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“Vamos bien”

08/05/2014 Sin Comentarios

Luis Alberto Lacalle, publicado por el diario El País

El juicio del candidato frentista ha sido contundente. Sin explicitar si se refería a la coalición o al país, el veredicto no deja lugar a dudas. Ocurre que la realidad es terca y notoriamente refleja lo contrario. Analizaremos este prematuro juicio y su parecido con la realidad que percibimos.

El Dr. Vázquez ha ingresado a la contienda electoral en forma adelantada, seguramente que requerido por los malos vientos que ha generado la gestión de su colega Mujica y las peripecias que va viviendo la otrora exitosa coalición. Hubo que echar mano al galeno para tratar de mejorar el ánimo y la realidad, muy comprometidas por las andanzas presidenciales, los choques internos y los tironeos de los grupos.

Se trata de un Vázquez distinto al que conocimos desde su éxito municipal de 1989, cambiado respecto del presidente que nos condujo. Otro semblante, menos carga de entusiasmo, menos cuidadoso en el lenguaje y hasta falto de su tradicional respeto por los demás. Colocado en el difícil trance de distinguirse de la actual tribu y a la vez de no alejarse mucho de sus sostenes políticos, ha adoptado por la definición optimista el impulso auto elogioso como manera de empujar a las huestes hoy cansadas y desilusionadas.

Vale la pena detenerse en la proclamación de que “vamos bien”. Si se refiere al Frente, no es cierto. Si lo hace respecto del país, tampoco. La otrora sólida y disciplinada falange frentista muestra signos de discordia, más allá de lo normal en una agrupación que une a tan diversos militantes políticos. Varias veces se ha tenido que recurrir a la disciplina partidaria ante confesas divergencias en temas de actualidad. Hay senadores que anuncian que se les ha forzado a votar en determinado sentido, un número similar dice que lo hace ante la presión de las barras repletas de los compañeros del Pit -Cnt. La gestión municipal no deja de traer problemas por sus resultados y por presión de ADEOM. Suponiendo que el triunfo está en la bolsa, la arrebatiña por la vice presidencia se larga a todo trapo mientras esmirriadas asambleas de los muy fieles tienen que aplaudir. Paralelamente la amenaza de Constanza se ha hecho mayor que lo que se calculaba y la doctora le suelta al competidor verdades que los verdaderos frentistas encuentran fundadas cuando no atractivas.

En el caso de que la definición del candidato se refiera a la situación del país, la cosa se pone bastante más fea. No hace falta ir muy lejos para encontrar, en las propias filas coalicionistas, los juicios críticos. El propio Dr. Vázquez insiste en hablar de lo necesario que es ocuparse de la seguridad y de la educación, olvidando diez años de control absoluto de ambas actividades gubernativas. Juega desembozadamente la carta de Astori, una vez más. Recuérdese que la mención de este compatriota como futuro Ministro de Economía, rindió buenos dividendos de gente que creyó en la seguridad que ese nombramiento agregaba. Hoy, como si nada hubiera pasado, se saca al ruedo al ponderado economista, aspirando al parecer a que la gente tropiece dos veces con la misma piedra.

En similar sintonía parece ubicarse la selección del equipo asesor del candidato donde se optó por aquello de que más vale malo conocido que bueno por conocer. No otra conclusión se puede extraer de la conjunción de Bonomi, María Julia Muñoz, Rossi… todos de no muy buena performance en el gobierno. Nadie puede creerle al Dr. Vázquez cuando así define el momento que vivimos.

No puede pretender que en materia de seguridad se le crea, las noticias cotidianas gritan otra cosa. Los barrios de Montevideo y del interior viven otra realidad. Que vaya el candidato a afirmar que vamos bien en los barrios donde se combate día a día por la vida, que les diga en la cara a los vecinos que ya no saben que inventar, que están bien entre rejas, alarmas, armas y miedo.

Ni que decir de la educación a la que el pretendiente regaló la cuota de poder de la que hoy hacen gala los intereses corporativos que dirigen esta rama de la administración. Tampoco la economía responde al optimista juicio del candidato. Ayer con la conducción directa de Astori, hoy con los muchachos de su equipo, los números, siempre tan tercos y concretos, se niegan a doblarse ante el voluntarismo. La inflación preocupa a todos y no menos al gobierno, que ha tenido que recurrir a todo tipo de manganetas para maquillar el fin de año. No hay nivel social que no se sienta azotado por la carestía de todo, desde el alimento a la ropa.

El peso de los impuestos es un capítulo aparte. En Código País, el Dr. Vázquez tejió el elogio del IRPF, faltando a la verdad –una vez más- al afirmar que es un impuesto a la renta. De ello solo el nombre, tal cual el Banco de Previsión Social no es un banco porque así se llame, el mentado impuesto es a los ingresos brutos, nada de renta obtenida luego de los descuentos, que caracterizan a este tributo. Ni que decir del rumbo de la inexistente obra pública, el gran déficit del estado durante estos nueve años. Para no mencionar a la política exterior que nos ha dejado más aislados que nunca. No vamos bien, el balance es deficitario.

No vamos bien, de nada sirve tapar la realidad. Vamos mal hasta que nos saquemos al Frente Amplio de encima.

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