Portada » ¡Apoyado!

La corrupción

16/05/2014 Sin Comentarios

Juan Martín Posadas, diario El País

El suplemento dominical de El País ha publicado una larga entrevista a Lanata, conocido periodista argentino. Refiriéndose a nuestro país Lanata dejó caer dos observaciones que han de haber resultado chocantes a muchos uruguayos, como lo fueron par mí.

Dijo el mencionado periodista que el Uruguay es un país que se tira a menos, que quiere hacerse querer en base a desdibujarse; el uruguayo detesta destacarse, nadie quiere sobresalir. Podía ser —pensé— que Lanata se hubiese confundido y malinterpretase aquellas características uruguayas que han señalado Rama o Real de Azúa y que siempre hemos considerado positivas: ser un país de cercanías, de clase media, de moderación y de medianías. Pero también pensé que ha corrido mucha agua bajo los puentes desde aquel Uruguay amortiguado que estudió Real hasta hoy y que hay muchos compatriotas —algunos en encumbrados lugares sociales— que nunca leyeron a Rama y que han abrazado alegremente la confusión entre medianía y mediocridad.
También me chocó otra afirmación del mentado periodista: dijo que en Uruguay hay la misma corrupción que en Argentina y que si acá se roba menos que allá es porque acá hay menos para robar. Así nomás, sin matices.

Tal afirmación es hiriente, sobretodo viniendo de un argentino. Pero, por otro lado, afirmar que algo es mentira solamente porque nos disgusta es un modo infantil de esquivar la cuestión. El tema de la corrupción política o de la corrupción en los actos de gobierno está firmemente instalado en el panorama actual de nuestro país y lo está por sobrados motivos. Hay de todo un poco, desde el remate fantasma de Pluna y los avales truchos del BROU hasta el manejo doloso de fondos sindicales para un enorme y sigiloso plan de viviendas, pasando por el perdón presidencial a una deuda con la DGI y la ambigua propagando de Ancap pro Sendic.

Pero lo que quiero subrayar no es el catálogo de casos sino la reacción del Frente Amplio y de los jerarcas del gobierno. Las reacciones han sido más reprobables, si cabe. En cuanto se destapa un caso se organizan procesiones de desagravio al domicilio de los procesados; Ministros, Senadores y frenteamplistas del común salen en peregrinación con cánticos y estandartes. Siempre son víctimas: nunca un “vamos a ver”.
El Dr. Vázquez hizo famosa una frase: nosotros podremos meter la pata pero nunca meteremos la mano en la lata. Balandronada de fanfarrón que ha hecho camino entre los incautos (o entre quienes eventualmente la necesiten). El dirigente verdaderamente honesto sabe que puede haber corrupción en cualquier parte y no dice nosotros somos impolutos e incorruptibles sino que dice: estoy dispuesto a investigar cualquier sospecha y apartar al culpable, sea quien sea. El Frente Amplio creyó que toda la honestidad disponible en el Uruguay se encontraba encerrada y custodiada dentro de sus límites partidarios y filosóficos. Tienen Comisión de Ética —conozco y estimo a alguno de sus integrantes— que está desocupada; como dicen los muchachos, está pintada, nunca le han llevado ninguno de esos asuntos que han terminado en los juzgados.

Lo que nos hace parecidos a nuestros vecinos de la otra margen no es el volumen de la corrupción sino la hipocresía con que se están enfrentando las fallas humanas que todo grupo o partido tiene en su entraña. Aquella severidad vigilante del Uruguay de antes se ahogó en la sopa. Definitivamente.

Envíenos su comentario

Agregue su comentario, o trackback desde su sitio. También puede suscribirse a estos comentarios vía RSS.