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Vecinos de Montevideo

17/10/2013 Sin Comentarios

Luis Alberto Lacalle Herrera, El País.

Todos los gobiernos, sean ellos nacionales o locales, tienen un punto en común: utilizan para ejercer sus competencias recursos humanos y materiales, especialmente financieros. Estos últimos provienen del dinero que, obligatoriamente por medio de los tributos, obtienen del contribuyente. Luego difieren en la amplitud y profundidad de sus competencias.

Se ha dicho que el gobierno local es lo que primero se nos presenta como vecinos. Salimos a la calle y el buen o mal estado de las veredas y pavimento, la abundancia o escasez de transporte, la limpieza o suciedad del entorno, la iluminación buena o deficiente, se asoman a nuestra percepción directa. Así podemos medir la calidad de la administración todos los días, a toda hora.

El gobierno nacional, cuyas competencias abarcan los grandes temas de un país, aparece más lejano, sin perjuicio de que la seguridad se haya convertido en algo muy presente. Podemos arriesgar la opinión de que levantar la basura, organizar el tránsito y el transporte público, arreglar veredas, plazas y calles no son temas en los que esté muy presente la ideología, en los que las creencias partidarias hagan la diferencia. De allí podemos concluir que los argumentos para decidir a favor de un gobernante y el otro, el departamental y el nacional, sean de distinto orden. En lo municipal, ¡eficacia!, correcta utilización de los recursos, devolver a los vecinos obras a cambio de sus impuestos, tasas y contribuciones. Nada más, ni nada menos.

En nuestro país hemos modificado, en forma reciente y sustancial, la forma en que se eligen los gobernantes de uno y otro nivel. Partiendo de la reforma constitucional de 1967, habilitamos primero que la hoja de votación -a celebrarse el mismo día- se dividiera en elección de Intendente y Junta Departamental por un lado y Presidente y Parlamento por el otro, con la condición de que debían los candidatos pertenecer al mismo lema. El régimen anterior despachaba el asunto en una sola lista sabana, donde toda autoridad que se eligiera estaba presente. La barroca ley de lemas admitía sin embargo, que se crearan lemas accidentales, mecanismo al que se acudió en 1946 y 1950, uniéndose los vecinos por encima de partido, en materia local.

La gran transformación se produjo en 1996. Se constitucionalizó la presencia de los partidos en la designación de los candidatos y la elección de convenciones que son congresos electores. Se separaron en el tiempo los comicios, siendo esta, a nuestro juicio, la más trascendente reforma. La gran diferencia en la elección de los ejecutivos nacional y departamental, es al balotaje o segunda vuelta que se prevé para la elección del Presidente pero no de los Intendentes. En lo nacional se busca que el titular del PE llegue a su cargo con respaldo de mayoría absoluta, en primera o en segunda vuelta. Ello no rige para los Intendentes. Tras estas recordaciones vayamos al caso que nos ocupa.

En Montevideo hace 24 años que gobierna el FA. Ha ganado elecciones por mayoría absoluta o simple pero siempre -según la Constitución- gozando de mayoría absoluta en la Junta Departamental, o sea, todo el poder. Creemos que más allá de fanatismos, nadie puede decir que Montevideo esté bien gobernado. No recibimos, ni por asomo, servicios por valor del millón y medio de dólares que pagamos por día a las arcas municipales. Este es el centro del tema, nada más ni nada menos que la insatisfacción de más de un millón de habitantes con el trato que recibimos. Blancos, colorados, frentistas, independientes, vecinos sin partido, color o divisa solo queremos calles limpias, bien iluminadas, transporte público puntual, suficiente, cómodo y un nivel de vida en comunidad que si lo tienen otras ciudades, no vemos por qué no lo podemos lograr nosotros. Una minoría mayor o una mayoría relativa nos desgobierna. El desprecio al contribuyente es total, hasta en la expresión de que con una heladera de candidato igual se obtenía la victoria.

Los contribuyentes nos rebelamos contra esta situación. Vistas la nuevas normas en materia departamental, las autoridades de los partidos fundacionales instrumentaron crear un nuevo partido, para habilitar a que ciudadanos y vecinos de Montevideo, puedan comparecer en forma conjunta a la elección. Nadie deja de creer en su partido, de preferir sus dirigentes y de apoyar las maneras de comprender el mundo y el país. Ello corre por otro andarivel. Más o menos Estado, tales o cuales valores en la enseñanza, esta o aquella actitud ante la política exterior, la economía o la salud se laudan en las elecciones nacionales. Lo de un Montevideo limpio, agradable, vivible es lo que nos congrega. Somos vecinos que queremos vivir en una ciudad que nos trate bien, que nos depare una vida cotidiana digna de nuestra calidad de contribuyentes, en todos los barrios y zonas.

¿Es posible hacerlo también en otros departamentos? Por supuesto que sí. ¿Conviene o es oportuno? Creemos -en lo personal- que no… por ahora, aunque nos permitimos augurar que esta forma de juntar a los vecinos en lo municipal, se abrirá camino, más temprano que tarde.

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