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Más de lo mismo

07/02/2014 Sin Comentarios

Pablo Da Silveira

Las declaraciones del expresidente Tabaré Vázquez sobre lo que será su política educativa (la cosa no es tan grave, todo se arregla con más plata) son todo un anuncio sobre lo que podría ser su segundo gobierno. Si este va a ser el enfoque general, podemos esperar un Vázquez pactando con las corporaciones para no tener lío, aumentando irresponsablemente el gasto público y licuando el déficit con inflación. Una vez más, la vieja receta populista. Se trata de un buen plan si se quiere pasar mucho tiempo pescando en Anchorena, pero es también una manera de lastrar a las nuevas generaciones de uruguayos con una herencia agobiante.

Las declaraciones de Vázquez también despiertan dudas sobre lo que será su campaña. Si en su primera promesa electoral ya comprometió 6 puntos del producto, cabe preguntarse qué hará cuando le toque hablar de los jubilados o de las necesidades del sector salud. Si cada promesa que haga le va a salir así de cara, sus asesores descubrirán desesperados que ya no les quedan recursos para administrar. El presupuesto nacional en su conjunto equivale a algo menos de 30 puntos del producto.

La cifra lanzada por Vázquez parece muy poco meditada. Ni siquiera se paró a pensar que 6 puntos del producto son hoy mucho más dinero de lo que eran hace 10 años, cuando el propio Vázquez impulsó la meta del 4,5%. Si la torta crece, cada porción es más grande aunque no aumente su tamaño en relación a las demás. Para poner solo un ejemplo: entre el año 2012 y el año 2013, el gasto educativo cayó muy levemente (pasó del 4,59 al 4,53% del PBI). Pese a ese descenso en términos relativos, la educación aumentó su presupuesto en US$ 218 millones de un año para otro. Ninguna de estas complejidades parece tener lugar en el razonamiento de Vázquez.

¿Un presupuesto educativo equivalente a 6 puntos del producto es excesivo para las necesidades del país? La verdad es que no es fácil decirlo. El problema de Vázquez no está tanto en la cifra misma como en su metodología y actitud.

La manera sensata de abordar esta cuestión consiste en definir una estrategia de mejora para la enseñanza y fijarse metas a ser alcanzadas en cinco años. Luego hay que estimar los costos de los esfuerzos necesarios para alcanzar esas metas. Finalmente hay que pasar raya y sumar. Si el resultado final da menos de 6, entonces podremos festejar porque tenemos un plan que promete buenos resultados y no nos sale tan caro. Si el resultado da 6, o más de 6, habrá que analizar si no hay caminos menos onerosos que nos conduzcan a los mismos resultados. Y si no los hay, entonces habrá que gastar 6 o más de 6.

Lo importante, dentro de ciertos límites, no es cuánto se gasta sino tener la seguridad de que no estamos despilfarrando el dinero. Y eso es exactamente lo que hemos venido haciendo en los últimos años: el gasto en educación ha aumentado significativamente, pero los resultados son penosos. La estrategia de Vázquez solo propone más de lo mismo. Promete más dinero para la educación, pero no da la menor señal de estar dispuesto a cambiar las reglas de funcionamiento de la enseñanza, ni a afrontar las tensiones que esos cambios pueden generar. Todo se limita a agitar una cifra mágica con la que pretende encandilar a los electores (y de paso comprar paz con las corporaciones).

A quienes van a votar corresponde evaluar si ese es el camino correcto.

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