puede suscribirse a estos comentarios vía RSS.