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“No va a funcionar”

21/02/2014 1 Comentario

Pablo Da Silveira, diario El País

La aparición de los liceos gratuitos de gestión privada (como el Jubilar, Impulso y, a partir de este mes, el Liceo Providencia) ha dado lugar a una industria de argumentos dirigidos a descalificarlos.

No pasa mucho tiempo sin que aparezcan declaraciones o artículos de prensa que sostienen que esos liceos son casos de falsos éxitos (por ejemplo, porque seleccionan a sus alumnos), o que son demasiado caros, o que no son replicables ni sostenibles en el tiempo porque dependen demasiado de impulsos personales, o que no son ninguna novedad porque indirectamente están subsidiados por el Estado.
Hay algunos momentos del año en los que esas voces se vuelven especialmente audibles. Y uno de esos momentos es ahora, cuando estos colegios empiezan a dictar clases mientras los institutos públicos siguen cerrados. Parecería que esa disposición a ponerse a trabajar temprano resulta irritante para algunos.

Casi todos los argumentos que se emplean para intentar descalificar estas experiencias son rebatibles. Por ejemplo, no es verdad que los logros de estos institutos puedan explicarse en función de procesos de selección previa, y mucho menos cierto es que la enseñanza pública no seleccione (lo hace de varias maneras, pero la más masiva consiste en estimular el abandono de los estudios). Tampoco es cierto que sean demasiado caros, especialmente si se mide el costo por egresado y no por alumno inscripto a principio de año (un dato puramente burocrático que no refleja la realidad). Tampoco es cierto que no sean replicables ni sostenibles en el tiempo, como lo muestran muchas experiencias a nivel internacional. En cuanto a que reciben un subsidio indirecto del Estado, eso es obviamente cierto. Pero eso no les quita novedad ni es un dato vergonzante. Al contrario, es una prueba más de que hay mejores y peores maneras de usar los dineros públicos.

También es posible mostrar que detrás de esas críticas hay a veces un manejo malintencionado de la información. Hace pocos días, un medio de prensa hablaba del costo por alumno presuntamente alto del liceo Impulso, sin aclarar que manejaba datos correspondientes a su primer año de existencia, cuando sólo estaba ocupada una pequeña porción de su capacidad instalada.

Pero, más allá de todo eso, lo que impacta es la necesidad psicológica, casi el disfrute, de poder afirmar que estas experiencias no son válidas o no van a funcionar. Parecería que su eventual fracaso fuera un motivo de festejo, cuando la verdad es lo contrario.

La enseñanza pública tradicional no está consiguiendo ofrecer oportunidades a la población más vulnerable. Son justamente esos uruguayos los que más padecen el abandono precoz de los estudios, la mala calidad de aprendizajes y la alta repetición. Si estos nuevos institutos privados fracasan, o resultan ser excepciones no generalizables, habremos reforzando la condena que pesa sobre muchísimos uruguayos y no habremos adelantado un solo paso en la búsqueda de soluciones globales. Si tienen éxito, en cambio, no sólo estaremos ofreciendo un camino mejor a muchos compatriotas sino que habremos avanzado como sociedad.

Desear, disfrutar o aplaudir el fracaso de estas iniciativas es un acto de brutal insensibilidad social, sólo explicable por una feroz intoxicación ideológica o por un compromiso con intereses que no son los de los alumnos ni los de sus familias.

http://www.elpais.com.uy/opinion/no-funcionar.html

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