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Vivir con dignidad y morir con ella

22/11/2013 Sin Comentarios

Ricardo Puglia

En tiempos del Imperio Romano fue común el término: “dignitas” – “dignidad” que se definía como el prestigio o influencia personal de un hombre en el mundo romano más que su posición política. Las “dignitas” eran la sumatoria de integridad, el orgullo, la familia y antepasados, la palabra, la inteligencia, las hazañas, la capacidad, la sabiduría y la valía de hombre.

Es difícil hacer a un hombre miserable mientras sienta que es digno de sí mismo, decía

A. Lincoln. En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre, ninguna tiranía puede dominarle, Mahatma Gandhi. Lo que más indigna al charlatán es alguien silencioso y digno, Juan Ramón Jiménez.

De cara a los comicios que se avecinan, estos milenarios conceptos y proverbios nos provocan reflexionar que hombre o mujer será capaz de amalgamar en armonía los sueños y proyectos de nuestra sociedad como comunidad espiritual y en particular los sueños, y proyectos de cada familia o individuo que contribuyan a sumarse al bienestar colectivo.

Los uruguayos necesitamos reencontrarnos con nuestras familias y amigos que por diversas razones emigraron en el pasado, necesitamos que nuestro país crezca con ellos, dándoles el lugar y el espacio que dejaron vacío. Necesitamos dejar atrás la confrontación y el revisionismo frenteamplista e integrar a la sociedad civil a los militares que lucharon por la patria derrotando a la guerrilla tupamara que se alzó contra la democracia ahora en el poder sus integrantes.

Necesitamos de mayor libertad, dejar de legislar tanto la vida cotidiana y creer más en la conducta de nuestros compatriotas, siendo sumamente severos en el ejercicio de la autoridad y en la aplicación de las leyes. Nuestro futuro gobierno tendrá que gobernar para todos los uruguayos, sin condición de raza, partido político, religión o nivel social.

Deberá erradicar la pobreza con una educación adecuada a los tiempos que vivimos, participativa, con un sistema de salud que ampare a todos sin excepción y crear todas las fuentes de trabajo posibles que permitan iniciar un camino honesto y no asistencialista que culmine con una vejez que proteja también a los que eran pobres.

El denominador común debe ser “el trabajo” porque a través del mismo, obtendremos ingresos para pagar nuestras necesidades de salud, educación, cultura, vivienda, alimentación, vestimenta, deportes, entretenimientos, etc. Y el trabajo ayudado del capital nos permitirá una sana redistribución de la riqueza y una verdadera disminución del pago de impuestos y de gastos públicos innecesarios. Necesitamos todos los TLC posibles, sin distinguir la ideología política del país comprador sino sólo el respeto por las libertades y el desarrollo humano.

Habrá una enorme tarea a partir del primero de marzo de 2015, por un lado un equipo reconstruyendo nuestra identidad nacional perforada por las disparatadas leyes que nos dejan, inconstitucionales muchas de ellas y otras con serios reclamos económicos que vendrán y por otro lado, otro equipo construyendo el futuro para nuestros hijos, nietos, sobre la base de lo posible, de lo racional e inteligente adaptado a la nueva sociedad global de la que formamos parte sin el doble discurso de esta indigna izquierda que nos ha iguala hacia abajo destruyendo día a día a la clase media que pertenecemos.

Si no cambiamos y nos unimos, los uruguayos seremos un país mediocre, no respetado por la comunidad mundial, satélite de otros intereses que nos son ajenos. Seamos nosotros mismos, dignos, conjuguemos el verbo “construir” una gran nación donde los demagogos que manipulan los sentimientos de la gente mediante halagos fáciles y promesas infundadas se escondan en las tatuceras que muy saben cavar.

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