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Un trueno renovador

06/06/2014 Sin Comentarios

Ricardo Reilly Salaverri, diario El País

No muchos años atrás cuando una persona tenía 60 años de edad se hablaba del “sexagenario”. La palabreja estigma de vejez especialmente aparecía en las noticias policiales:”Sexagenario murió atropellado por un auto”. Uno mismo en la plenitud de la edad y de las fuerzas tenía la sensación de que la alusión era para alguien extremadamente viejo.

Ahora cuando se cruza el mojón de los 60 el comentario es “”¡Qué joven que sos!”. Se dice que en la actualidad merced a la evolución de la ciencia todo pasa más tarde. No obstante, la experiencia de la vida va dando señales de que con el tiempo hay circunstancias que no serán más. Y… de los 70 hacia delante las respuestas de la biología como dicen algunos, incluyendo las de la memoria y la rapidez mental, ingresan en un atardecer inevitable.

Si por un lado los años de vida se extienden hay una prueba que nos expone a un desafío cotidiano. El progreso científico y tecnológico ahora crece diariamente de forma exponencial. A cada instante, todos los días de la mano especialmente de la electrónica y la cibernética surgen instrumentos y procesos nuevos cuyo dominio es casi imposible, particularmente para las personas de más años. Sin embargo vemos a nuestros nietos de corta edad jugar naturalmente con la computadora y entretenimientos para los grandes inaccesibles. Cuando el santificado Papa Juan Pablo II dio misa en Tres Cruces, en Montevideo, dijo un concepto que repito textual, no literalmente: cada generación nace con un sentido de las realidades del tiempo en que le va a tocar vivir. Frente a los cambios que están ahí no hay derechas ni izquierdas, hay quienes se adaptan y quienes permanecen en un sótano ideológico pleno de prejuicios.

Así estamos hoy sin seguridad, atención sanitaria eficiente y educación públicas bajo la conducción de un octogenario presidente al que restando tiempo para el fin de su mandato dice le aprietan los zapatos del cargo y anhela sacárselos cuanto antes.

Trasladado a la arena política, los países, nuestro país, precisan gente razonablemente joven y preparada, con criterio abierto, con capacidad para encaminar las circunstancias económicas favorables —y de ser necesario las crisis— con capacidad y percepción cabal de las circunstancias de la nueva realidad. Afirmado lo cual referiré a las recientes elecciones internas de los partidos políticos que viene de celebrarse.

La interna frentista eligió a un candidato que dice que van a hacer en el futuro todo lo que no hicieron o hicieron mal en una década de gobierno. Como ha dicho su rival Constanza Moreira pasa que es un hombre inevitablemente grande. Cruzó los 70 años. Y, vive en el pasado.
El Partido Colorado tuvo una interna con liderazgos jóvenes, Bordaberry y Amorín, éste último cabeza de un sector que resultó minoritario que contradijo todos los pronósticos de los “encuestólogos” y votó mucho mejor de lo augurado.

El Partido Nacional en el que se daba una carrera competitiva dio lugar a la sorpresa más inesperada en la previa. El Dr. Luis Lacalle Pou, en una campaña rápida e impresionante ganó por escaso margen a quien parecía sería el triunfador, el Dr. Jorge Larrañaga, un compatriota joven también, combatiente y honesto, que no dudamos por la fuerza de su moral y sus convicciones estará muy pronto nuevamente en combate.

Hubo un trueno de modernización nacional.

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