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Lo que hay que hacer

11/04/2014 Sin Comentarios

Oscar Silveira

Estamos en un momento de incertidumbre, el gobierno de Mujica más que el continuismo que vendía la publicidad del Frente Amplio en el poder, ha sido un esfuerzo sin mucho sentido para el común de la gente.

En ese desgobierno las corporaciones, en especial la sindical, han ganado un poder que tiene de rehén a las decisiones colectivas. Mucha gente se pregunta quién gobierna, y mucha gente parece comenzar a pensar cómo será el tercer gobierno del Frente Amplio. O aún más ampliamente, ¿ha valido la pena darle 10 años al Frente Amplio?.

Las cosas han cambiado, hace un año se daba por cierto que el retorno de Tabaré Vázquez a la presidencia era un seguro de estabilidad, una vuelta a la sensatez. Hoy eso parece superado o quizás el que parece superado es el propio Tabaré Vázquez. El gobierno de José Mujica ha generado un monstruo con muchas cabezas que no se sabe para que lado va ni que objetivo tiene, más allá de mantenerse en el poder y con sus privilegios. Es hasta difícil identificar quien lidera, quien acompaña y quienes se benefician.

De esa manera, como lo fue la crisis del 2002, ahora otra crisis más de carácter institucional, obviamente menos movilizadora pero no menos existente marca un posible quiebre en la opinión pública. Por primera vez, el tercer gobierno del Frente Amplio encabezado por Tabaré Vázquez parece en duda o de nuevo, él parece estar dudando. Aparece poco, sin discurso, sin la mística ni el magnetismo. Ya no se sabe a quien le habla ni que propone. Se rompió el romance y el misticismo.

Por tanto, está latente un nuevo proceso en el cual un número importante de votantes comienzan a ver que alternativa existe y ahí comienza el verdadero desafío de los candidatos de la oposición: el modelo de país que se ofrece. Las características personales de los candidatos están o estarán claros en breve pero la gran duda -la diferencia del éxito o el fracaso de los partidos fundacionales- está en que se propone, en que país están pensando.

El gran peso para blancos y colorados sigue siendo el recuerdo colectivo del 2002 y el uso que le da el Frente Amplio para autojustificarse continuamente. Y es el resultado del gobierno de los partidos tradicionales mas cercano en la memoria, realidad a recordar todos los días.

En primer lugar, hay que hacer que eso es pasado, fue el resultado de una coyuntura y de decisiones que ya no son válidas para comparar con lo que se hará en el futuro.

En segundo lugar, hay que conjugar una serie de propuestas concretas dentro de un marco de visión de país que sea atractivo y todos tengamos un lugar en él. Hay que hablarle a todos, de forma convincente y lejos del discurso populista. La cercanía de lo auténtico y tener la preocupación real de los problemas de la gente. Eso se ve y se siente.

En tercer lugar, el esfuerzo colectivo de llegar a todos lados. La tarea de equipo, el cambio de cultura política. Ya no se puede ir detrás del candidato, hay  salir a replicarlo para multiplicar el sentido de presencia. Hay que olvidar el sillón y acordarse de que el candidato necesita ayuda para revertir una situación de evidente inferioridad comunicacional. Tenemos que generar una ola de opiniones que salga desde abajo para masificarlo.

En definitiva debemos sumar el ser y el creer. La síntesis de tener la convicción de que podemos construir una sociedad mejor para todos y que a la vez somos nosotros los que podemos hacerlo y no otros.

El tiempo de la moral autoconstruirida por la izquierda (nosotros somos los buenos y ellos los malos) se está desmoronando, hay que forzar para que caiga y haga ruido. Ahí se verá si el Rey está desnudo y no tenía nada nuevo que ofrecernos.

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