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Correcto pero equivocado

09/08/2013 Sin Comentarios

Michael S. Castleton – Bridger

Circula por internet una carta de un ciudadano italiano, jubilado el señor de un organismo financiero internacional, explicando sus motivos, por dejar nuestro país y trasladarse a Panamá.

Me apuro en dejar constancia que no guardo animosidad alguna a este señor por sus dichos. Cada uno es libre de tomar las decisiones que más le convengan. Justamente por eso que uno es demócrata al fin y al cabo.

Lo defectos y problemas del Uruguay que manifiesta el jubilado de marras en su misiva son total y absolutamente de recibo. En buen romance, el hombre no falta a la verdad ni exagera en nada. Es más, tenemos algún conocido en común que habla maravillas de el y lo describe como una persona seria de confianza.

Lo que uno discrepa es el tono agorero de la nota del señor. Es más, enojan un poco todos los bien intencionados que re-envían la carta como corroborando y aceptando sus dichos pero en forma aséptica, como diciendo : ‘miren lo que pasa, miren lo que dice este señor de nuestro país, pero yo… argentino’. Como si nosotros mismos no fuéramos responsables del desquicio en que vivimos.

Como si la mayoría de los uruguayos educados que justamente, también en su mayoría,deben sus carreras, su formación y en buena medida su nivel de vida a nuestra patria estuvieran por encima y por afuera de lo que pasa en el país. Muchos de estos fueron compañeros de colegio, de estudios, del que escribe y que tanto me criticaron por ensuciarme en la arena política, que nunca consideré más que mi deber aunque me costara mucho más que lo razonable.

Es tan fácil criticar y no hacer nada. Es tanto más fácil marcar, resaltar errores pero no proponer nada.

Me acuerdo un día fui a ver al dueño de la representación de una marca de coches alemanes con quien tenía cierta relación de amistad. Me acuerdo también como este capaz amigo me criticara duramente por mi actuación política en términos de mi falta de necesidad de ocuparme de esas cosas y que cómo alguien de mi formación y posición se iba a ‘rebajar’ a esos menesteres.

Lo escuché con la atención que merecía y no atiné a decirle más que para mí, al menos, el servicio público es un deber y un privilegio.

Sigo pensando lo mismo. Entiendo a su vez a un extranjero que no tiene sus ancestros inmediatos enterrados en este país, ni educó a sus hijos en este país, ni conoce cada rincón de nuestro territorio como lo puedo conocer yo u otros muchos uruguayos, busque su mayor conveniencia en donde pasar los años de su retiro.

El tema sin embargo no pasa por ahí. El tema es percatarse de lo que está mal y tratar de hacer algo para cambiar esa realidad.

No alcanza sólo con marcar los errores y todo lo malo, que seguramente es mucho, en nuestro país. También hay que tratar de hacer algo para que esa realidad tan negativa cambie. Se lo debemos a nuestros hijos y a nuestros nietos.

La carta del señor Roncari, que así firma, me trae al recuerdo algunos despachos del embajador Kennedy desde Londres al principio de la segunda guerra mundial. Kennedy, ex contrabandista de licor y fundador de la dinastía política epónima aconsejaba a su gobierno que no apoyara a Gran Bretaña en su hora de necesidad y que los E.E.U.U. Arreglaran con los nazis alemanes.

Fue removido de su cargo. Quizá como empresario tuviera razón. Se olvidó sin embargo de gentes como Churchill, se olvidó del gran pueblo británico que nunca se dejó correr con el poncho de nadie. Se olvidó que un país es mucho más que solamente números , entradas y salidas.

Un país es su gente, su historia, la sangre de sus héroes, los Saravia, los Batlle, los Lavalleja , los Rivera y mismo el propio Artigas.

Un país no es una crisis, un desastre natural, ni aún la degradación de valores, la degradación de una sociedad como la que hoy vivimos.

Como tantos otros países a través de la historia Uruguay saldrá, los uruguayos saldremos de la coyuntura actual. Llevará más o llevará menos tiempo, sacrificio y quizás hasta sangre de orientales, pero saldremos.

Los nacionalistas no tenemos más que recordar al gran general Saravia que ofrendara su vida por la justicia electoral. Los Herreristas no podemos más que acordarnos del coraje, de la enorme valentía y patriotismo del gran Luis Alberto de Herrera que dejara las mieles de un cómodo destino diplomático para integrarse a las filas de la revolución, dispuesto a dar su vida si fuera necesario por este pequeño rincón del mundo.

Los de afuera tiene todo el derecho de criticar y marcar los defectos, bastantes y graves, de nuestra sociedad. Tienen derecho incluso de hacerlo como lo hizo el corresponsal motivo de estas líneas.

Los que no tenemos derecho a entregarnos, a no hacer nada, dejar que las aguas de la incompetencia y la degradación nos cubran. Somos los orientales, somos los que en el acierto o en el error elegimos dar la batalla de la vida en este bendito suelo. En esta tierra de gente buena, de buenos campos , de aire puro, de aguas cristalinas surcado en invierno por los fríos vientos del sur que soplan sin impedimento desde los hielos milenarios de la Antártida.

Los orientales nos hemos dejado desnortear. Nos hemos dejado embaucar por gente quizás no mala de ex profeso, pero sí mala por incapaces e ignorantes, mala por falta de discernimiento o directamente por tontos.

A no dudarlo, estamos mal, el retirado bancario que se fuera para Panamá no falta a la verdad.

Sin embargo saldremos adelante como ya lo hemos hecho tantas veces en nuestra historia y mal que les pese a los agoreros de siempre.

Lo que sí, no debemos olvidarnos los orientales bien pensantes es que tal cual lo dijera el gran pensador John Locke ‘sólo hace falta para que triunfe el mal que los buenos no hagan nada’.

En nuestro país hay muchos buenos todavía.

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