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La verdad sobre ciertos índices

25/07/2013 Sin Comentarios

Editorial, diario El País – 25.07.2013

Los datos que arroja el primer fascículo del Atlas sociodemográfico y de la desigualdad del Uruguay son importantes: la población con necesidades básicas insatisfechas (NBI) no bajó como debería, si tenemos en cuenta el período de bonanza económica del que se benefició el Frente Amplio en el poder.

Es sabido que la izquierda política e intelectual critica hasta el cansancio, a los “neoliberales” años noventa. Pero cuando se comparan las cifras de aquellos años con las actuales, no hay duda alguna: aquellos gobiernos fueron más eficientes que este.

En 1986, el 46,2% de la población se encontraba en situación de pobreza. Con el retorno de los gobiernos democráticos el nivel de pobreza disminuyó año a año, alcanzando en 1989 a casi 27% de la población, y en 1994 se llegó al 15%, nivel en el que se mantuvo con ligeras variaciones hasta que se produjo la depresión de 2002.

Con relación a la medición de las NBI, los resultados del censo de 1996 mostraron el 38.7% de la población total tenía alguna carencia crítica, esto es alrededor de 1.200.000 personas. Finalmente, la extendida izquierda intelectual militante que forma la hegemonía cultural nacional insiste con la “infantilización de la pobreza” extendida en los noventa, porque el total de población de 0 a 14 años con al menos una NBI en 1996 era de 47,5%. Cuando gana el Frente Amplio en 2004, la población por debajo de la línea de pobreza era de 34% del total; en 2011, fue el 13,7% del total. ¿Y qué muestra el censo de 2011? Que el 34% del total de la población tiene al menos una NBI, es decir, 1.068.000 personas – 4,7% por debajo del cálculo con la metodología utilizada en 1996 -. Y que entre el grupo de edad de 0 a 14 años el 44,3% del total presenta al menos una NBI.

En concreto: los procesos de “neoliberalismo salvaje” y “progresismo solidario” son similares. Es más: fue más fuerte la baja de la pobreza entre 1986 y 1994 que entre 2004 y 2011. Pero las cifras del censo de 2011 esconden algo más grave.

Como se recordará, se trató de un censo que se llevó adelante con muchas dificultades. Una de ellas tiene directa incidencia en “mejorar” las cifras de las NBI en pleno gobierno de izquierda: hubo 86.949 personas para las que no se dispone de información en las preguntas que permiten calcular las NBI. Y aquí viene la vergüenza estadística: ¿dónde viven esas personas? El 88% de ellas en Montevideo y en sus zonas con menor nivel socioeconómico, lo que representa la friolera de cerca del 6% del total de la población residente en hogares particulares de la capital.

Es decir, allí en donde más se precisa tener información porque es en donde se sabe que el nivel de pobreza es mayor, es donde no hay datos censales para calcular las NBI. Y se trata de más de 75.000 personas. Si se suma se ve que, presumiblemente, la cifra total de población del país con al menos una NBI, es de más de 1.150.000 personas en 2011.

La verdad sobre las NBI es que estamos prácticamente igual que en 1996 en cifras absolutas. Luego de 6 años de administraciones frenteamplistas, los resultados en el índice monetario de pobreza y en la población con NBI son similares a 1995- 1996.

Pero, en realidad, estamos peor, porque con estos años de crecimiento económico a partir de 2003 a un promedio de 4% anual, que es más del doble que lo que vivió el país en los años noventa, ¡los resultados de población con NBI en 2011 debieran de ser mucho mejores! La izquierda tuvo una bonanza formidable que permitía alcanzar mejores resultados siempre que la gestión fuera más eficiente. La única explicación para este estancamiento es pues, la ineptitud gobernante. Y nadie, de los múltiples intelectuales amigos del poder, lo dirá con todas las letras. Porque, ¿a quién van a culpar por estas cifras tan decepcionantes? ¿Al neoliberalismo? ¿A la crisis de 2002, cuando Vázquez como líder de la oposición pedía el default del país? Esa crisis llevó el máximo de pobreza al 34% de la población. El legado de la dictadura fue peor: en 1986, casi uno de cada dos uruguayos eran pobres.

¿Y qué dirán los intelectuales de izquierda ahora que se sabe que en 2011 el Uruguay sigue teniendo uno de cada dos niños con al menos una NBI, y que solo se bajó un 3% con relación a 1996? Nada. Aquí también, ante estas verdades de las NBI, guardarán cómplice silencio.

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