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¿Habló el Pepe o habló el Papa?

26/09/2013 Sin Comentarios

Jorge Azar Gómez

El presidente Mujica, antes de su intervención en la Asamblea General de ONU paseó su personalidad por Manhattan, alardeando junto a sumisos funcionarios y prensa complaciente que su discurso sería exótico; que el mudo se pararía para escucharlo y que las delegaciones extranjeras abarrotarían la sala de la ONU para oír y ver, en vivo y en directo, al Presidente menos rico del mundo, no menos pobre.

Al entrar al auditorio, observamos la cara de asombro, indisimulado fastidio y decepción de Mujica al ver que la sala estaba prácticamente vacía; que las delegaciones lo habían condenado a decir su discurso en soledad, y que las autoridades máximas de la ONU y de la Asamblea General ya no estaban en sus lugares.

Mujica habló sin la presencia de los jefes de delegación (en asistencia apenas dos, Argentina y Bolivia), con la mayoría de los cinco sillones de cada representación de cada Estado miembro vacíos, y por el mundo visto que de los casi 200 estados miembros solo había en sala unas 15 delegaciones, en donde se destacaba y resaltaba la ausencia notable del Secretario General de las Naciones Unidas.

La reunión quedó bajo la conducción de un funcionario de tercera jerarquía de ONU, y vaya si se notó la pésima ubicación seleccionada a Mujica para su exposición. Jamás se puede poner a un presidente el primer día de la Asamblea, avanzada la tarde y en el puesto 13, ya que se sabe que a la hora de que le toque hablar es la hora de las recepciones ofrecidas por las delegaciones. (En un gobierno serio y responsable este soberano desliz le cuesta el cargo al Representante ante ONU y al Canciller).

Con el peso de la soledad, Mujica no tuvo problemas en hablar durante 46 minutos y 16 segundos. Nadie le advirtió que es un axioma que si alguno dispone de quince minutos para dirigirse a una concurrencia, no debe duplicar ni triplicar ese tiempo prefijado, dado que altera toda una programación.

Pero hagamos una breve reseña de su anestésico discurso, el cual no nos sorprendió, pues es más de lo que venimos escuchando en reiteración en su audición en M24, con la diferencia de la vulgaridad con que se expresa dentro de fronteras y la “fineza” del léxico que empleó en ONU al leer lo que le habían redactado.

Se advirtió que Mujica no lo había leído con detención con anterioridad, ya que se le notó nervioso y perdido en su lectura. Quien se lo redactó no tuvo en cuenta que había términos que Mujica no sabía pronunciar, y es así que a la 1:11 minutos de iniciado comete el primer furcio, cuando quiere repetir el punto común a todo escolar oriental de que nuestro territorio sea una “penillanura”, comienza hablando de “perillanura”.

Una cosa es no saber sobre el fondo de lo que se lee, y muy otra no saber la forma de leer mediante lo que se denomina “pre lectura”; es decir, que los ojos del lector vayan viendo tres o cuatro palabras delante de lo que su boca dice… y así no se “furcea” por lapsus actoral de lo no escrito en su expresión masivizada.

Al minuto y medio de su discurso, manifiesta que Uruguay “tuvo décadas púrpuras”; lo que en realidad debió haberse escrito, o acaso leído: DÉCADAS PÚRPURA o DÉCADAS PURPÚREAS.

Peor aún: resulta que según el lector, y sigue el desaguisado, nuestro país “tuvo décadas púrpuras de lanzas y caballos”. Cualquiera sabe que lo purpúreo del Uruguay pasa por la sangre derramada.

Andando los minutos, llegó a leer: “aprendiendo de nuestro dolor, mi historia personal, la de un muchacho, porque alguna vez fui un muchacho, que como otros quiso cambiar su época, el mundo, casi un sueño, el de una Sociedad Libertaria y sin Clases”. De lado que el señor Mujica Cordano olvida sus tiempos de juventud, en que a sus 23 años ya se le registraba cómo: “un viejo delincuente que desde hace tiempo se mantiene inactivo, …”

Ir a la ONU a hacer gala de personalísimo anecdotario, no valida que se diga unas cosas y otras se dejen en la cuneta.

Por esta razón no vale la pena seguir analizando la lectura que hizo Mujica de algo que un ladero sumiso y del riñón le redactó irresponsablemente, queriendo plagiar al Papa Francisco, en un documento que se quiso hacer pasar como una guía espiritual para mejorar un mundo que, Mujica, colaboró y colabora en destrozar.

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