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La concertación en Montevideo

12/12/2013 Sin Comentarios

María Julia Pou

Esta palabra que desde el latin (concertatio) de su origen nos habla de tratar, ajustar, pactar un tema, es la que oiremos reiteradamente en los próximos meses hasta la elección municipal de mayo de 2015. Bueno es con tiempo ir desmenuzando en el origen, en las causas que motivaron esta nueva forma de presentarse ante la población de Montevideo- en el caso que hoy nos ocupa.

En primer lugar queremos dejar bien claro que la iniciativa fue de ciudadanos de diversos rumbos políticos que, afligidos sinceramente por la suerte (poca) de nuestro departamento luego de veinticinco años de gobierno frenteamplista, decidieron pensar “en grande” el futuro departamental. Fueron muchos y variados los “adelantados” pero hoy queremos recordar solo a uno de ellos sabiendo que representa el espíritu con que todos se volcaron a esta tarea: Rodolfo Sienra Roosen, quien como todos los demás, sin dejar de ser el nacionalista ejemplar que fuera en su vida, percibió que su obligación como tal era instrumentar una vía de expresión para todos aquellos que les dolía —como a Unamuno España— Montevideo.

Es decir, que no hubo en el origen, ni la hay ahora, una apelación politica partidaria sino una convocatoria ciudadana, amplia, generosa de quienes entienden lo que vivimos en el departamento y aspiran a una mejor calidad de vida para toda la población. Es bueno recordar qué es lo que el ciudadano percibe o debería percibir como obra de su gobierno departamental para poder entonces juzgar, y más que juzgar, sentir, el deterioro de la capital del país y sus alrededores.

A nadie se le escapa que con la recaudación histórica que el gobierno de Montevideo percibe, la población no se siente retribuida en las tareas típicas de la comuna. Ni esta más limpia la ciudad, ni se la ve más iluminada, ni sus veredas en los barrios lucen cuidadas y podríamos seguir así varios párrafos más pero el espacio nos obliga a concentrarnos en lo esencial. No es un tema menor recordar que ante la inexistencia del llamado “ballotage” o segunda vuelta como sí la hay en la elección nacional, hay cosas que conviene dejar bien en claro. La primera es que la fuerza política que cumple sus bodas de plata al frente de la Comuna montevideana, el Frente Amplio, no obtuvo en 2010 la mitad de los votos sino que ha resultado ser la minoría mayor. Es decir, no fue la opción de la mayoría de los montevideanos.

En segundo término, es sensato pensar que con respecto a las tareas típicamente municipales no hay una ideología que sustente las decisiones sino más bien es una capacidad de gestión la que se requiere para cumplir con las demandas de la población en esta materia. Esta reflexión nos lleva de la mano a esperar un programa de gobierno para la “calidad de vida” que es lo que estamos deseando como contrapartida de los siempre en aumento tributos municipales.

Y como corolario de estas últimas puntualizaciones, está claro que ni en el origen ni en su desempeño, la Concertación no es patrimonio de nadie sino un generoso y amplio proyecto que convoca a los montevideanos de todos los rumbos con un fin muy claro: tener un gobierno mejor, nos lo merecemos y pagamos por él.

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