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Es hora de comenzar

22/08/2013 Sin Comentarios

Editorial – Oscar Silveira

Los cambios son tantos y tan profundos que muchas veces intentamos no verlos y recurrimos a seguir con nuestras rutinas. Así como quien mueve con la escoba la basura de un lado para otro sabiendo, pero sin querer reconocer, que así nunca la basura desaparecerá.

Ese sentido de acción en la inacción nos puede dar tranquilidad pero el tiempo que vivimos requiere de saltos al vacío. En esa situación está el país y en especial su dirigencia política.

La ilusión que es posible desde la administración de lo público resolver los problemas privados, en el formato clásico de la edad moderna, murió. Necesitamos reconocerlo y comenzar a trabajar en un modelo totalmente nuevo.

No tenemos que tener respuesta cabal de como será, el primer paso es tomar conciencia. Es hora de reconocer la lánguida muerte de los caminos ya transitados. Necesitamos algo nuevo de verdad, sin ataduras ni preconceptos.

Con la caída del muro de Berlín no sólo se cayó el “comunismo“, como mayor intento de gobernar las incertidumbres y darle contención a las necesidades humanas, sino que se nos cayó el “Estado de Bienestar“. Más lento pero sin pausa, quizás por tener menos muertos en la conciencia, el capitalismo no pudo resolver un equilibrio solidario entre la fuerza del Mercado y la intervención del Estado y hoy requiere de una reinvención al no existir alternativa.

Uruguay como todos sabemos, gracias a la obra de Batlle y Ordóñez, intentó adelantarse a la época y utilizar las ventajas que le daba la coyuntura para crear un Estado que asumiera una fuerte presencia en la mayor parte de la sociedad. Quizás uno de los mayores intentos de lo que luego teorizaron como Estado de Bienestar o Estado Social. Un equilibrio entre el liberalismo clásico (en lo político) y el socialismo moderado (en lo económico).

La obra iniciada a comienzo del siglo pasado y la posterior profundización nos formó culturalmente y hoy nos mantiene atados en el tiempo. Sin la predisposición al riesgo, ni la filosofía del trabajo de otras sociedades, los uruguayos seguimos esperando de lo público la solución de los grandes problemas.

Lamentablemente, eso ya no es posible. Quienes intentaron transformar el país, al ver la caída del modelo en los noventas, lucharon contra una corriente cultural y una alianza de intereses que los estigmatizó y con ellos se enterró algunas soluciones parciales que nos hubieran ayudado a ver las cosas con mayor libertad. Todo igualmente sirve como experiencia.

La realidad impuesta por el capitalismo global dejó al individuo a su suerte. No hay mas perro que el chocolate, diría Herrera. Desde ese punto es necesario sincerarse y pensar la estructura estatal para poder compensar y crear un nuevo entramado social que genere una comunidad integrada. Pues no olvidemos, ese es siempre el objetivo.

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