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La formación de valores, perfume de la educación

07/02/2014 Sin Comentarios

Jorge Mosqueira

Jean-Baptiste Grenouille es el famoso protagonista de la novela de Patrick Süskind, El Perfume. En un fragmento de la trama necesita apartarse de todos los olores humanos y se refugia en la cueva de una montaña alejada, completamente solo. Al cabo de siete años, decide volver a la civilización que conocía, sin problemas.

Esto sucede en la segunda mitad del siglo XVIII. Si cualquiera de nosotros tomara la misma determinación mañana mismo, el mundo que habríamos de encontrar sería muy diferente y nos costaría bastante adaptarnos, ya que surgirían mucha cuestiones novedosas .que requerirían urgente explicación.

Imaginemos, a modo de ejercicio, que nuestro ostracismo se hubiera iniciado en 2007 y hoy estuviésemos en período de adaptación. Veríamos, entre otras cosas, una buena cantidad de gente que presionaría sus dedos sobre una pantalla, automóviles que estacionan solos y una gran cantidad de gente que conversa, mediante dedos ágiles, con amigos a quienes ni siquiera podemos ver.

El escenario planteado sirve para entender la entrevista que le realizaron en La Vanguardia a la canadiense Annie Kidder, directora de People for Education, bajo el título “Las empresas buscan saberes que aún no sabemos enseñar”. El tema ronda sobre las bajas calificaciones obtenidas en España en las famosas pruebas PISA, en las que Singapur, Finlandia y Canadá ocupan lugares muy elevados.

En un tramo de la nota, Kidder afirma: “La educación es más que formar niños para que sean bueno empleados; pero, incluso si se reduce a eso, la paradoja es que el empresario no quiere títulos o notas, quiere que le solucionen problemas complejos en equipo para obtener resultados. Para lograr esas habilidades no basta con memorizar o aprobar exámenes. Hay que educar”.

¿Es esto verdad? Parece contradecir aquella tendencia que mencionáramos en este mismo espacio sobre la preferencia en obtener empleados con posgrados y maestrías. El punto principal es que Annie Kidder apunta a un concepto más amplio de educación. El énfasis debería estar puesto en dotar la capacidad de adquirir habilidades, en vez de acumular títulos y notas.

En otras palabras, facilitar la maduración. Kidder define: “La educación nos atañe a todos, porque decide el auge o la decadencia de un país”. Tal vez encontremos aquí el meollo de la cuestión, que no es sencillo resolver, a partir de que vincula la educación de la sociedad con los resultados esperados en las empresas.

Los medios que utilizan aquellos países que ocupan los más altos lugares de las pruebas PISA es la formación en valores, es decir, en actitudes referidas al aprendizaje. Si recibimos jóvenes que han sido modelados como objetos de una línea de montaje, será muy difícil esperar de ellos respuestas no estandarizadas.

Por esto mismo, el inconveniente a enfrentar es doble. Por un lado, intervenir activamente en la reformulación de los estudios, apoyando más a las actitudes respecto del aprendizaje que a los conocimientos específicos. Por otro, la necesidad de reconvertir dentro de las organizaciones a aquellos sujetos que aparecen con conceptos adocenados y ubicados en cajas separadas.

Implica revisar las ideas incorporadas por la propia educación, mediante el sistema tradicional. En otras palabras, una prueba de matemáticas no define la personalidad buscada. Es solo una señal. El trabajo, a partir de este punto, es intenso. Hasta podría utilizarse un lugar común: un verdadero desafío.

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