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El pasado vivido, el futuro soñado

05/09/2013 Sin Comentarios

Luis Alberto Lacalle Herrera para Semanario Voces

La amable invitación de VOCES en su señalado aniversario nos invita a una tarea especialmente interesante. Nada menos que  opinar acerca del pasado inmediato de nuestra patria y lo que para ella añoramos en los días por venir.  No vacilamos en elegir, de ese tramo histórico, el que hemos vivido, no solamente porque esa experiencia nos ubica en la inmediatez de los sucesos sino porque creemos que esa época es la que más cambios profundos  ha traído a nuestra sociedad.

Tomemos aproximadamente medio siglo de nuestro pasado.  En ese lapso creemos que los acontecimientos a destacar son la alternancia de los partidos en el poder en 1958, el período de la lucha subversiva contra las instituciones, la dictadura cívico militar, las modalidades que tuvo el retorno democrático, el gobierno del partido nacional 1990-1995, la crisis del 2002y los dos gobiernos del Frente Amplio.

El cambio de 1958 puso fin a casi un siglo de gobiernos del Partido Colorado.  Este fenómeno único en el mundo determinó que los permanentes contendientes fueran ubicándose paulatinamente en posiciones fijas en el escenario.  Un Partido Colorado mimetizado con el poder, un Partido Nacional ajeno a éste y por ello más proclive a las divisiones internas.  A pesar de los cambios notorios estos ámbitos históricos ejercen aun cierta influencia en las actitudes y las conductas.  El poder al que llega el Partido Nacional en esa ocasión es muy débil institucionalmente, licuado por un Ejecutivo Colegiado símbolo de la máxima coparticipación política.  El nuevo gobierno encaró importantes reformas especialmente en el campo de la libertad económica y del ordenamiento administrativo pero el deterioro de la situación internacional y el inicio de la época revolucionaria del castrismo hicieron difícil la tarea.

En 1973 se inicia el período de embate contra el sistema democrático por parte de los seguidores de la línea cubana.  Personas que no fueron capaces de distinguir la diferente realidad de nuestro país respecto del resto de América, erguidos en una soberbia minoritaria no vacilaron en destruir la paz política y social de nuestro país.  El desprecio por las “libertades burguesas” y la afirmación de que “lo peor era lo mejor” cambiaron nuestra vida.  Ante ello la sociedad respondió con sus medios jurídicos y materiales que finalmente eliminaron esa amenaza en 1972.  Paralelamente a estos acontecimientos en esa década se producen importantes novedades La unificación sindical en la CNT centralizó y dio singular fuerza a ese factor de poder.  Es desde allí que se activaron los mecanismos políticos para crear el Frente Amplio, determinando  lazos que aún hoy vinculan a esas entidades.

Del lado de las FF.AA. comienza a gestarse otro movimiento, también soberbio y minoritario, que influenciado por el pensamiento del peruanismo militar consideró que podía manejarse mejor que el sistema democrático.  La tarea comenzada por los subversivos la completaron los motineros, los médicos se convirtieron en la enfermedad.  Se persiguió a los que tenían actuación política y a los Partidos, se clasificó a los ciudadanos en buenos o malos y se violentaron derechos políticos e individuales.  Hoy a cuarenta y a cincuenta años de esas dos violencias estamos aun pagando las cuentas de revancha y división que nos legaron sus agentes.

La Salida no fue prolija, quizá no podía serlo.  El compromiso del Club Naval unió a frentistas, colorados y militares excluyendo al Partido Nacional.  Luego de la elección del 84 la Nación, a través de sus representantes legítimos intentó dar respuesta a un pasado doloroso y complicado.  Tanto la ley de amnistía como la de caducidad como la de reintegro de funcionarios destituidos contuvieron  ingredientes de injusticia pero quienes las votamos procuramos mirar lo grande y no el detalle.  A medias quedó cerrada esa larga etapa de más de 20 años.

Anotamos al gobierno del PN de 1990 a 1995 como importante porque intentó romper moldes mentales, combatir el conservadurismo y elegir la eficacia por encima de los moldes ideológicos.  Los logros en este sentido son conocidos y aún rinden sus frutos.  Se propuso una agenda que es aun la que se sigue en grandes líneas.

La crisis del 2002 marca ese pasado al que nos referimos.  Al borde del abismo la acción del gobierno de Batlle con el apoyo del PN lograron salvar el default.  Todos los guarismos de medición social y económica tocaron fondo pero el país se recuperó.

Los gobiernos del Frente Amplio marcan el otro hito.  Con mayoría absoluta en el Parlamento y una economía mundial que nos favorece como nunca se desarrollan los años siguientes hasta hoy.  Aun esta por emitirse el juicio final de estos años frentistas pero puede afirmarse que los dominó el inmediatismo, tanto en lo bueno que fue la preocupación social como en lo malo que no se  aprovechó para ir hondo en las reformas necesarias.  Más gasto, más impuesto, más poder para los socios sindicales, es una buena síntesis. Ni el Estado ni la educación, ni la salud fueron reformadas ni la seguridad afirmada. Esto fue lo pasado, ¿Hacia dónde vamos?  Más allá del resultado electoral del 2014 es posible prever algunos aspectos del futuro.  Gane quien gane será el próximo un gobierno sin mayoría parlamentaria, por lo tanto las reformas impostergables estarán a cargo de un acuerdo o coalición.  Habrá que hincarle el diente al sistema jubilatorio deficitario; a las empresas del Estado que deben ser rentables y eficaces si quieren permanecer; al régimen tributario que agobia para sostener un presupuesto demasiado grande; a la educación en la que habrá que formar mejores profesores y dotar a los alumnos de valores y de destreza para enfrentar la vida , volver a un sistema de salud dual en su prestación pero igual en su calidad y a la seguridad que debe ser real en la vida cotidiana sin descartar ninguna medio jurídico ni material para lograrla.  Capítulo especial merecerá el separar los intereses políticos generales expresados por la democracia política y los corporativismos sindicales que tienen otro e importante lugar en la organización social.

Todos hemos estado en el poder y todos sabemos que no es fácil llevar a los hechos lo que se desea.  Una sustitución de las ideologías como sistema cerrado por ideas, pocas  pero esenciales, deberá ser la base de la acción gubernativa.  La democracia legítima en el origen deberá exhibir legitimidad en el ejercicio pero sobre todo brindar respuestas a los interrogantes populares.

Los valores permanentes de nuestra sociedad deben adecuarse a tiempos nuevos pero no resignarlos en pro del relativismo o de la desesperanza de lograr metas mejores.  Obras son amores, los gobiernos deben hacer y los pueblos apreciar las mejoras en su presente y las que edifican futuro.

Todo está en mirarnos –ciudadanos, partidos, sindicatos- por dentro y ser capaces de autocrítica.  Buscar y encontrar comunes denominadores nacionales como eje de varios períodos futuros de gobierno.  Ya probamos cambios de partido, subversión y dictadura.  ¿Nos atreveremos a una tarea común de grandeza?

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