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Tú, pequeño burgués

28/11/2013 Sin Comentarios

Editorial, diario El País

Según la DGI quienes en 2010 ganaron más de $ 86.000 fueron 21.566 contribuyentes. Lo interesante aquí es que la DGI también mostró que los salarios promedio de quienes tributaban IRPF y acumulaban varios empleos eran menores que los salarios de quienes también tributaban IRPF pero tenían un solo empleo. Es decir: muchos de los que acumulan empleos lo hacen porque ganan poco en su trabajo principal. En ese escenario están los contribuyentes que son dependientes pero que también trabajan independientes. Con esa acumulación de ingresos, que los hace trabajar mucho más que el común de los uruguayos, pasaban a integrar el grupo de los 29.318 contribuyentes que tenían ingresos en una franja de $ 57.713 a $ 86.566 al mes.

El “pequeño burgués” no se ha beneficiado más que los demás. En estos años se ha premiado sobre todo a los que menos cobran: en 2011, la mejora salarial para el 20% de trabajadores con menores salarios fue de cerca del 15%, mientras que el aumento para el 20% de trabajadores con mayores salarios fue de 4%. Así y todo, el “pequeño burgués” sigue ganando más que el común de los uruguayos: para agosto de 2013, la estimación del ingreso medio de los hogares a valores corrientes (sin aguinaldo y sin valor locativo) fue de $ 39.707; y el 57% del total de los asalariados, es decir unas 905.000 personas, percibían en 2011 menos de $14.000 al mes.

En una sociedad fracturada como la nuestra, en donde se han roto los canales de socialización vertical entre las distintas clases sociales, emprenderla contra estos “pequeños burgueses” es muy injusto.

En vez de reconocer sus esfuerzos y su mayor trabajo, las señales presidenciales van a premiar la actitud de emparejar para abajo. En vez de explicar que los “pequeños burgueses” son pocos y están mejor formados que el resto de la sociedad gracias a un mayor esfuerzo por el estudio, o que sus niveles de ingresos responden a una voluntad de esfuerzo y superación personal, el discurso presidencial critica una actitud que se presume avara, mezquina y poco solidaria por la acumulación de bienes y de horas de trabajo.

Lo más trágico de la situación de ese “pequeño burgués” es que, seguramente, él no sienta para nada que está haciéndose rico con lo que gana. Lo que en realidad ocurre es que con un ingreso por hogar de $ 80.000 pesos y con dos hijos, por ejemplo, ese “pequeño burgués” y su señora destinan seguramente más de un cuarto de su dinero mensual a pagar la mejor educación privada posible para sus hijos, conscientes como son, como padres responsables, de que la enseñanza pública y gratuita es un desastre. Nada les sobra, por tanto, como para suponer que tengan una capacidad de ahorro familiar que les permita comprar bienes inmuebles o acumular grandes riquezas.

Esos “pequeños burgueses” saben que el legado para sus hijos es brindarles las mejores herramientas educativas posibles para poder, con esfuerzo y trabajo, salir adelante en la vida. Eso fue lo que el “pequeño burgués” recibió como valores de sus padres y abuelos, y eso es lo que legará a su descendencia. Su tragedia es vivir en una sociedad que lejos de reconocer esos valores parece que quisiera obligarlo a sentirse culpable por su (relativo) éxito.

Así no se construye un país de primera. Así se aviva el resentimiento contra quien más gana y se azuza la envidia por el que mayor éxito ha cosechado. Lo que hace un país de primera es, claro está, procurar generar condiciones para la mayor prosperidad de su sociedad. Pero, a la vez, el verdadero país de primera buscará mirarse orgulloso en el reflejo de esos “pequeños burgueses” que trabajan mucho y procuran, desde su esfuerzo y su sacrificio, dejar un mejor futuro para sus hijos. Esa fue la actitud de nuestros abuelos inmigrantes. Eso es lo que hace grandes a las naciones.

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