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Homenaje Angélica Ferreira

12/12/2013 Sin Comentarios

Angélica Ferreira, Diputada por Rocha – Partido Nacional-

Desde el banquillo en el Juicio de Rivonia en 1961, que le condenaría a 27 años de cárcel, decía Mandela:

“He soñado con la idea de una democracia y una sociedad libre en la cual las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal el cual quiero vivir para verlo hecho realidad. Pero si para ello es necesario…. es un ideal por el cual estoy preparado a morir.”

Yo he venido a éste, nuestro parlamento, a la casa donde genuinamente nos sentimos representados, con la obligación moral de dar mi testimonio y con la alegría de estar junto a quienes trabajan en todo el mundo para sostener ese sueño de Mandela.

En todas las partes del mundo en este preciso momento se está hablando de Mandela, se le está homenajeando, se repasan sus palabras, se recuerda sus penosos años en la injusticia de la prisión, se ponderan su fortaleza y su legado.

Mientras preparaba esta intervención me preguntaba ¿qué puedo decir yo que ya no se haya dicho?

Entonces…..pensé en mi hija… ¿qué mensaje puedo trasmitirle a ella sobre quien fue Mandela?…… ¿qué puedo decirle que la ayude a comprender el valor de la lección que nos dejó?

Estoy convencida de que nos dejó una lección de grandeza y humildad. Y esa es la mejor herencia que se puede dejar a los que vienen después de nosotros.

A pesar de todos los reconocimientos de que fue objeto, tenía claro que él era apenas uno más en la lucha por la justicia.

Así lo revelaba al expresar. “Mucha  gente en este país ha pagado un precio antes de mí, y muchos pagarán el precio después de mí”.

Nunca se sintió un prisionero, porque su libertad estaba en su espíritu y en su fe en que el hombre se realiza como tal en la medida que dedica sus energías a derribar las barreras que dividen a la humanidad.

En ese sentido, creo que Mandiba- como suele llamarlo su pueblo- puso voz a ese pueblo que fue silenciado, sometido a condiciones inhumanas y cuya dignidad y derechos fueron usurpados por un régimen que hizo ley la discriminación racial.

!!Cuánta injusticia, cuánto dolor!!! Fue su lucha la que dio significado al sacrificio de miles y miles de africanos, transformando el padecimiento y la injusticia a que fueron sometidos los africanos en una causa de la humanidad.

Pero además nos demostró, primero que la Libertad es una condición interior e inherente al ser humano: “Yo no nací con hambre de ser libre, yo nací libre, libre en cualquier sentido que yo pueda entender”.

Ser libre – decía- no es sólo liberarse de las propias cadenas, sino vivir de una forma que respete y mejore la libertad de los demás”.

Eso explica porque la cárcel no lo derrotó.

En segundo lugar,  nos enseñó que no hay más límites para nuestros sueños que los que nos imponemos a nosotros mismos.

Y aunque  su aparente debilidad frente al poder político dominante, parecía imposible de superarse, Mandela la transformó en una de sus fortalezas.

A los ojos del poder político dominante Mandela era una amenaza, porque precisamente su fuerza derivaba de la certeza de ser parte de una energía universal.

Él mismo lo subrayaba: “El sostén de todos mis sueños es la sabiduría colectiva de toda la humanidad en su conjunto”.

Por eso afirmaba: “Nunca pienso en el tiempo que he perdido. Lo que yo hago es desarrollar un programa que ya está ahí, que está trazado para mí”.

Mandiba me enseñó, nos enseñó,  que la verdadera libertad se alcanza cuando somos capaces como sociedad de garantizar los derechos humanos para todos, y que ese compromiso debe alcanzarse sin resentimientos.

Si quieres hacer las paces con tu enemigo, tienes que trabajar con él, entonces se vuelve tu compañero” decía

Ese era su compromiso. Sus propias palabras lo revelan: “El perdón libera el alma, elimina el miedo. Por eso es una herramienta tan poderosa”

Me siento hermana de Mandiba… no sólo la raza nos une… también esa sensación de la deuda que todavía mantenemos con quienes han sido privados de los derechos más elementales.  “En este mundo moderno globalizado- decía-  cada uno de nosotros somos el guardián de nuestro hermano y de nuestra hermana. Hemos fallado demasiado a menudo en esta obligación moral

Al respecto Mandela sostenía “La pobreza no es natural, es creada por el hombre y puede superarse y erradicarse mediante acciones de los seres humanos. Y erradicar la pobreza no es un acto de caridad, es un acto de justicia”.

Con sencillez y claridad era capaz de expresar cuánto le dolían las situaciones de injusticia y la degradación moral de la sociedad en la que vivía “ No puede haber una revelación más intensa del alma de una sociedad que la forma en la que trata a sus niños” decía.

Tuvo siempre muy claro cuáles eran las claves básicas para que una sociedad pueda superar la situación de injusticia y opresión política: Libertad y educación

La educación es el gran motor del desarrollo personal. Es a través de la educación como la hija de un campesino puede convertirse en médico, el hijo de un minero puede convertirse en el jefe de la mina, o el hijo de trabajadores agrícolas puede llegar a ser presidente de una gran nación”.

Tampoco lo tentó el poder y el prestigio, y a pesar de que pudo aspirar a mantenerse en el gobierno, cría firmemente en que la rotación era buena e importante para la salud de la democracia.

“Seré uno más entre los ancianos de nuestra sociedad- decía- seré uno más de los habitantes de la población rural, uno preocupado por los niños y los jóvenes de nuestro país; y seré un ciudadano del mundo comprometido, mientras tenga fuerzas, con la tarea de conseguir una vida mejor para las personas en todas partes.

“Mi ideal más querido es el de una sociedad libre y democrática en la que todos podamos vivir en armonía y con iguales posibilidades”.

Y el mío también, por eso estoy aquí. A nadie escapa que pertenezco a un colectivo que históricamente ha sido sojuzgado, privado de su dignidad y de sus derechos. Es verdad que la humanidad ha ido tomando conciencia de la injusticia. Y lo ha hecho gracias a la existencia de líderes como Mandela.

Su vida fue una oportunidad para  renovar la fe en que la única manera de ser verdaderamente libres es haciendo realidad los principios de la democracia, ahora desde su muerte nos está convocando a todos a mantener firme ese desafío.

Tengo profunda fe democrática, y por eso en este momento en que la muerte de Mandela despierta tanta sensibilidad a nivel mundial, me sumo a las voces que reclaman la derrota a todas las formas de exclusión. Coincido con Mandela en que “El arma más potente no es la violencia sino hablar con la gente”.

Si es así, si a través del diálogo y de la educación logramos que las futuras generaciones superen las “miserias” que hoy todavía vive la humanidad, podremos decirle: ¡!!Mandiba descansa en paz, que recogeremos tu antorcha!!!!

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