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Mandela, tolerancia y firmeza. Una lección

12/12/2013 Sin Comentarios

Jaime Mario Trobo

La Asamblea General de las Naciones Unidas en noviembre de 2009 resolvió designar el día 18 de Julio como el “Día Internacional por la Paz, la Democracia y la Libertad”, en conmemoración de Nelson Mandela en la fecha de su cumpleaños y en reconocimiento a su lucha por los DDHH y la paz.

La labor humanitaria en la resolución de conflictos, la Promoción y protección de los derechos humanos, la Promoción de la reconciliación y solución de los conflictos inter raciales, la Defensa de los derechos de la infancia y otros grupos vulnerados, la Contribución a la lucha por la Democracia, La Promoción de una cultura de Paz, en lo nacional y en lo internacional, han sido los justificativos invocados por las Naciones Unidas para instituir el reconocimiento, por que sin duda el ejemplo de Nelson Mandela en estos temas es una muestra elocuente.

Pocas veces la comunidad internacional ha resuelto el honor de homenajear en vida a una persona, nada más ni nada menos que con la designación de un día para su reconocimiento, el de sus acciones y los valores que fomentó y por los que luchó. Y aquella decisión de las Naciones Unidas ha sido felizmente implementada en nuestro País, y en la fecha señalada ya se realizan anualmente eventos y actividades en los que en los que participan actores estatales y de la sociedad civil.

Las virtudes de la vida de Mandela tienen ya un activo importante de reconocimiento en nuestro País y seguramente lo seguirán acrecentando con el tiempo y la perspectiva de sus aportes a la humanidad.

En estas circunstancias, la Asamblea General de nuestro Poder Legislativo ha sesionado para reconocer las acciones de la vida de Mandela, cuando su pueblo, la República Sudafricana llora su desaparición física. Y en realidad con esta decisión política nuestro Parlamento expresa a ese pueblo la solidaridad y reconocimiento al liderazgo de Mandela, que trascendió las fronteras tornándose en ejemplo.

La peripecia de Mandela, contiene una riqueza que coincide con una larga vida y un activismo permanente, y ello es a pesar del hiato en su vida en libertad que significó la cárcel. Presidio de una extensión y dureza capaz de causar la derrota, horadando el carácter, minando el espíritu y cuyo propósito indudablemente fue ese. Sin embargo, aún cuando las condiciones extremas a las que fue sometido podían augurar la aniquilación de sus capacidades, y la extinción de su vitalidad para una empresa casi sobrehumana, del militante radical, intransigente y dispuesto a practicar la violencia para la consecución de sus fines, surgió el pacificador, el estadista, el negociador, el virtuoso estratega que identifico un objetivo superior, dirigido a la reconciliación y a la búsqueda tenaz de la paz. Sufrió tanta violencia que se desesperó por la paz.

Mandela, cuyas biografías recogerán las instancias de su larga e intensa historia, puede ser descripto, como los grandes hombres y los grandes momentos de la humanidad con pocas palabras pero entendidas en la totalidad de su dimensión, “tolerancia y firmeza”. Tolerancia en el respeto y la comprensión como compañeros imprescindibles de la capacidad de dialogo, y firmeza en los valores con una dimensión humana en el real sentido de las palabras.

Mirar nuestra realidad desde la perspectiva del mensaje de Mandela, puede ayudarnos a encontrar las fallas y proponernos corregirlas, pero también a identificar los aciertos. El mensaje de paz y tolerancia, de compromiso con el diálogo y la complementariedad, el ejemplo del estoicismo frente a la búsqueda de solución a los problemas, debe operar como un mecanismo de ajuste en las actitudes y comportamientos, especialmente de quienes tienen responsabilidades de liderazgo. La paciencia por oposición a la impaciencia, que permitió a Mandela superar y derrotar el tiempo y descontarle los veinticinco años que sufrió presidio en Robben, también debemos reconocerla como una virtud y un ejemplo.

Hoy se analiza una experiencia vital maravillosa, la de un hombre que supo identificar claramente el “pro” respecto del “contra”, el objeto de su lucha en un valor positivo, de construcción, y no sólo de “destrucción” del adversario o la adversidad. Mandela tuvo tiempo para construir, porque quiso construir, y la tolerancia que reclamaba debió practicarla primero como ejemplo, tarea difícil, mucho más difícil porque supuso sobreponerse a la seducción del deseo de triunfo individual o de su colectivo, para perseguir el éxito de “todos”. El poema sobre las actitudes y la decisión en su gran proyecto, que relata la película Invictus, es elocuente en la intensidad de los sentimientos y la decisión de un gran hombre, para unir, para soldar, para persistir en el propósito de integrar. Solo es posible su actitud desde una visión elevada como la que tuvo su vida y tiene su legado.

Uruguay transita, en estos días, por un debate esclarecedor y renovador de la realidad de los afro uruguayos, y en el deben caber todas las visiones, todos los análisis y tenerse en cuenta todas las propuestas. Para esta etapa, que consideramos de suma importancia para nuestra sociedad debemos iluminarnos con los valores que en esta fecha reconocemos en Mandela.

En estas circunstancias, siendo como somos parte de una sociedad pluri étnica en la que se comparten responsabilidades, el reconocimiento a la diversidad debe conducirnos a construir unidad, y hacerlo a partir de las diferencias, celebrando la pluralidad racial, cultural, política cada día y en cada ocasión. En palabras de Mandela, estamos en tiempos de Masakhana, “construirnos los unos a los otros”.

Mandela no pidió dádivas, lucho por sus derechos, y comprendió e hizo comprender que estos eran los mismos que los de los demás; ese es el carácter de su gran lucha y hoy disfruta del éxito al final del camino más largo, pero más fructífero, el de la tolerancia, la educación y el compromiso con la paz y la libertad del hombre.

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