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De Pluna a Ancap (y Alur)

27/06/2014 Sin Comentarios

Al tiempo que recrudece la tempestad del caso Pluna en sus dos versiones (Leadgate y la subasta), aparecen en el horizonte nuevos nubarrones de la mano de Ancap y su filial Alur. Es un mal momento para el gobierno: estamos en año electoral y puede golpear al flamante candidato a vice, Raúl Sendic.

Por algo el sector de Danilo Astori, que tiene el manejo de los números y las finanzas de esta administración, se opuso tenazmente a su designación. Más allá de viejos rencores, no hay dudas de que estaba muy preocupado por lo que se viene atrás de esto y no se puede parar.

Ancap presenta un déficit monstruoso, que se agrava con la sola comparación de cifras. En el 2012, fue de US$ 14 millones; en el 2013 el rojo se disparó a una suma que oscila en los US$ 150 millones. Diez veces más y la justificación infantil de su expresidente resulta una ofensa a la aritmética escolar: “La evolución del dólar fue determinante en el resultado” dijo Sendic, pero el dólar subió solo algo más de un 10% que no es lo mismo que un 1.000% y no se trató de un alza imprevisible.

Pero hay más cosas:

1) El balance de cada ejercicio de una empresa pública debe ser aprobado antes de los cuatro meses de iniciado el siguiente ejercicio. Estamos terminando el mes seis y solo se conoce un borrador, pero ni miras de presentar el balance definitivo.

2) El nuevo presidente de Ancap, José Coya dijo al Parlamento que la aprobación del balance (existen diferencias con la auditoría externa a cargo de KPMG) se decidirá en base a “criterios políticos”, algo reñido y totalmente ajeno a este tipo de operaciones que son contables.

3) Según expresó el diputado nacionalista Pablo Abdala, existe además “una pérdida patrimonial” de Ancap. De US$ 1.152 millones se pasó a US$ 852 millones. Nada menos que US$ 300 millones quedaron por el camino, desaparecieron.

4) Ancap es un monopolio. No tiene competencia ni tiene que pelear en el mercado para imponer sus productos (combustibles). Fija el precio que se le antoje y de esa manera Uruguay tiene una de las naftas más caras (sino la más cara) de la región.

5) La empresa se ha caracterizado en los últimos años por lanzarse a aventuras de dudosa rentabilidad. Su gestión ha sido un rotundo fracaso (por lo menos), y no muestra mayor respeto por la sana administración del dinero de los contribuyentes. Este último punto está directamente vinculado con el otro agujero negro que, acompañado de graves denuncias de irregularidades, presenta Ancap y está vinculado con Alur, su hija predilecta, cuya propiedad comparte con ese ejemplo de probidad que es la venezolana Pdvsa.

A principios de marzo, la Comisión de Industria del Senado recibió a representantes de la empresa brasileña Serrana Bioenergía, entre los que se encontraba el Ing. Gabriel Pérez Morgan, quien afirmó que había una “sobrefacturación monstruosa” en la construcción de la planta de etanol de Paysandú realizada a través de Alur. Tras una pormenorizada intervención, Pérez Morgan comparó precios internacionales con los pagados por Ancap y concluyó que la planta no cuesta más de unos US$ 40 millones y fue adjudicada a una empresa española en US$ 90 millones.

Sendic se sintió afectado y pidió una rectificación, pero el ingeniero radicado en Brasil hace más de 30 años ratificó sus dichos y ahora, tras una denuncia por “difamación” el tema quedó en manos de la Justicia.

No fue nada feliz la actuación de Ancap en la primera audiencia celebrada la semana pasada, que pretendió negarse a presentar los contratos firmados por Alur para construir la planta y fue obligada a hacerlo por la resolución del Juez Pedro Salazar (Penal 2° Turno), a solicitud del Fiscal, Carlos Reyes. Ese secretismo con que el Estado quiere manejar sus informaciones y sus negocios (la ley de Acceso a la Información se ha convertido cada vez más en una farsa) es una mala costumbre que no puede extenderse a la esfera del Poder Judicial.

Con Alur de por medio (empresa pública regida por el derecho privado), Ancap evita el control del Tribunal de Cuentas en sus negocios y, lo que gana en celeridad para concretarlos, lo pierde en transparencia. Eso es malo y peligroso. Se entra en una nebulosa con los dineros públicos y, para colmo de males, los únicos que no tienen sindicato que protejan sus intereses en este país, son los uruguayos. Pero afortunadamente tienen otras armas: la Justicia y el voto.

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