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Para los incautos

28/11/2013 Sin Comentarios

 Jaime Mario Trobo

Las elecciones se ganan con votos y es notorio que el Frente Amplio, en las dos últimas instancias tuvo los suficientes, de acuerdo a nuestra legislación electoral, para obtener la mayoría legislativa, que le permitió gobernar exclusivamente con sus ideas y sus proyectos.

Seguramente muchos de sus votantes compartían parte de las propuestas y no todas ellas, y también es probable que otros hayan acompañado al FA con la expectativa de cambio que muchas veces es notoria en el humor del electorado. Pero una vez concedido el triunfo con el agregado de la mayoría parlamentaria, las acciones del gobierno empezaron a ser condicionadas fuertemente por los sectores sin relevancia electoral, pero árbitros de la mayoría. Todos aquellos ciudadanos que votaron el cambio pero la moderación también, han despertado a una realidad inesperada. El gobierno lo conducen radicalismos, que negocian su anuencia a la gobernabilidad siempre y cuando se les haga caso.

Ejemplos sobran, en las posiciones del Partido Comunista o de sectores del MPP, de los propios Tupamaros, de socialistas ortodoxos que no reniegan de su pasado marxista y de influyentes actores colonizados por proyectos ideológicos ajenos a nuestra idiosincrasia vinculados al denominado Alba y la influencia cubana. Estos son los que mandan en el FA y los que mandan en el Gobierno.

Las transacciones que se revelaron como resultado de las últimas reuniones del Frente Amplio sobre el programa de gobierno que presentarán en las próximas elecciones dan toda la impresión de ser un maquillaje para ganar, la búsqueda de un consenso de imagen, que luego será sometido al conocido chantaje de quienes condicionan su apoyo en el Parlamento a que se incluyan sus pretensiones.

La próxima elección tendrá como característica la disputa de la Presidencia como es habitual, pero también la determinación de mayorías parlamentarias que le devuelvan al País el valor de la cooperación en políticas de gobierno y que destierre el autoritarismo de un régimen que cree tener el derecho permanente de resolver sobre los destinos del País desconociendo a la mitad de la ciudadanía.

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