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Un “modelo” que se derrumba

07/02/2014 Sin Comentarios

Jorge Caumont, diario El País

El “modelo K” se derrumba y el gobierno sin nociones macroeconómicas coherentes y realistas, decide acciones ingenuas e ineficaces para que se cumpla su voluntad de evitar mayores devaluaciones, menores pérdidas de reservas y abatimiento inflacionario.

Objetivos imposibles de lograr en un escenario político en el que la re-reelección se aleja como meta de Fernández y que tampoco será propenso para que cualquier delfín de la presidenta, que tanto mal le ha hecho a nuestro país, pueda aspirar con cierta chance a extender el experimento económico lanzado por su esposo y por ella extendido. Su “modelo” ha sido alabado por varios países en América e incluso en el nuestro, pero desde hace cierto tiempo hay despegues que cambian a la aprobación por el silencio. La política macroeconómica que en su nueva versión permite una mínima salida del cepo cambiario, que continuará sin levante absoluto a la vista, traerá una acentuación de los efectos adversos que ya el “modelo” tiene sobre nuestro país, desde su inicio una década atrás.

EVOLUCIÓN

Como se sabe, las tasas de interés constituyen el núcleo del sistema capitalista y como variables centrales en los diversos países, determinan los flujos de capitales internacionales.

Casi nulas en Estados Unidos y en otras naciones desarrolladas han sido la causa fundamental de la expansión, por largo tiempo, de la mayoría de las economías emergentes. En el caso de las de la región han sido factores claves de la expansión de la última década por haber permitido el derrame de los beneficios que provoca una tasa de interés baja y cuyo nivel, en el pasado, les jugó en contra. La justificación del aserto es la evidencia empírica que muestra que con manejos macroeconómicos sumamente diferentes tanto Argentina como Brasil y nuestro propio país se han expandido a tasas altas en los últimos diez años. Tal vez por tener un punto de partida muy bajo de su producción de bienes y de servicios pero aun cuando consideramos bases de comparación altas luego de varios años de expansión, han seguido creciendo a ritmos bien por encima de la tasa natural de crecimiento, la que permiten crecer las dotaciones de factores productivos de un país. Pero si el nivel prácticamente nulo de la tasa de interés mundial benefició a países como Uruguay y Brasil, nadie hubiera apostado que Argentina podría eludir la condena del mundo financiero y de los inversores, dado su rechazo en diciembre de 2001, a pagar la deuda externa en sus condiciones iniciales. Asimismo, por el desprecio demostrado por las autoridades a los derechos de propiedad privados.

El camino económico para afianzar políticamente al kirchnerismo ha sido el intervencionismo estatal bajo numerosas formas y una combinación de políticas fiscal, monetaria y cambiaria que tendrán a pesar de las medidas recientes, un dramático desenlace. Al “modelo” kirchnerista lo sustentaron estatizaciones como las de los fondos de pensión y la de Repsol entre otras, los controles de precios y de cambios incluyendo al “cepo” desde octubre de 2011 y de tasas de interés bien por debajo de la inflación, el proteccionismo ante la competencia del exterior incluso y despiadadamente la proveniente del Mercosur, los impuestos a las exportaciones de productos del agro, el alto gasto público con subsidios generalizados, el financiamiento de un déficit fiscal creciente y abultado con créditos del banco comercial estatal y con emisión de dinero por el Banco Central y con otras medidas todas ellas distorsionantes del natural funcionamiento de una economía. Pero esa inventiva en cuanto a distorsiones para solo con voluntad hacer crecer a la economía pese a una inflación galopante, a un tipo de cambio comercial bien por debajo del mercado y a una confianza en extinción, reflejada en la baja de reservas del Banco Central, hace tiempo que ha comenzado a flaquear. Justo en momentos en que la inflación se acelera aún más, que la economía se estanca y tiende a declinar y cuando la crisis de la balanza de pagos se refleja en una caída del 40% de las reservas en poco más de un año.

LAS MEDIDAS

Ya son bien conocidas las medidas que se han tomado. Lo relevante es que se permite la compra de dólares en el mercado de cambios por parte de personas físicas pero con numerosas restricciones como sus ingresos y el destino de la compra, por lo que el denominado “cepo cambiario” no desaparece. De hecho, lo que se ha establecido es un nuevo dólar que se suma a otros ya conocidos como el Blue, el dólar tarjeta, el Contado con Liqui, etc. Se agrega el dólar “ahorro” que implica una cotización igual a la suma de la oficial más el 20% de adelanto del impuesto a las ganancias que no se devolvería si la compra no fue para ahorrar. No se han informado medidas adicionales, ni monetarias ni fiscales que complementen a la que se definió para el mercado de cambios. Seguirá entonces el mercado paralelo de cambios con numerosas cotizaciones, todas por encima del cambio oficial que desde hace unas semanas viene trepando a un ritmo anual superior al 100%. Y dado que no hay restricción fiscal alguna y que se seguirá con el financiamiento de su alto déficit con emisión de dinero, la cotización de esos cambios múltiples seguirá en aumento. Con ese panorama también los precios continuarán en alza y los salarios acomodándose a ellos. Difícilmente la economía comience a crecer y también es improbable que se revierta la tendencia descendente de las reservas internacionales del Banco Central. En otras palabras Argentina seguirá atravesando, con gran desprolijidad y hasta tanto no lleve adelante un programa de ajuste con políticas fiscal y monetaria bien contractivas y con una gran devaluación de su moneda, los desequilibrios macroeconómicos que hoy vive.

EN NUESTRO PAÍS

Las medidas del jueves 23 acentúan los ya serios problemas que genera tanto la vecindad como las relaciones comerciales con ese país. Menos actividad por el lado de la construcción, de los negocios inmobiliarios, del turismo y de las exportaciones de bienes y también porque los mejores precios relativos que ya existían para el consumidor en favor de Argentina serán aún mejores. Al menos por períodos cortos pero sucesivos mientras la carrera devaluatoria siga y detrás de ella, con cierto rezago, acompañen los precios. Estos hechos implican efectos adversos sobre el empleo, en especial en sectores intensivos en mano de obra como la construcción y el comercio. No se debería esperar una alteración significativa al menos en este año electoral, de lo que ya se prevé que será la devaluación del peso uruguayo ante el dólar por las razones del abandono del QE3 en Estados Unidos pero que, no obstante el altísimo nivel de la tasa de interés que pone como base el Banco Central al sistema financiero con sus licitaciones de letras de regulación monetaria, debería ser más que la inflación.

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