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Ni juez, ni gendarme, ¡niñero!

25/07/2013 Sin Comentarios

Michael S. Castleton- Bridger

El estado uruguayo hoy mal administrado por el Frente Amplio no cumple sus roles naturales.

Por cierto que su función de gendarme la desempeña espantosamente mal, sólo algún trasnochado pudiera sostener lo contrario. En estos días hasta el muy bien reputado Director Nacional de Policía el Insp. Guartetche ha hecho declaraciones contundentes en ese sentido. Por primera vez incluso manifestando claramente su disgusto con políticas del gobierno que de alguna manera él integra. Si lo dice este experimentado y capaz policía poco podemos agregar los de afuera.

El rol de juez empieza a hacer agua en el Uruguay del 2013. Uno no tiene más que ir a la prensa para ver caso tras caso de infortunadas actuaciones de los otrora tan prestigiosos magistrados de nuestro país.

Sin ir más lejos el procesamiento de quien fuera Secretario General de la comuna sanducera por el nefasto, por el infame y absolutamente inconstitucional artículo 162 de nuestro código penal habla a las claras de que faltó criterio por parte de la jueza actuante. Cuidado, nadie dice que lo de este hombre no fuera vergonzoso y quizás delictivo. Si esto segundo fuera cierto entonces se debiera haberlo procesado tipificando el delito que correspondiera y no con un invento fascista que sigue en el articulado de nuestro código penal por esos misterios de la deficiente gestión de nuestro estado. Hay muchas de estas. A medida que se tramiten causas y más causas pasando estos a los distintos niveles de apelación no cabe duda que los uruguayos veremos una asombrosa cantidad de sentencias primarias modificadas por los respectivos tribunales de apelaciones.

Sea como sea hoy parece que nuestro estado que tan mal hace todo lo demás y por si fuera poco, pretende erigirse como una especie de niñera o gobernanta de los uruguayos.

Primero fue el cigarro que honesto es decirlo aunque de dudosa legalidad anduvo. Ahora entre muchas otras cosas se les obliga a los motociclistas a circular con chalecos reflectivos entre otras medidas, cuando lo lógico, lo obvio sería obligarlos a circular con las luces encendidas, cosa que no se hace. Los ciclistas ahora deben circular con casco y algún otro elemento que se me escapa. Ya los comercios del ramo gastronómico no podrán poner más mayonesa ni sal en las mesas porque los uruguayos sufrimos de hipertensión. Los automovilistas obviamente debemos usar cinturón de seguridad aunque no queramos y en última instancia sea una decisión de cada uno.

El Ministerio de Salud pública empezará una campaña para bajar el número de suicidios que aparentemente es alto. Lo primero que viene a la cabeza es pensar que si hay un ejemplo de libertad personal es justamente disponer de nuestra propia vida. Pero, enfin, si el estado quiere intervenir que lo haga fomentando las condiciones necesarias para que el país progrese, sea menos gris y más amigable a todos. Ahí seguramente bajarían los suicidios. La forma de hacer esto es bien sencilla, que haya menos estado, no más.

La izquierda por definición cree en las virtudes del colectivo por encima de las del individuo a pesar de que la historia ha demostrado ‘ad nauseam’ que esto no es cierto.

Esa es la diferencia entre los liberales y la izquierda. Los liberales no queremos niñeras ni nada que se le parezca. Queremos un estado que cumpla cabalmente sus roles asignados proveyendo los servicios que para el ciudadano en forma individual le es muy caro o muy complicado proveerse. Queremos un estado que no se entrometa en nuestras vidas ni como niñera, ni como nodriza ni siquiera como hada madrina.

Sí queremos un estado que esté al lado de los que inevitablemente no pueden valerse por si mismos ni pueden competir en condiciones normales con el resto de sus conciudadanos. Poco más que eso, que bastante es.

Lo que no queremos es que nos digan lo que podemos comer, cómo nos debemos vestir y a poca distancia en el tiempo lo que podamos leer, creer o pensar.

La izquierda, a veces con las mejores intenciones, a veces no, pretende que todos somos iguales, de alguna manera propiedad del colectivo, y que por lo tanto el gobierno puede disponer de nosotros, de nuestros bienes y hasta de nuestra progenie.

Los liberales en cambio creemos en la capacidad intríseca de los humanos de saber gobernarse a si mismos , de saber elegir y de saber buscar nuestra felicidad sin intervención de nadie.

Esa es la libertad. Un estado niñero no hace más que coartarla aunque sea con las mejores intenciones.

Los orientales liberales y libertarios que somos amplia mayoría deberemos estar atentos.

La caída de la libertad hacia el despotismo es rápida y fácil si nadie dice nada, si nadie hace nada.

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