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El presidente no actúa como Presidente. Es grave

09/08/2013 Sin Comentarios

Jaime Mario Trobo

El Presidente Mujica ha demostrado que su percepción de la magnitud de sus responsabilidades está gravemente afectada. Quizás por una concepción ideológica, quizás por falta de firmes convicciones democráticas, o quizás porque es incapaz de asumir la importancia de su magistratura, y en consecuencia funge de Presidente sin la convicción de serlo y asumir sus obligaciones.

No digo esto con ánimo de ofender, me duele tener que expresarlo porque se trata del primer ciudadano, pero es una percepción que se adecua a las señales que Mujica, el jefe de estado, aunque le moleste serlo o no lo enorgullezca, ofrece regularmente. Desde su sitio preminente en los primeros pasos de su gestión ofreció su liderazgo a un desafío generoso y ambicioso a la vez, en relación a los grandes desafíos de nuestra realidad, el primero, la educación. Y convocó a todos quisieron oírlo a compartir la responsabilidad.

No parece haber resultado su esfuerzo, si lo hubo, para encarar el gran desafío de una reforma que le ofrezca a los niños y jóvenes y al futuro del País una educación a la altura de un país que se respeta y afronta su futuro con seriedad y justicia. Quien debió liderar este enorme desafío no lo hizo, porque no pudo, porque no supo, o porque hablo de un tema importante sin la convicción que se necesitaba para conducirlo. Apareció sometido al chantaje de quienes lo apoyaron en la elección y víctima de las corporaciones que otrora azuzó.

Día tras día ha hecho gala de su informalidad, procacidad en algunos casos, y transgresión en otros, lo que le ha creado una imagen en ciertos círculos, que queda en eso, imagen, y que no se refleja en liderazgo necesario para conducir, no a su grupo, a su partido, ni siquiera a su coalición, al país, que es su rol, y su obligación, aunque no le guste o le fastidie.

El Presidente tiene una primer obligación, al pie de la letra de la Constitución, cumplir con la calidad de primer ciudadano sin intervenir en la política electoral. Es una obligación de prudencia y respeto, no participar del proceso político electoral, y es una obligación de su magistratura ocupar todo su tiempo a la conducción presidencial. Sin embargo, porque no entiende su rol, o porque no lo siente, su discurso e intervenciones día a día ingresan irresponsablemente en el proselitismo político electoral, y su sistemática ocurrencia fastidian y deben ser denunciadas.

El más reciente capítulo, y a saber por su tenor y la impunidad con la que fue practicado, no será más que en uno de un largo rosario, lamentablemente. Mujica hizo extensas declaraciones, en directo, en los canales de televisión, en horario central a propósito de la candidatura anunciada de Vázquez por el FA para las próximas elecciones. Hizo lo que no puede, y se extendió en lo que hizo. Se introdujo activamente en la política electoral, se congratuló de una candidatura y hasta especuló que carácter debía tener quien lo acompañara en la fórmula. Mujica transgredió una regla formal, la de la constitución que le impide tal comportamiento, y una moral, la que exige al Presidente respetar a todos los ciudadanos, a quienes son sus compañeros políticos y a quienes no lo son.

El Presidente Mujica debe urgentemente componer su posición, resolver dedicarse con espíritu republicano, no chabacano, el ejercicio de su magistratura, aunque le pese o no le guste. Es el Presidente; alguien que puede aparecer exótico o simpático cuando se aleja de la formalidad y el protocolo, pero que cuando va mas allá, a despreciar las formas jurídicas y garantías que debe ofrecer por igual a toda la ciudadanía, aparece como injusto e irresponsable.

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