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Justificando lo injustificable

12/12/2013 Sin Comentarios

Pablo Da Silveira, diario El País

Los malos resultados obtenidos en las pruebas Pisa dieron un fuerte impulso a la industria nacional de la excusa. Las autoridades educativas salieron a justificar lo injustificable, apelando a explicaciones que en general merecen el olvido.

Hay sin embargo un argumento que debe ser examinado, porque parece ser la pieza central de la estrategia de justificación. Ese argumento empieza por reconocer que los resultados fueron malos, pero agrega que eso se debe al esfuerzo de inclusión realizado en estos años: como el número de alumnos que se mantiene dentro del sistema ha venido creciendo, es inevitable que la calidad de los aprendizajes se resienta a corto plazo.

Puede que este razonamiento parezca lógico, pero está muy lejos de serlo. Todo él está construido sobre una falsa oposición entre el aumento de la cobertura y la mejora de la calidad educativa.

El aumento de la cobertura de la enseñanza media básica no es una tendencia específica del Uruguay, sino de toda América Latina. Es más: al lado de lo que han logrado otros países, el crecimiento de la matrícula uruguaya resulta un fenómeno casi insignificante.

Todos los países de la región han ampliado la cobertura en los últimos años. Y, en todos los países para los que existen datos, ese crecimiento ha ido acompañado de una mejora en los puntajes obtenidos en las pruebas Pisa. Dicho de otro modo: nadie parece enfrentar la necesidad de elegir entre incluir más o enseñar mejor. Las únicas excepciones a esta tendencia son Uruguay y Argentina.

La tónica general de América Latina está dada por Brasil y México. Se trata de dos países que parten de situaciones mucho peores que la uruguaya y deben enfrentar desafíos de un tamaño que nosotros no conocemos. México tiene casi 30 millones de alumnos de educación básica (primaria y media), y debe cubrir un millón y medio de puestos docentes. Además, tiene un crecimiento demográfico cinco veces mayor que el nuestro. También Brasil enfrenta esa combinación de enorme escala y crecimiento demográfico. Para tener una idea, sólo el estado de Río de Janeiro tiene hoy tantos alumnos de educación básica como el Uruguay entero.

Pese a la magnitud de los desafíos que enfrentan, ambos países han conseguido mejorar significativamente la cobertura. En México, el porcentaje de población que concluyó la enseñanza media básica pasó del 18.9% en el año 2000, al 21.7% en 2005 al 22.3% en 2010. En Brasil, la proporción de población con enseñanza media completa pasó del 36.7% en 2002 al 54.2% en 2011 (una cifra mucho mejor que la de Uruguay).

Al mismo tiempo que estos países lograban avances en términos de cobertura, conseguían mejorar su desempeño en las mediciones de PISA. En la edición 2003 de la prueba de matemáticas, México quedó 37 puntos por debajo de Uruguay (385 a 422). En la edición 2012, México quedó colocado 4 puntos por encima de nuestro país (413 a 409). En la edición 2003 de la prueba de lectura, Uruguay quedó colocado 31 puntos por encima de Brasil (434 a 403). En la edición 2012, la diferencia de había reducido a un punto (411 a 410). Mientras ellos mejoran, nosotros caemos.

La idea de que hay que elegir entre inclusión y calidad educativa no resiste el menor contraste con los hechos. Se trata apenas de una excusa esgrimida por quienes se resisten a reconocer su fracaso y a actuar en consecuencia.

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