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Juventud, divino tesoro

27/03/2014 Sin Comentarios

Oscar Silveira

Ser joven más que un delito, como les quieren hacer creer desde el gobierno, parece ser una enfermedad (que se va con el tiempo). Desde décadas tenemos documentos mas o menos grandilocuentes que dan una y mil vueltas sobre la problemática de la juventud en nuestro país. Los problemas y los desafíos son casi comunes, como lo es el propio papel que juega este grupo etario en las  diferentes sociedades.

El Frente Amplio parece no encontrar respuestas claras frente a las políticas específicas para la juventud. El gobierno de Tabaré Vázquez careció de propuestas y acciones, esa desatención se dio por dos factores, en primer lugar por la visión imperante en el Ministerio competente que descreía de las políticas localizadas y por otro lado por la propia falta de sensibilidad del papel que este grupo tiene en nuestra sociedad. En este segundo gobierno, hemos tenido una presencia mayor en el debate pero más en el papel que en la realidad. Algunos programas pilotos o la ampliación de programas que existen desde décadas a los que se le han vuelto a potenciar, con nombres diferentes pero dentro de la misma lógica, con los mismos errores y aciertos.

El punto central es que más allá de todo seguimos sin responder el principal problema de la juventud. Los jóvenes como dice la primera frase no son peligrosos, son en realidad invisibles para la sociedad uruguaya. Los jóvenes aparecen en hechos esporádicos y de impacto informativo, no hay una atención focal sobre sus problemas y los potenciales aportes de la juventud en nuestra sociedad. Los jóvenes no funcionan en lógica corporativa ni tienen quienes los defiendan. Mientras no transformemos esta visión, ninguna política o acción pública tendrá impacto real.

Así para que trabajar seriamente para los jóvenes, que en poco tiempo ya no lo serán, requiere rápidos reflejos pero principalmente cambios estructurales.

Políticas públicas de juventud existen desde los noventas y en las crisis por la necesidad o en la bonanza por la desidia los hemos ido dejando en segundo plano. Ya desde hace 15 años se dice que la juventud es un recurso estratégico para el desarrollo. Son los recursos mas adecuados y preparados para responder a la dinámica y el ritmo de cambio en que vivimos. Eso es un hecho que nadie puede rebatir, pero para que eso pase lo público deben adecuar las estructuras y los soportes para que ese recurso se perfeccione, crezca y cumpla dicho papel colectivo.

Ahí está el gran error, la juventud quizás ni necesite de una instituto o ministerio específico y seguro que no requiere de decenas de sociólogos escribiendo “papers“, requiere de un cambio de prioridades de quienes están en la cadena de formación en la que pasan los jóvenes. Está en la necesaria reforma educativa, en la necesaria transformación de la infraestructura disponible para ellos, está en un cambio en la iniciativas culturales, la promoción de modelos que estimulen a los jóvenes a buscar nuevos horizontes. Requiere de oportunidades para que los jóvenes viajen, intercambien experiencias, estudien en el exterior y busquen sus caminos de vida autónoma.

Los jóvenes son potencial, es el único momento en donde el ser humano no cree tener límites (todo es posible en la mente del joven, o ¿ya lo olvidamos?). Ese momento es la clave para que todo cambie. Es la revolución positiva y es el cruce de caminos que termina con la reproducción de la cultura de desigualdad y discriminación. Los jóvenes deberían ser mas valiosos que el oro, son sin duda nuestro mayor tesoro.

Así que dejemos a los jóvenes en paz, no los usemos con frases que solo los estigmatizan y transformemos la sociedad para que ellos marquen los caminos que nosotros luego debemos seguir.

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