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Manejo discrecional de dineros públicos

04/10/2013 Sin Comentarios

Jaime Mario Trobo

El Frente Amplio ha impuesto un mecanismo de asignación de recursos públicos, que desconoce las normas de buena administración y se contrapone al principio de especialidad por el que los organismos y entes públicos deben conducirse.

De este modo, la creatividad de los jerarcas, o sus afinidades, o caprichos, o las sugerencias especialmente dirigidas a los que manejan presupuestos importantes en entidades o empresas del estado, ponen en marcha proyectos que no han sido presupuestados, afectan recursos que deben tener otro fines, y que violan groseramente las normas que rigen la ejecución de recursos públicos y desconocen límites concebidos para la gestión legal y transparente.

El caprichoso impulso a la inversión del “ Antel Arena” violando normas por doquier, oculta el interés político de “sacar de los pelos” una pésima gestión en el Departamento de Montevideo, tanto en la conservación y mantenimiento de los bienes departamentales, como en la gestión de inversiones a realizarse. Se incendió el “Cilindro “por desidia en su cuidado y luego de anunciar como bombos y platillos que inversores privados realizarían una gran inversión para mitigar el daño, tuvo que aparecer Antel y echando mano a sus recursos que no tienen este fin, superar el trance construir un nuevo estadio.

Este no ha sido el primer caso, la lista es larga, ni tampoco será el último, continuará.

Hace pocos días que el Presidente del BPS anunció con bombos y platillos que destinaría cientos de miles de dólares de los recursos del ente bajo su responsabilidad, para comprar e instalar cámaras de seguridad en la vía pública, en una flagrante violación de los cometidos asignados y autorizados por ley al organismo mencionado. Dineros públicos, administrados por el BPS, destinados a fines totalmente ajenos a sus competencias. Y aunque el fin sea loable y resulte en la concreción de una contribución a aspectos de la seguridad pública, no corresponde que el Presidente del Organismo ni su directorio, como si fueran monarcas que pueden disponer como quieran de la hacienda pública que consideran como propia, destinen ni un peso a fines ajenos a sus cometidos.

No es la primera vez que esto ocurre. Hay una costumbre que los gobernantes frenteamplistas practican transfiriendo fondos públicos fuera de sus organismos para tareas ajenas a sus responsabilidades. Para ellos todo tiene justificación, porque los animan “buenas intenciones” y porque “ lo político está por encima de lo jurídico”. Así vamos.

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