Portada » Actualidad

El duro camino a octubre

12/06/2014 Sin Comentarios

Alejo Umpierrez

En estos días los blancos por mitades cargamos con sensaciones contrapuestas. Alegría por un lado y desazón por el otro lado. En la mitad mayoritaria, perdónese el oxímoron, puede caerse en un triunfalismo fácil; y en la otra mitad, en la desmovilización y el desincentivo. Contra ellas queremos advertir.

Cualquiera de los dos caminos conduce a la derrota. Por ello nos impone como Partido, unidad de acción y madurez.

El Frente Amplio se restrega las manos desde el entendido que el campo es fértil para la caza de un voto “wilsonista” y a ello apostará sin duda.

Lo primero al respecto es que pienso que tal campo fértil hace rato que se acabó. Todos aquellos blancos que sintieron en el pasado que el partido no los expresaba ya migraron, e incluso algunos comienzan su retorno.

Lo segundo es que el Frente Amplio ya carece de magia y novedad. ¿Qué otro voto nacionalista que no captó en el pasado podrá captar hoy? ¿Hay algún blanco de cualquier sector y corriente hoy día dispuesto a darle un voto a Tabaré Vázquez, luego de 10 años de gobierno y con todos los zafarranchos a la vista?, ¿Puede ver un blanco en Vázquez – un previsible eco de lo que dijo hace una década – un atractivo electoral mejor al candidato nacionalista? ¿Por qué creer en cambios prometidos desde quienes son hoy gobierno y pueden articularlo todo ya?

Por otra parte actualmente al margen de matices y sensibilidades las diferencias internas se han achicado sin renegar nadie de sus raíces y ambos sectores incluyeron entre sus huestes a nacionalistas de diverso origen; lo que ayuda a dar al Partido una visión más heterogénea de sus sectores. De todos los pagos hay un paisano y eso es bueno, porque ayuda a borrar viejas rayas divisorias entre el nacionalismo independiente y el herrerismo; que sin perjuicio de expresar sensibilidades y visiones diferentes, se han matizado, interactuando y enriqueciéndose mutuamente de manera que todos los blancos llevamos algo dentro de nuestra alma y mente que es influjo de ambas raíces.

Sin duda pasado el trance electoral, los blancos conformaremos una fórmula que exprese la unidad del Partido y sus matices. Y sin duda Larrañaga, un blanco sin mella, pondrá de pie a una sólida estructura que competirá en pie de igualdad con la de Lacalle Pou, tal cual sucedió en el 2009, donde se llevó la mitad de los senadores del Partido.

Y es más, su visión y su participación es central para el futuro del Partido; de la misma manera que si hubiera sido otro el resultado, lo sería la acción del hoy candidato triunfante.

Debemos prepararnos para un embate feroz del Frente Amplio que volcará una masa de recursos económicos desde la propaganda oficial en primer lugar y desde los tesoros partidarios, que causará asombro.

El aferrarse al poder todo lo estimula. Pero a prepararse. El peor embate no será el económico. Tendremos que estar con el alma muy templada. Veremos agravios de dirigente y militantes – hasta soeces – de todas las dimensiones atacando al Partido y a su candidato y dirigidos obviamente además a generar división interna.

Las redes sociales serán un campo privilegiado por primera vez del debate y también del agravio. Y allí cada nacionalista deberá defender su opinión. Es un viejo país y una vetusta forma de hacer política que se resiste a morir pero que no debe encontrar eco de nuestro lado.

Por otra parte nuestro mayor orgullo que es la democracia interna y ser un partido de libertades; se transforma en un escollo económico de cara a octubre y noviembre. En junio lo blancos definimos quién nos representa y ello nos hace echar el resto en términos monetarios; mientras que la izquierda guarda sus baterías todas para volcarlas en octubre.

Ello exigirá una cuidadosa planificación económica de la campaña para poder competir en pie de igualdad con el “caballo del comisario”.

Saben ellos que está harto comprometida la mayoría parlamentaria en octubre y saben que si no llegan a ella – como es más que posible -; el Frente Amplio no puede exhibir a la población la posibilidad de estructurar un gobierno de coalición que de estabilidad a un gobierno; el que sí puede armar la oposición.

La población está cansada de las mayorías absolutas que solo han servido para funcionar como aplanadoras, sin escuchar – y obviamente mucho menos incluir o representar – a la otra mitad del país.

El tiempo de las mayorías absolutas se acabó. Y el Frente Amplio sin mayorías no puede gobernar; es más: un gobierno de la izquierda sin mayorías absolutas conduce inevitablemente a un fuerte enfrentamiento institucional que el país no necesita ni desea. Por eso saben – sabemos – que al perder la mayoría absoluta se les escapa el gobierno de las manos en noviembre.

El Partido Nacional, fiel a su nombre, debe ser el eje de la representación del país en el gobierno. Incluyendo no solo a colorados e independientes, sino también a frenteamplistas, en un gobierno de talante nacional. Tenemos que ser capaces de generar un tiempo nuevo que entierre las trincheras y los conflictos que nos dividieron por 50 años.

Menuda responsabilidad la de Lacalle Pou para estructurar este eje opositor con carácter proactivo para generar una esperanza de cambio. Su juventud luego de ser un lastre, se transforma paulatinamente en un activo. Su triunfo ayuda al sistema político en general a renovarse y genera una brecha que comienza a ser el principio del fin para la generación política del 60 y eclipsa lentamente a la del 80.

Eso traerá una marejada de nuevos dirigentes partidarios y ayudará a la renovación. La gente empieza a visualizar que el tema no es solo de edad; sino de cómo se entiende el mundo hoy día. La modernidad surge a veces apenas de detalles que denotan la sensibilidad de un nuevo tiempo como lo fue la traductora para sordomudos en el discurso posterior a la confirmación del triunfo.

La renovación del Partido empezó con duro vía crucis que recorrió todo el país en 2010; pero ¡cuidado!; todavía no ha terminado. Tenemos que seguir recorriendo el camino de la conquista del centro político y para ello es necesario enfatizar una visión social de nuestra sociedad, abierta pero inclusiva, representativa de todos sus colectivos y donde esté presente  aquello de que a cada cual según sus necesidades y de cada quién según sus aptitudes.

No podemos ser un partido con un liberalismo de salón, sino arraigado en los problemas del común de la gente, traduciendo insumos sociales en propuesta y acción política.

El Siglo XX ya fue y hay un mundo nuevo que exige ser expresado y tenemos que ser herramienta para ello.

Creemos que vamos por el buen camino y el énfasis en lo social es central para anclar en el electorado de centro que tiene que ver en nosotros un Partido que aspira a un cambio en lo institucional y a una mejora y profundización en políticas sociales de excelencia y que se dirija a sectores hasta ahora postergados como los ancianos, los jóvenes, los discapacitados, minorías religiosas, étnicas y sexuales que nos urbanice y cosmopolitice definitivamente.

El desafío no es menor y el camino no será un lecho de rosas sino de espinas. Tabaré Vázquez no tiene desde hace rato la alfombra roja tendida rumbo al poder.

Todos los blancos sin excepción debemos asumir el compromiso partidario de encolumnarnos tras la fórmula presidencial como esperanza de cambio. Un barco en el que vamos todos a buen puerto o todos naufragaremos; porque el destino es común.

La victoria es más que posible, solo depende de nosotros.

Envíenos su comentario

Agregue su comentario, o trackback desde su sitio. También puede suscribirse a estos comentarios vía RSS.