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Un estribo sin norte

06/12/2013 Sin Comentarios

Editorial, diario El País

La visión de Uruguay respecto de Brasil está marcada por los extremos. Por un lado la ignorancia absoluta de lo que allí sucede en materia política, que campea entre nuestros políticos e intelectuales.

Por otro, una especie de admiración desconfiada que, sobre todo a partir del derrumbe de Argentina, parece creer que el futuro de la región está seguro en las manos del gran vecino del norte. Esta es la tesitura que domina al presidente José Mujica, quien (sensatamente) ha buscado recostarse en Brasil, y quien (en forma nada sensata) ha dicho que “Uruguay debe viajar en el estribo” del país norteño. Ese tipo declaraciones de amor incondicional no corresponden entre países independientes y soberanos. Y lo que es más grave, nadie sabe muy bien a qué apunta Brasil en materia de comercio y política exterior.

Esto quedó claro durante la charla que, con el patrocinio de la Cámara de Comercio Uruguay-Estados Unidos, días atrás brindó en Montevideo Rubens Antonio Barbosa, experimentado diplomático brasileño, exembajador de su país ante Estados Unidos y Gran Bretaña, y hoy uno de los principales analistas estratégicos de la poderosa Federación de Industriales de San Pablo.

Barbosa dejó en evidencia el malestar que existe entre los empresarios de su país ante el rumbo que ha tenido la política exterior con el PT, la cual ha despreciado la posibilidad de tratados de libre comercio, ha apostado a las relaciones “sur-sur” con países como India o Sudáfrica en el marco de la OMC, y han tenido una “paciencia estratégica” desmesurada, ante la permanente desmesura de su vecino y socio Argentina. El diplomático se lamentó de la falta de liderazgo de su país en la región, y de cómo ha permitido que los intereses ideológicos hayan marcado la agenda de estos años, provocando que Brasil (y a fin de cuentas todo el Mercosur) quede aislado del mundo. Un mundo que cada vez más apuesta a acuerdos bilaterales para liberalizar e impulsar el comercio, en contraste con un bloque regional cada vez más proteccionista y menos competitivo.

También alertó que un eventual acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea significará un golpe radical en el panorama económico mundial, de proyecciones impensadas para el resto del planeta. Y que quienes no se hayan preparado para enfrentar el nuevo mundo que puede surgir de ese posible acuerdo, quedarán fuera del mapa comercial internacional.

Por encima de estos aspectos, el mensaje más inquietante que dejó Barbosa es que esa idea tan instalada en Uruguay de que Brasil es un país con una visión estratégica clara, definida, a largo plazo, no deja de ser un mito. Existe por lo visto una fuerte polémica sobre cuál debe ser el rumbo que debe tomar ese país para retomar la senda de crecimiento que ha perdido hace ya varios años. E incluso hay división dentro del mismo gobierno, acerca del camino que seguirá ese país en el futuro, no sólo en materia de comercio y política exterior, sino en temas económicos básicos.

Frente a este panorama, queda aún más en evidencia la absoluta orfandad que tiene Uruguay en materia de planificación estratégica de su política exterior. Algo fundamental en un país pequeño, ubicado en un barrio geográfico más que complicado. Los dos gobiernos frenteamplistas, víctimas de su furor refundacional y de la soberbia que le dan sus mayorías automáticas, ha usado la política exterior más como arma para resolver peleas internas minúsculas, que para pensar a dónde va a apuntar el país en los próximos 20 años. ¿Alguien está pensando qué va a hacer el país si se rompe el Mercosur? ¿Si Brasil toma medidas económicas drásticas y sorpresivas? ¿Si la Alianza del Pacífico prospera y se convierte en el interlocutor excluyente de la región con el mercado asiático? ¿Si la Ronda de Doha termina en la nada y se termina la chance de acuerdos multilaterales de comercio?

No. Tenemos una Cancillería que se dedica a regar el planeta de embajadores itinerantes y “compañeros”. A destruir la carrera diplomática, y a involucrarse en la política interna de países ajenos. Pero sobre todo, a romper todo vínculo con la oposición y con la gente que el día de mañana puede asumir el gobierno de acuerdo al devenir natural de cualquier país democrático. Así es imposible diseñar una agenda para el país en serio y a largo plazo.

Un eventual acuerdo entre Estados Unidos y la Unión Europea significará un golpe radical en el panorama económico mundial, de proyecciones impensadas para el resto del planeta.

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